55 SEMINCI: Primera Jornada (VI). Antonio Banderas: “Todavía no he hecho la obra por la que me recordarán”

El cine y la televisión crea dioses. Personas a las que convierte en mitos y los pone a un altura y con unas expectativas inalcanzables. Luego cuando uno los tiene delante siente algo especial, la barrera se rompe y uno queda expuesto a la verdad o a la decepción, o simplemente no siente nada. Con Antonio Banderas no me ocurrió ninguna de esas cosas.
Antonio Banderas es una estrella, es un hombre con el carisma y el talento para estar donde está y, por supuesto, tuvo y tiene el valor para merecerlo. Debo confesar que no soy un fan suyo, y que muchas de sus películas me han decepcionado, otras no. Lo que nunca me ha hecho sospechar es su actitud. Yo no sé cómo es él, pero su saber estar y sus palabras siempre pertinentes le hacen estar a la altura del elogio.
Ayer recordó sus orígenes, porque Valladolid fue un antes y un después. Tras Seminci, tras su premio como mejor actor por La blanca paloma en la década de los ochenta, su último rodaje en España hasta ahora (con La piel que habito) le recuerda a nuestra ciudad. Luego llegó lo gordo, los EEUU.
“Antes cuando decías que ibas a Hollywood la gente se pensaba que te estabas riendo de ellos”, recuerda. Cuando él cruzó el charco, afirma, los hispanos en el cine siempre eran “los malos”, estaban “sentenciados” a ser gangsters y delincuentes. La España de los complejos era mucho más evidente y todo lo que sonara a extranjero era ya superior.

Después de La máscara del Zorro, de Asesinos, de El Guerrero número 13, Cónoceras al hombre de tus sueños, Entrevista con el Vampiro, Evita, Philadelphia o Pecado Original, Banderas es un tío de medio siglo que habla ahora de proyectos de millones de euros (pero que si tiene que escoger una de sus películas se queda con Átame). “Boabdill ser hará”. Habla de un proyecto de 50 millones de euros que tratará la Granada multicultural y de un personaje histórico de renombre. El proceso le está llevando por Qatar, Abu Dabi y supongo que por lugares que nunca reconocerá. “Existen posibilidades, pero no quiero traicionar la historia que quiero contar”. Así que pide tiempo.
Más difícil lo tiene Dalí, pero no pierde la esperanza. “Es una película que tiene mucho CDI, porque quiero que la historia viva en el universo de Dalí. No la tengo desechada, pero si hablas de una película de 35 millones en las que no hay de escenas de acción, los productores se asustan”.
Como director, su próximo película tratará la historia de un oficial traumatizado por la guerra. Será en inglés (pocos complejos pero admite que el inglés “es el idioma del cine”) pero con actores españoles, así que Banderas o está loco o en efecto es muy valiente. Se llamará Sólo, tendrá un presupuesto de 10 millones, lo producirán Green Moon y Vertice 360 y contará con guión de Erik Jendrensen.
De sus ganas de volver al teatro con Zorba también habló. Para Black Gold en la que estará a las órdenes de Jean-Jacques Annaud también tuvo referencias. Que le gustaría trabajar con Lars Von Trier, algo que además le da miedo, es algo que dejó caer, y que no se atrevería a adaptar una novela de Delibes también habló, pero la referencia a Almodóvar era algo inevitable.
De su personaje en La piel que habito tampoco dijo mucho porque no quiere broncas del manchego. Sí dijo que a la novela en la que se basa, Tarántula, de Thierry Jonquet, le ha dado la vuelta del todo. Para interpretar al psicópata de doble vida el malagueño está “conteniendo los caballos” para no hacer el personaje más extremo de la cuenta. “Es espeluznante la naturalidad con la que el personaje hace ciertas cosas que dan sentido a la película”.
De su relación con Pedro Almodóvar y del director con el resto del universo, también habló. “Pedro es un planeta con una gravedad enorme, al que hay que agarrarle el tono para no salir disparado. Su forma de narrar es muy personal, distinta a todoo. Tienes que entrar en su juego, que está distanciado de la realidad y es más que surrealista”, explica con vehemencia el actor. “Ha cambiado”, dice con profundidad, con unas palabras que tienen más significados de los que podremos llegar a comprender. “Quizá antes era más barroco y ahora es más minimalista, también en la dirección de los actores”.
De su forma de hablar se deduce que la balance del status se ha equilibrado entre ellos dos. Salvando las distancias y todo lo que Banderas le debe a Almodóvar, el malagueño ya no es el chiquillo en busca de una oportunidad con una mano delante y otra detrás. Almodóvar gravita  y nadie sabe hacia donde. Banderas, lo tiene claro, por más que nuestros futuros sean indescifrables. “No he hecho todavía la obra por la que me reconocerán”.

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