Crítica de ‘Papeles en el viento’: Amigos, fútbol y otras cosas importantes

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Papeles en el viento

Papeles en el viento es la quinta película del director argentino Juan Taratuto, que tras probar fortuna con el drama en La Reconstrucción (2013) vuelve al género con el que se dio a conocer con sus tres primeras películas No sos vos, soy yo (2004), ¿Quién dice que es fácil? (2007) y Un novio para mi mujer (2008); y lo hace con su actor fetiche, el gran Diego Peretti en uno de los papeles protagonistas junto a los también argentinos Pablo Echarri, Pablo Rago y el cantante Diego Torres que ocasionalmente trabaja como actor tanto en cine como televisión.

No sé como viven el fútbol los niños de ahora. Sé como lo vivíamos los niños de mi generación que es más o menos la misma de los protagonistas de la película. Pero ahora muchas veces los niños no pueden ir a los estadios, vivimos en unos tiempos en los que los horarios de los partidos los fijan las televisiones para que se puedan vender a las cadenas de todo el mundo y se vean en China o en Dubai. Lo de menos es que se jueguen a una hora razonable para que los aficionados del equipo, que viven en la misma ciudad puedan ir al estadio y llevar a sus hijos. Consecuencia, los estadios no se llenan salvo en grandes ocasiones, pero a los clubs les da igual, hace mucho tiempo que el dinero de la taquilla se convirtió en una fuente de ingresos despreciable. Los clubes (fundamentalmente los grandes) ganan mucho más dinero con los derechos televisivos, la venta de camisetas y los traspasos de jugadores que cambian de camiseta de un año para otro y con los que trafican como si fueran mercancía. Los equipos pequeños que sí necesitan los ingresos de las entradas (y el apoyo de sus aficionados más que nadie) sufren especialmente este gobierno del fútbol por parte de las televisiones que lo que ha conseguido es abrir más aún la enorme brecha entre los equipos poderosos y los humildes.

Corren malos tiempos para la lírica (y para la épica) de un fútbol que hace mucho que dejó de ser un deporte para convertirse en un lucrativo negocio alrededor del cual se forran directivos, agentes de futbolistas, y (algunos) jugadores para crear un espectáculo con el que se ganan la vida pseudo periodistas deportivos y tertulianos hablando (cuanto más acaloradamente mejor) de naderías.

En este ecosistema del fútbol moderno y en la añoranza de un fútbol que fue, se sitúa Papeles en el viento, una historia fundamentalmente de amistad entre tres hombres y el recuerdo de un cuarto. Fernando (Diego Peretti), Mauricio (Pablo Echarri) y El Ruso (Pablo Rago) tratan de reflotar la inversión que El Mono (Diego Torres) realizó, antes de fallecer, al comprar los derechos de una joven promesa del fútbol de nombre Pitilanga que ha terminado por resultar un petardo que juega en un equipo del tres al cuarto y no le marca un gol al arco iris.

El guion, escrito por el propio Juan Taratuto junto al autor de la novela sobre la que se basa Eduardo Sacheri (suya es también “La pregunta de sus ojos” que dio lugar a la maravillosa película El secreto de sus ojos de Juan José Campanella), plantea una historia contada de forma no lineal en varios tiempos que se alternan mediante flashback insertados a lo largo del metraje con desigual coherencia fílmica. El caso es que la narración va fluyendo con emotividad, comicidad y picaresca a través de unos diálogos preñados del característico humor argentino que provoca alguna que otra carcajada en un tono general de sonrisa para llegar a un final, resuelto de una forma un tanto atropellada, que nos devuelve al principio.

El propósito que mueve a estos tres amigos no es otro que conseguir el dinero que garantice el bienestar y el futuro de una niña, la hija de El Mono al cual su hermano Fernando prometió en su lecho de muerte cuidar y más importante aún, convertir en hincha del Independiente de Avellaneda, uno de los equipos de fútbol de más tradición en Argentina (donde no todo es Boca o River). Hay emotivas imágenes en el estadio en el que los papeles que muchos aficionados argentinos tiran al campo antes de que comience el partido, son mecidos por el viento creando un ambiente especial a los cánticos de una afición entregada a animar a su equipo con pasión.

Lo mejor de la película, al margen de su agradable tono general, es el trabajo actoral en el que, estando todos bien, destaca ese magnífico actor que es Diego Peretti y que de no existir Ricardo Darín, sería el mejor actor argentino actual (dejando a un lado a Federico Luppi al que simplemente no se puede comparar con nadie). Peretti es uno de esos actores capaces de resultar convincente en cualquier tipo de papel y aunque en ocasiones tiene cierta tendencia a un histrionismo desbocado (por ejemplo en algunos momentos de la reciente Sin hijos), en Papeles en el viento no hace un gesto de más y está sencillamente magnífico creando un personaje cargado de humanidad que basa su gracia precisamente en soltar unos diálogos divertidos sin ningún tipo de aspaviento. También están muy bien Echarri y Rago, y cabe destacar la breve aparición del tristemente desaparecido Daniel Rabinovich, uno de los componentes de los míticos Les Luthiers, que interpreta a un corrupto periodista deportivo al que incorpora algunos de sus habituales tics cómicos que engrandecieron al gran grupo humorístico argentino.

Divertida y emotiva película sobre la amistad (de hecho Juan Taratuto se la dedica a sus amigos) y el fútbol. El amor al fútbol de antes y la crítica a la turbiedad del fútbol de ahora que encumbra a Pitilangas de chichinabo para que se forren agentes deportivos, periodistas mercenarios, directivos corruptos y hasta algunos ambiciosos padres de jugadores.

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