Crítica de ‘Peter y el dragón’: Oportunidad perdida

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Peter y el dragón

 

Disney sigue con su laboriosa tarea de actualizar a imagen real sus películas clásicas animadas (y no animadas) y llega a las pantallas una nueva entrega de este titánico empeño del que va consiguiendo, hasta la fecha, irregulares resultados. Hace tan solo unos meses escribí en esta misma página unas muy elogiosas líneas sobre la fantástica versión de El libro de la selva dirigida por Jon Favreau. También me pareció más que digna la versión de La Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015) y notable la vuelta de tuerca a La bella durmiente conseguida en Maléfica (Robert Stromberg, 2014). Hasta donde sé, está próxima a estrenarse una prometedora La bella y la bestia en marzo del año próximo y, en proyecto, una versión de La Sirenita.
 
La conveniencia o no de estos remakes es, como mínimo, discutible y supongo que las opiniones de cada uno están notablemente influidas por el recuerdo y la consideración que se tengan de las versiones originales. A mí, en principio, no me parece mal siempre que se hagan bien como fue el caso de El libro de la selva y las otras citadas. 
 
En esta ocasión, se ha acometido la actualización de una de las películas en las que más justificado podría estar realizar un remake porque se trata, sin duda, de una de las películas Disney más flojas y que peor han resistido el paso del tiempo. En 1977, Don Chaffey dirigió Pedro y el dragón Elliot, un musical al estilo de la época para el cual contó con la cantante australiana Helen Reddy (muy popular en su tiempo), Jim Dale, Red Buttons y Mickey Rooney. No sé cómo se vería con los ojos de 1977 la rudimentaria combinación de acción real de todos los personajes con un dragón de dibujos animados, pero vista en 2016 (y créanme, acabo de ver la película en DVD) resulta sonrojante. 
 
Con estas premisas nos llega Peter y el dragón, una versión remozada (tanto que no tiene nada que ver) de aquel Pedro y el dragón Elliot. Las diferencias entre ambas versiones son enormes, la primera y más llamativa es que no queda ni rastro del musical y se han eliminado todas las canciones que eran (con la excepción de la bonita “Candle on the water”) bastante mediocres en la versión original y directamente infumables en la versión doblada. El problema es que además de las canciones se han eliminado completamente todos los elementos cómicos que estaban presentes en la primera versión. No hay ni un ápice de humor en Peter y el dragón y eso, en una película destinada fundamentalmente a un público infantil, es una carencia que la lastra completamente. 
 
Pero la gran diferencia entre ambas películas estriba en que argumentalmente se ha contado la historia de una manera totalmente distinta hasta el extremo de que los únicos puntos en común entre ambas versiones son un niño que se hace amigo de un dragón, una mujer sin hijos que se encandila del niño (Helen Reddy en 1977 y la inexpresiva Bryce Dallas Howard en 2016) y un anciano que es el único ser humano que asegura haber visto al dragón (Mickey Rooney en 1977 y el gran Robert Redford en 2016). Hasta ahí. Con esos pocos elementos en común, David Lowery dirige un film visualmente impecable pero innecesariamente largo, argumentalmente aburrido y, lo que es mucho peor, mínimamente original. 
 
Los cuatro guionistas (mal asunto cuando hacen falta cuatro guionistas para un argumento tan sencillo) han cogido un poquito de aquí y un mucho de allá para completar un guion que en su núcleo central parece literalmente copiado de E.T. El Extraterrestre (Steven Spielberg, 1982). No voy a entrar en detalle en la comparación de ambas películas porque supondría escribir varios destripes (spoilers si se prefiere), pero cualquiera que vea la película podrá comprobar como el esquema argumental es el mismo: niño que conoce y se hace amigo de un sujeto extraño (extraterrestre o dragón), incredulidad inicial, adultos malos que quieren al sujeto extraño para enriquecerse con él, un par de adultos buenos que empatizan con el niño… No sigo. 
 
La dirección de David Lowery no tiene garra, la acción, tras un precioso prólogo con el aroma de los cuentos clásicos, tarda muchísimo en arrancar, la magia del prólogo se diluye en innecesarias secuencias entre el dragón y el niño que únicamente pueden obedecer al deseo de lucimiento visual con un dragón excepcionalmente creado y magistralmente animado. La resolución está muy bien filmada con varias secuencias impactantes y muy bien realizadas pero, como he dicho, poco originales. 
 
No ayudan una machacona banda sonora de un Howard Shore en horas bajas ni la falta de empatía de un reparto en el que se echa de menos más tiempo en pantalla de Robert Redford, el único gran actor presente en la película. El niño Oakes Fegley está muy bien dirigido y funciona correctamente sin resultar inolvidable, Wes Bentley se limita a cumplir en su arquetípico personaje y de Bryce Dallas Howard he visto ya las suficientes películas para opinar que es la actriz más sosa, fría y apática del Hollywood actual. El caso es que trabaja en producciones notables y tiene su público, así que será una aversión mía. 
 
Peter y el dragón es, en conclusión, un cuento convertido en un producto cinematográfico simplemente correcto que servirá para entretener con dignidad al público infantil pero dejará al espectador adulto con la sensación de que, al margen del virtuosismo visual que en los tiempos que corren se da por supuesto, se ha desaprovechado la oportunidad de hacer una película más divertida, más emocionante y especialmente, más original.

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