61 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Maravillosa familia de Tokio’: Tierna comedia familiar llevada al límite

Las críticas de David Pérez “Davicine” en la 61 SEMINCI:
Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa tsuraiyo)

 

Yôji Yamada nos acercó en 2013 el mundo de las familias japonesas con Una familia de Tokio, ganadora de la Espiga de Oro en la 52 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), y ahora regresa de nuevo con la que bien podría ser la parodia de su predecesora, Maravillosa familia de Tokio (Kazoku wa tsuraiyo), una película muy diferente en estilo a su anterior trabajo, alejándose del drama para hacernos reír con una comedia de enredos sobre el deterioro de la convivencia familiar.
 

Yôji Yamada se arriesgó mucho con Una familia de Tokio, pues no era una tarea sencilla realizar un remake del clásico de Yasujiro Ozu Cuentos de Tokio, una de las mejores películas de la historia desde su estreno en 1953, quedando finalmente en una imitación del original pero que estimulaba lo suficiente como para servir de homenaje a la vez que pudo deleitar a los desconocedores de la obra de Ozu. A quienes vieron con malos ojos que en Una familia de Tokio algunas de las interpretaciones rozaran la caricatura y sólo unos pocos parecían estar muy inspirados, como Kazuko Yoshiyuki y Yu Aoi, tendrán este mismo problema elevado al cubo con Maravillosa familia de Tokio, donde la totalidad de los personajes tienen su vis cómica, rozando lo absurdo, repitiendo con el mismo reparto principal, casi a modo de “díptico” de la familia japonesa.

En Maravillosa familia de Tokio, el día en que Tomiko cumple años, su marido, Shuzo, le pregunta qué regalo le gustaría. Ella le responde: ‘El divorcio’. Al enterarse de la noticia de la separación de la pareja, sus hijos se ven invadidos por el pánico. En medio del repentino tumulto que se ha adueñado de su existencia, los distintos miembros de la familia empiezan a hacer públicos sus respectivos agravios.
 
A diferencia de otros títulos del cineasta japonés, donde la delicadeza de los planos y la sutileza de los guiones atrapan al espectador que busca un cine de calidad sobrio y elegante, Maravillosa familia de Tokio es todo lo contrario. Estamos ante lo que podría definirse como un “anime” cómico en imagen real. El “anime” abarca multitud de géneros así como tramas de todos los tipos, pero siempre hay hueco para la familia y el sentido del deber, con muchas referencias a la cultura japonesa. Habitualmente tenemos personajes con personalidades llamativas, de comportamiento bipolar, pasando de la tranquilidad al histerismo en segundos, como aquí. En lo referente a los planos, habitualmente se emplean pocos movimientos de cámara, como sucede en la película, que en ocasiones parece que estamos viendo una “sitcom”. Maravillosa familia de Tokio, como en el “anime”, incluye bastantes situaciones en las que que los personajes tienen muy marcadas las pausas para provocar la risa, discuten con voces llevadas al extremo e incluso, y lo más llamativo, es que no acostumbramos a ver en imagen real que un gag o situación pintoresca se represente con la caída de algún personaje del fondo de la escena. Hasta se echa de menos algún goterón de sudor en la frente de los actores.

Podría tacharse a la película de machista, pero dada la línea argumental que sigue, y la forma de representarla, es una auténtica y divertida crítica de la sumisión de la mujer dentro del hogar japonés, algo que se transmite generación tras generación. Es difícil destacar un actor en una comedia coral llevada al extremo, pero cada uno de los actores consigue plasmar con credibilidad y buena definición sus personajes, desde el incrédulo y borrachín abuelo, la tranquila, dulce e indiferente abuela, la revolucionaria madre, el padre trabajador, el bufón del yerno y muchos más personajes que aportan diferentes tipos de comedia a la película.

La forma en que Maravillosa familia de Tokio está rodada es completamente diferente al estilo rígido de Ozu, pero la sensación general que nos transmite, sobre todo en el apartado del montaje, las ubicaciones y la idea de la familia tradicional, demuestra su devoción por el maestro del cine japonés, sin olvidarnos que Ozu también dirigió algunas comedias.

Joe Hisaishi, compositor japonés de fama internacional, responsable de más de 100 bandas sonoras y especialmente conocido por su trabajo con el director de películas de animación Hayao Miyazaki, ha compuesto una ambientación para Maravillosa familia de Tokio que pasa desapercibida, pero se emplea como recurso para incrementar las situaciones cómicas, casi de la misma forma en que se emplean las risas enlatadas, marcando los momentos en los que el cineasta ha querido dejar claro que se trata de un gag.

Maravillosa familia de Tokio es una película dulce y simple, orientada a preservar el sentimiento de familia, con buenas actuaciones, una peculiar banda sonora de Joe Hisaishi y algunas divertidas y entrañables escenas que nos harán sonreír, e incluso enternecernos, permitiendo que no se quede en un mero melodrama de televisión, con homenaje incluido al clásico japonés Cuentos de Tokio y uno de los más bellos finales para una comedia japonesa.

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