Crítica de ‘Los odiosos ocho’: Un glorioso y sublime Tarantino sin límites

Las críticas de Óscar M.: Los odiosos ocho

Tarantino en su máximo esplendor, así es cómo se puede calificar a Los odiosos ocho. El director ha dejado de lado los innumerables planos, cortes y el montaje frenético para dar paso, como ya confirmó con Malditos bastardos y Django desencadenado, a un estilo más personal, tranquilo, reposado, pero continúa basándose en unos diálogos mordaces y en un desarrollo de personajes, con su correspondiente explicación de las personalidades individuales a medida que se va desarrollando una intensa trama dividida en cinco actos.
Siguiendo el estilo de sus anteriores películas, Tarantino continúa dividiendo la película en bloques (o capítulos), donde desarrolla a cada personaje por separado, aunque siempre englobados dentro del contexto de la película, lo cual enriquece la obra hasta un punto extremo.

En el aspecto dialéctico, continúa con unos personajes que adolecen de verborrea descontrolada, donde se suministra al espectador gran cantidad de información, mientras, como bien saben sus fieles seguidores, se va desgranando al personaje principal del capítulo poco a poco, manteniendo el interés del público de una manera magistral, mientras avanza la trama.
El director (y también guionista) no escatima, como no lo ha hecho antes, en incluir un vocabulario soez, insultos racistas o grandes cantidades de sangre, siempre hay tanto como uno quiere o espera. Sobre todo de lo último, ya que, como viene siendo habitual, y desde el mismo principio, el espectador sabe que esto va a acabar en un baño de sangre. Un detalle que la vincula directamente con su primera película, Reservoir dogs, donde nadie es lo que parece, hay alianzas y mentiras que desconocemos. Un auténtico placer para sus seguidores.
Como también viene siendo habitual, el guión se reserva un capítulo para contar la parte de la historia que no se nos ha facilitado al principio una vez avanzada la trama, y deleita al espectador con un giro final y una explicación perfectamente coherente y que no desentona con el resto de la historia posterior que ya hemos visto.
En el aspecto de las interpretaciones, Jennifer Jason Leight está inmensa, desde su presentación como una bandida con un ojo morado hasta el apoteósico final de la trama (que nunca hay que desvelar). Samuel L. Jackson, es otro de los pilares sobre los que la película se sustenta, pero el que puede sorprender al público es Walton Goggins (quien repite con Tarantino después de Django desencadenado), con un personaje que, quizá, es el que más evoluciona en toda la película. El resto del reparto está más que correcto, gracias a la excelente dirección de actores de la que puede presumir Tarantino.
El marco temporal donde se engloba la historia está perfectamente explicado para el espectador no americano con la tensión existente entre los personajes de Samuel L. Jackson y Bruce Dern, descontentos con el resultado de la Guerra Civil y atrapados en una cabaña perdida de Wyoming en mitad de una tormenta de nieve, y cómo están obligados a apartar sus diferencias para convivir durante la tormenta.
La excelente música de Ennio Morriconne, que llega a usar partes de la composición de El exorcista, transmite una excelente sensación de terror y angustia en el público (no es de extrañar que Tarantino diga que quiere hacer una película de terror), manteniendo la tensión durante los largos planos iniciales. Los temas musicales (uno de los platos fuertes del director) son, en esta ocasión, menos conocidos de lo habitual (como sólo el director sabe encontrar) elegidos cuidadosamente e introducidos en la historia con mucho cuidado y en el momento perfecto.
El glorioso 70 mm en el que se ha rodado Los odiosos ocho está aprovechado al 100% (no se rodaba en este formato desde 1966) y las tres horas que dura son de una calidad inmejorable y un mantenimiento del ritmo envidiable. Nunca antes había visto a alguien aprovechar tanto una pantalla de cine como hace Tarantino con esta película, quien a pesar de tener más espacio, llena la pantalla con unos planos inmejorables y unos encuadres perfectos donde intenta incluir a todos los actores que puede.
Quentin Tarantino se consolida como un gran director, continuando su peculiar versión de la historia de los Estados Unidos, como ya hizo con Django desencadenado y (a pesar de no haber visto la versión con obertura, descanso y epílogo), y ofrece una maravillosa Los odiosos ocho para deleite y disfrute de su público.

También te puede interesar

5 comentarios sobre “Crítica de ‘Los odiosos ocho’: Un glorioso y sublime Tarantino sin límites

  • el 14 enero, 2016 a las 4:33 pm
    Permalink

    Sinceramente: larga,pedante, aburrida en la mayor parte y excesiva en todos los sentidos.
    Como viene a ser habitual en tarántino, una exposición laaaaarga para acabar en un cómico baňo de sangre(previsible) hay buenos momentos… No sé engañen, pero para mi,no salvan la.peli

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *