Sangre y cenizas (I). ‘Vampyr, la bruja vampiro’

Comienza el ciclo Sangre y Cenizas con la crítica de Vampyr, la bruja vampiro de Carl Theodor Dreyer. En esta cinta de 1932 basada en la novela En un cristal oscuro de J. Sheridan Le Fanu, un joven fantasioso, interesado en asuntos ocultistas y dado a la imaginación desbocada termina en uno de sus viajes nocturnos en una solitaria aldea llamada Courtempierre.

En la estancia en la que toma alojamiento ya percibirá lo extraño del lugar, y más aún, en plena noche recibirá la presencia de un preocupado hombre que le pide que no se deje matar y que le entrega un paquete que sólo deberá abrir cuando dicho hombre haya muerto. El curso de los acontecimientos llevará al joven Allan Grey, interpretado por Julian West, hasta el hogar de este intruso, y también a presenciar su muerte a manos de una presencia sobrenatural difícilmente descriptible.

Detrás de estos hechos aparece la extraña figura de una antigua vampira que desde años atrás, ya siendo humana, ha ejercido una malvada influencia en el pueblo, y que ahora parece doblegar la voluntad de una nueva familia de la zona para llevar su alma a las tinieblas.

Esta película viene abalada por la trayectoria de un cineasta con una carrera de más de medio siglo en el cine y más de veinte títulos dirigidos y otros tantos escritos, entre los que destacaría este relato vampírico y Ordet (1955). Considero que en muchos de sus títulos se evidencia la influencia derivada de la estricta educación religiosa de los padres protestantes que lo adoptaron. Así las maldiciones, la condenación y la suerte del alma son el hilo conductor de bastantes de sus filmaciones.

En Vampyr, observamos cómo el origen del vampirismo procede de la maldad de los propios seres humanos durante su vida terrena, que una vez muertos e irredentos son empujados por una posesión demoníaca a llevar el mal a su entorno y provocar la caída del mayor número de almas posible, usando sus poderes o cualquier otro tipo de medios para llevar a sus víctimas a la muerte o al suicidio.

Dentro de esta película quisiera empezar destacando aquellos elementos que no me han gustado demasiado. Entiendo que es la base de esta obra, pero el exceso de elementos oníricos e imaginarios me llevaron a veces al despiste, sin que resulten del todo entendibles algunos aspectos de la obra que pueden bien ser entendidos como sueños, bien como una manifestación más de lo sobrenatural, sin llegar muy bien a comprender si todo no fuera más que una ensoñación de la mente de Allan Grey.

Desde luego, la actuación extática, que no estática de Julian West, quizá sea una exigencia del guión pero hacen temer de él a un pusilánime durante buena parte de la historia, aunque en efecto parece que en ciertos momentos parece despertar y ser más resuelto cuando la ocasión lo merece. Desde luego las escenas deben ser interpretadas con la gramática visual de otra época, porque la extensión de los planos y el ritmo hay que tomárselos con calma, y en ocasiones se echa en falta un apoyo auditivo o de diálogo de cosas que se ven con dificultad. De todos modos, el final de la película adquiere un ritmo mucho más vivo.

No obstante, podemos ver un buen número de escenas trabajadas, sorprendentes e inquietantes incluso para la época presente. Una secuencia de planos nadir en los que nos sentimos dentro de un ataúd; una puerta que se abre junto a una cama en la que parecemos yacer nosotros mismos y de la que no sabemos qué horror va a aparecer; el vampiro que se cierne sobre su víctima, solitaria e indefensa, sumida bajo el poder de la criatura, que mira a sus descubridores con ojos de bestia animal y que huye de la luz al ser sorprendida. Si en un primer momento pensé que se echaba en falta una presencia mayor o más activa del vampiro, luego me percaté de que este mal, presentado así, hace de la presencia del vampiro algo más excepcional, y su influencia, una forma de posesión sutil y maléfica más allá de lo físico y presencial.

Obviamente, ni los efectos especiales, meritorios para la época, ni la calidad fílmica o narrativa pueden compararse no con las cintas actuales (que igual sí podrían aprender bastante de ésta) sino con las posibilidades actuales. A uno siempre le cabe la duda de qué habrían hecho directores como Dreyer con la tecnología actual.

Desde luego, en el año 1932 las referencias vampíricas eran mucho menores y seguramente en aquella época parecería ciertamente más original. No obstante, permite mantener vivo el espíritu del vampiro, experimentar con nuevas formas de tratar el mito. Plantear el vampirismo como una suerte de posesión demoníaca puede resultar manida ahora, pero desde luego entonces puedo suponer que Vampyr se percibiría como una visión de lo oculto mucho más original y sorprendente, debido a lo novedoso del cine entonces. Más aún, el hecho de que la película no sea muda y se haya incluido sonido con un doblaje posterior la hacen más llevadera en ciertos aspectos que otros títulos como puede ser Nosferatu, aunque claro está que Vampyr es diez años posterior.

Os recuerdo además lo que ya avanzábamos en una entrada anterior, que la edición especial coleccionista de esa película había sido calificada por la revista Cahiers du cinema en su edición española como la mejor edición en DVD de 2009.

El vampiro según… Vampyr (Spoiler).

*Origen. Su aparición está relacionada con la luna llena. Su origen es una posesión maligna derivada de sus actos durante la vida humana. Al parecer la mordedura transforma a sus víctimas, generando nuevos vampiros cuya existencia depende de la del vampiro original, y si ésta se extingue, las almas atrapadas por ella quedan libres.
*Motivación. La presencia que les posee les incita al mal, una motivación superior a la sed de sangre, que no deja de ser una necesidad.
*Poder. Están dotados de poderes sobrenaturales, no necesariamente una fuerza sobrehumana, pero sí un cierto poder de dominación sobre fuerzas fantasmales y sobre los espíritus de sus víctimas.
*Entorno. Presentan una regresión a espacios naturales, apartados, para poder actuar de una forma más libre y discreta.
*Influencia. Se rodean de sirvientes que actúen por el día o que pueden acercarse a sus víctimas sin levantar sospechas.
*Debilidades. La luz solar les daña. Atravesando su corazón se ancla su alma a la tierra y se acaba con su existencia.

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