57 SEMINCI. Sección Oficial: ‘Liberal Arts’ (‘Amor y letras’): O cómo romper la ecuación de la comedia romántica cada vez que haga falta

Las críticas de Carlos Cuesta en la 57 Seminci: Liberal Arts (Amor y letras)

Liberal Arts no es algo que no hayamos visto antes, aunque si fuera un plato de comida podría decirse que estaba más rico y mejor presentado que otras veces en que habíamos pedido algo parecido. La película es una buena comedia romántica que sobre todo nos habla de madurar, de envejecer y de buscar el gozo de la vida donde se presente, no donde imaginábamos que estaría. Las etapas que para unos son horribles, para otros son las más gozosas y las fórmulas que unas personas emplean para ser felices son inútiles para las demás.
Jesse Fisher (Josh Radnor, Cómo conocí a vuestra madre) es un joven de 35 años que trabaja en Nueva York después de estudiar Literatura en Ohio. Zibby (Elizabeth Olsen) es una estudiante de Arte Dramático de 19, alumna del mismo campus que él frecuentó. Ambos se conocerán con motivo de un viaje de Fisher para asistir a la cena de jubilación de uno de sus mentores (Richard Jenkins). Ambos se sentirán instantáneamente atraídos y descubrirán que hay muchas cosas que comparten aunque él la dobla en edad. Pese al estrecho lazo sentimental que les acaba uniendo, él sentirá reparos a la hora de dar el paso definitivo hacia una relación física.

Liberal Arts es un relato repleto de humor fresco, inteligente incluso, empapado de un ambiente dulce, demasiado acaramelado, pero muy divertido. La película se desarrolla de una forma muy fluida y triunfa cuando plantea preguntas y respuestas a cuestiones trascendentes sobre lo que las personas esperan de la vida y acerca de la gente que se rinde y abandona el intento de ser feliz.
Lo más importante es que no se limita a contar una historia de amor. Hay una espectadora que dijo una frase tan acertada que se la voy a copiar: “resuelve escenas convencionales de forma nada convencional”. Ciertas situaciones más que típicas de la comedia romántica americana terminan con un resultado inesperado que marca la diferencia, que le aporta profundidad y permite explorar caminos y temas más interesantes que el de las relaciones amorosas.
El personaje de Richard Jenkins no sólo es un papel que está la altura del actor, es uno de los nexos que le permite a Jesse regresar a su pasado más feliz, y aparece cada vez en el momento adecuado para darle el relevo a la historia de amor con la suya paralela, la de un hombre que no sabe qué hacer ahora que se ha jubilado. Se trata de una persona que siempre se ha sentido joven y que ha podido sentirse así gracias al contacto con los estudiantes. Ahora que se ve obligado a abandonar la vida acostumbrada, teme ser tremendamente infeliz. Por contra Zibby es una joven que se siente especialmente madura y que encuentra en Jesse, ella misma lo reconoce, un atajo para alcanzar las situaciones que corresponden a la edad que ella siente que tiene. 

Otros personajes nos darán otros testimonios jóvenes y adultos de infelicidad extrema, uno porque no sabe qué esperar de la vida, otra (Allison Janney) porque la vida que ya ha vivido le parece una basura y está convencida de que no va a mejorar. La escena de seducción que comparten el protagonista y ella, su profesora favorita de la universidad, es especialmente divertida, de diálogos cargados de un desternillante humor negro.
Y está Jesse Fisher o Ted Mosby, apenas puedo distinguir este personaje del que aparece en la serie Cómo conocí a vuestra madre. El caso es que Josh Radnor ha diseñado una historia a su medida que dirige, escribe, protagoniza y produce. Todas las cosas las ha hecho bien, pero corre un serio riesgo de encasillarse del que ya se habrá dado cuenta. Con su segunda película me ha hecho reír, me ha hecho pensar un poco y también es de agradecer el homenaje a la buena literatura y a la buena música en los comienzos de la relación epistolar entre los dos jóvenes.

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