Crítica de ‘Que baje Dios y lo vea’:… porque yo no pienso volver a verla

Las críticas de Pablo Cózar: Que baje Dios y lo vea

Cine y deporte rara vez se dan la mano. Incluso cuando lo hacen el resultado es un sonoro fracaso la mayoría de las veces. A lo largo de la historia esta fusión ha conseguido salir airosa en un puñado de ocasiones, casi siempre recurriendo a la epicidad. Lo cierto es que es complicado transmitir de manera cinematográfica las emociones que sienten los aficionados cuando ven un partido en directo, cuando están a los pies de la pista de atletismo jaleando corredores en una olimpiadas o el subidón que genera no saber si el último puñetazo dará la victoria al “underdog” en ese combate de boxeo. Todo se vuelve incluso más complicado cuando hablamos de fútbol, no digamos ya si además hay que añadir elementos de comedia. Es cierto que Gurindher Chadha con su Quiero ser como Beckham y Stephen Chow con su irreverente Shaolin Soccer consiguieron firmar a principios de siglo dos de las mejores comedias futbolísticas del séptimo arte. Sin salir al extranjero en España encontramos algún ejemplo notable como Días de fútbol, donde David Serrano llevaba al albero de las liguillas de barrio el sello de El otro lado de la cama. Por desgracia Que baje Dios y lo vea no juega en la liga de estos ejemplos, ni siquiera juega en regional preferente, no daría el tipo ni para una liguilla de geriátrico. Que baje Dios y lo vea es una de las peores comedias españolas de los últimos años, y no hay Dios que la salve.

Curro Velázquez, más conocido por faceta de guionista en películas como Fuga de cerebros o series como Los Serrano o Los hombres de Paco, además de la película que nos ocupa, debuta como director. Lo cierto es que, a nivel de dirección, la película es una auténtica catástrofe. El ritmo narrativo es caótico, las escenas de fútbol están al nivel de un padre vídeo aficionado grabando el torneo escolar de su hijo y la puesta en escena es pobre y carente de vida. Pero sin lugar a dudas el mayor problema a nivel de dirección es el montaje. No se puede editar una cinta futbolística, un deporte que requiere acción, haciendo fundidos a negro cada dos por tres, no se puede ir a negro para ahorrar un choque cuando pretendes hacer una gracieta sobre el mismo porque ese fundido desmonta por completo el efecto buscado.

Y ahora hablemos del guión del propio Velázquez y de Mauricio Romero (El Caso, Doctor Mateo). Con las referencias del primero no nos puede extrañar el resultado del manuscrito que usó para rodar, pero teniendo en cuenta que el segundo se encargó de los guiones de una serie de buena acogida por la crítica como El Caso, cabe preguntarse cómo alguien es capaz de firmar dos productos de calidad tan dispar. Y es que Que baje Dios y lo vea no hay por donde cogerla. La historia trata sobre como un fraile de la vieja escuela como el Padre Munilla tendrá que ir de la mano con el rebelde Padre Salvador para ganar un torneo de fútbol episcopal para salvar su monasterio. A partir de esta premisa sufrimos un desfile de tópicos, chistes copiados de twitter y segmentos que parecen sacados de una película de Juan Muñoz. Es preocupante que durante más de hora y media no se oyera ni una sola risa en la sala.

El reparto está salpicado de nombres conocidos en papeles poco memorables. En cabeza encontramos a un Karra Elejalde (Airbag, Ocho apellidos vascos) que hace lo que puede con un personaje tan poco agradecido como el que le ha tocado. Le sigue Alain Hernández (El rey tuerto, Palmeras en la nieve) quien representa la gran lacra interpretativa de parte de su generación: inexpresividad y desgana. Macarena García (La llamada, El Ministerio del Tiempo) juega con la desventaja de un personaje mal escrito y tópico hasta la extenuación y el otro mal padecido por gran parte de algunos actores, pues parece que hoy día no se puede vocalizar y actuar a la vez, y al final las películas en castellano tendrán que llevar subtítulos. Joel Bosqued (Perdona si te llamo amor) cierra el grupo protagonista demostrando que no tiene recorrido más allá de la comedia adolescente. En la misma línea decadente encontramos interpretaciones como las de Tito Valverde (El comisario), El Langui (El truco del manco) o el debut de Guillermo Furiase.

En definitiva, Que baje Dios y lo vea no es solo una pésima comedia deportiva, es un paso atrás en la comedia española. En un momento en el que el cine español se encuentra al alza y en el que dramas y comedias de calidad aparecen cada año en las salas del país es triste encontrarse con una producción tan pobre como la que nos ocupa. Ni siquiera llega a ser cine trasnochado, es simplemente un cúmulo de chistes sin gracia, mal contados y con un montaje para olvidar. Pero es que además, por si todo lo anterior no fuera suficiente, hay que sufrir las irritantes narraciones de Manolo Lama. A lo largo de 2018 seguro que volveremos a ver grandes comedias españolas, pero Que baje Dios y lo vea es empezar el año con un gol en propia puerta.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘Que baje Dios y lo vea’:… porque yo no pienso volver a verla

  • el 10 enero, 2018 a las 3:26 pm
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    Es verdad que no es una comedia brillante, pero si para pasar un buen rato, una tarde lluviosa de domingo. ¿Que haríamos entonces para saborear una buena comedia española si entre medias no aparece una película como ésta?

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