55 SEMINCI: Primera Jornada (IV). Piratas capitalistas, conquistadores, productores y activistas en un día para los regresos

La primera jornada de Seminci fue un día de regresos, de retornos de las personas y también de la memoria de siglos pasados. Fue Valladolid donde falleció Colón y donde tuvo lugar un intenso debate sobre si los indígenas americanos tenían, o no, un alma como el resto de los hombres blancos. Debate que de alguna forma sigue vivo en muchos trasfondos y de forma notable en la película que ayer abría la Semana de Cine de Valladolid y que suponía otro regreso, el de Icíar Bollaín al Festival, quince años después de Hola, ¿estás sola?

Una parte representativa del equipo acudió a la rueda de prensa en la que desgranaron impresiones acerca de la película, de su presentación oficial a las distribuidoras en Toronto, de si También la lluvia es o no una película activista y claro, de los productores cinematográficos, una faceta que en el trama cobra una importante trascendencia.

Ojalá hubiera acudido ayer con ellos Daniel o Atuey, el ahora actor Carlos Aduviri, una revelación de rostro auténtico y poderoso, director boliviano de cortometrajes que se atrevió a interpretar un papel clave y resuelto de forma satisfactoria.

Era el momento, ahora estaba preparada, confiesa Bollaín. Afrontar antes un guión de Paul Laverty, también presente, habría sido prematuro. La conjunción de ambos junto a un grupo de actores sobresalientes ha sido un éxito y la química entre directora y guionista evidente (ambos en total conexión en la colaboración para pulir el español de un Laverty que por más humildad que tenga, habla español mejor que muchos universitarios de aquí).

Tranquila y contenta por la reacción de la prensa ante la proyección de la película, el público refrendó ayer su beneplácito a una producción que habla no sólo del esfuerzo de los pueblos por lavar su historia, sino también de resistencia, de dignidad, y conecta con la realidad económica actual, tema ineludible de buena parte de los foros de discusión.
En efecto. Hay vacíos a la hora de explicar la historia en la biografía de las naciones, los imperios y los países. El Museo de Colón de la capital vallisoletana es un lugar que Laverty ha visitado, y en el que se pasa por alto de una forma sospechosa la esclavitud indígena. Algo más añade, “por qué hay una plaza de Colón y no una dedicada en Valladolid a Bartolomé de las Casas“. La solidez de los planteamientos del guionista se sustentan en un desarrollado sentido común y en una rigurosidad que le lleva a entender que tampoco sería justo interpretar la historia con la clave, la mentalidad y los criterios actuales.

¿Y qué habríamos hecho nosotros de estar presente ante los abusos de los conquistadores de América? La historia paralela que contempla la película nos ofrece la respuesta de personas que, siglos después, es testigo de otra forma de opresión en Sudamérica y se muestra incapaz de actuar en apoyo de los desvalidos, por más que se hayan mostrado sensibles al sufrimiento de personas similares siglos atrás.

Icíar Bollaín se pone en la piel del personaje del director de la película interpretado por Gael García Bernal y explica, más que justifica, su reacción. “Sebastián tiene una enorme sensibibilidad con lo ocurrido 500 años atrás, su compromiso con lo que quiere contar es real, le conmueve, pero no parece ver lo que ocurre ahora. Está sordo sobre lo que ocurre alrededor”. Mientras, algunos de los personajes que se habían mostrando muy activistas en lo teórico, se ven abocados al pánico cuando ven al ejército cargar contra los bolivianos que quieren impedir la privatización del agua en el año 2000. Paul Laverty habla de esa reacción. “Tener miedo es una experiencia muy fuerte. Es muy fácil hablar de lo que haríamos aquí o no”.
También hablaron de la acogida de la película en el circuito internacional de distribuidoras. Un pequeño grupo contempló la primera proyección en Toronto y todos los que la vieron la adquirieron. Juan Gordon, el productor, se muestra complacido. “Vamos a ir paso a paso”. No le duelen prendas al decir que el Festival de San Sebastián no la quiso proyectar. Seminci salé así beneficada.
Y de productores se habló. El papel de Luis Tosar en esta película es el de uno dispuesto a ahorrar cada euro posible. Para meterse en el papel tuvo la oportunidad de estar muy cerca de un departamento interesante. Costa, el personaje que interpreta es complejo y lleno de grises en su carácter y en su manera de obrar. Tosar defendió la tenacidad y el sacrificio de muchos productores españoles que nunca reciben ni recibirán un agradecimiento por sus úlceras de estómago. Pero, “hay piratas”, confiesa Icíar Bollaín, verdaderos piratas sin escrúpulos mucho peores de lo que uno se puede imaginar en el gremio de los productores.

Y llamamiento al fin de la locura a la hora de financiar las producciones. “Estoy viendo gente con un coraje increíble que avala sus películas con su propia casa. Eso es una barbaridad, hay que buscar una manera más lógica de financiar los proyectos. Nadie tendría que arriesgar su casa para hacer su trabajo”, añade Paul Laverty.

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