Crítica de ‘La quinta ola’: Invasión extraterrestre para adolescentes con déficit de atención

Las críticas de Óscar M.: La quinta ola
Cuando un espectador cree que ha visto degenerarse el género de la ciencia ficción y degradarse las adaptaciones cinematográficas sobre futuros apocalípticos tras Los juegos del hambre, Divergente o El corredor del laberinto (de mejor a peor), llega a las carteleras La quinta ola, donde, en esta ocasión, se explica a los adolescentes de medio planeta qué es una invasión alienígena sin obstaculizar que estén pendientes del móvil.
Uno de los mayores problemas de La quinta ola (y tiene muchos) es que todo lo que nos enseña ya lo hemos visto y la perspectiva de que esté protagonizada por una adolescente no la hace mejor (y mucho menos si esa “adolescente” es Chloë Grace-Moretz, quien debido a su complexión ftasísica se puede pasar una década más interpretando a jovencitas, conocida por su escaso registro interpretativo).

Obviando el trabajo de Grace-Moretz (y su constante pose de “Lolita en apuros”, superexplotada con anterioridad al remake de Carrie y que en los estudios no parecen haberse dado cuenta), el resto del reparto tampoco hace un trabajo que haya que destacar, el único intérprete reconocible para el gran público será Liev Schreiber, quien más que demostrar su talento se pierde entre escenas monótonas y tópicas.
El grueso de este desastre se lo lleva el guión (basado en la primera novela -de tres- de Rick Yancey y con tres guionistas detrás -entre ellos Akiva Goldsman, al que poco se culpa de desastres como Batman & Robin, Perdidos en el espacio o Insurgente, algo que hace incomprensible cómo tal desastre ha pasado el filtro de producción), el cual, decidido a contentar a todo tipo de público, acumula géneros a medida que avanza el metraje y se entretiene en escenas estúpidas y sin sentido que no benefician al producto.
De ahí la afirmación de que el joven espectador pueda estar enviándose mensajes con sus amigos o comentando la película en las redes sociales, todo es tan incongruente que es la única forma de no aburrirse ante un guión tan patético. Por citar algunos de los integrantes del libreto, hay reforzamiento del concepto de familia, historia de superación personal, deserciones, un triángulo amoroso, la valoración de la amistad y, hasta se permite el lujo, hablar de filosofía y humanidad.
Supuestas escenas dramáticas como el giro dramático de los acontecimientos, la revelación traumática para el público (en el tercer acto) o la correspondiente escena de sexo, son tan previsibles que pillan al espectador aburrido e inmerso en el sopor, y, más que sorprender, provocan la carcajada generalizada y descontrolada (la escena del protagonista masculino bañándose en el lago desnudo y Chloë “quedándose a mirar” y luego disimulando rozan el patetismo). Así como que las protagonistas tengan el maquillaje y la manicura perfecta, o se dediquen a jugar a las cartas y a las luchas de poder, a pesar de las apocalípticas circunstancias en las que se encuentran.
La quinta ola parece empezar bien, tras una breve introducción y un flashback que casi ocupa todo el primer acto (y que, a posteriori, resulta ser lo mejor de la película), pero cuando la trama deriva al aspecto militar, el guión se deshincha como un bizcocho que se saca demasiado pronto del horno y deja un alimento insatisfactorio y poco aprovechable. Sólo queda reírse (por no llorar).
Hubieran sido necesarias un par de reescrituras más para hacer justicia a los efectos especiales y a las escenas de destrucción masiva iniciales, pero esa voz en off, los flashbacks explicativos del final o los cambios de bando no hacen más que desear que la película acabe pronto (y casi son dos horas) y no se adapten el resto de secuelas.

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