Crítica de ‘Felices 140’: Money, money, money…

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Felices 140

Dejar el trabajo con un corte de mangas al jefe. Viajar a países exóticos. Terminar de pagar la hipoteca o, mejor aún, comprar una casa más grande. Cambiar de coche. Comenzar a vestir ropa de etiqueta. Ir a comer a los restaurantes más caros sin mirar la columna de la derecha del menú. ¿Todo eso da la felicidad? Pues como dice Alex O´Dogherty en una de las entrevistas que se incluyen en el bluray de Felices 140: “no, el dinero no da la felicidad, pero se las apaña muy bien para que lo parezca, y si me das a elegir entre tener mucho dinero o no tenerlo, prefiero tenerlo”. 

¿Quién no ha pensado alguna vez qué haría si le tocara un premio desorbitado en la primitiva, euromillones, quinielas, cupones o demás juegos de azar? Todos hemos fantaseado alguna vez con los cambios que imprimiríamos a nuestra vida y, a riesgo de parecer cínicos, además de las ambiciones materiales que encabezaban el primer párrafo, también hemos pensado en las personas de las que nos acordaríamos: ese familiar enfermo que no puede pagar a alguien que le ayude o ese amigo en paro que lleva un par de años juntando la calderilla todas las noches. 
Y claro está, como lo uno lleva a lo otro, también pensaríamos en toda la gente que repentinamente se acordaría de nuestra existencia: ese primo que siempre ha ignorado nuestra vida o aquel amigo que hace mucho decidió que no le interesaba mantenernos en su círculo social aparecerían en nuestras vidas para recordarnos tiempos pasados en los que éramos (al menos en su imaginación) como uña y carne.
Felices 140 es ante todo una fábula moral. Gracia Querejeta se sirve de un punto de partida argumental relativamente sencillo para escribir (junto a Antonio Mercero) un guion cinematográfico que arranca con gran fuerza narrativa y al que ambos escritores imprimen dos notables giros argumentales que sirven para dividir la película en tres tramos. Del primer giro argumental puede hablarse sin reservas pues va implícito en el propio título de la película, el segundo no debe ser contado bajo ningún concepto pues es absolutamente inesperado y abre una brecha narrativa que en mi opinión hace que la película se deshinche un poco al perder verosimilitud y dejar demasiado al descubierto algunos de los planteamientos éticos y morales que Gracia Querejeta quiere (y logra) plantear en su película. 
Este “pero” no debe suponer ningún desdoro para un largometraje intenso, inteligente, entretenido y muy bien dirigido por Gracia Querejeta que sabe cómo contar una historia a partir de tres ingredientes fundamentales que se han convertido en seña de identidad de su cine, y que domina con talento y oficio: la traslación del guion a lenguaje cinematográfico, una depurada puesta en escena y una excepcional dirección de actores. 
Y precisamente en los actores radica uno de los mayores atractivos del film. Maribel Verdú (acaso la única que pueda considerarse con cierto protagonismo en una película con clara vocación coral) está magnífica como (casi) siempre, ella es Elia, una mujer inteligente, atractiva e independiente que al cumplir cuarenta años decide invitar a un reducido grupo de amigos y familiares a pasar un fin de semana en una ostentosa casa rural. Una vez allí, les hará saber que ha ganado ciento cuarenta millones de euros en el Euromillón (primer giro argumental) y que por eso les ha convocado. La inicial alegría de todos seguida de cierta estupefacción hará que se dinamite el “plácido” ambiente entre un grupo de personajes que han sido muy inteligentemente presentados por Gracia Querejeta en una especie de introducción previa a ese primer giro argumental. 
Alrededor de Maribel Verdú gravita el resto de personajes, muy bien escritos en el guion y muy bien interpretados por Marian Álvarez, Nora Navas, Eduard Fernández, Antonio de la Torre, Paula Cancio, Alex O´Dogherty, Ginés García Millán y el joven Marcos Ruiz. A pesar de que todos tienen sus momentos (insisto en el carácter coral del film), destacan Marián Álvarez y Nora Navas (ambas han sido nominadas al Goya a mejor actriz de reparto) y un Eduard Fernández que construye el personaje más complejo y lleno de matices de la película y en el que los dilemas éticos se apoyan con más fuerza. 
Las comparaciones con otras películas de “congregación” de amigos serán inevitables, pero hay más diferencias que similitudes con Reencuentro (Lawrence Kasdan, 1983) o Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992). En Felices 140, Gracia Querejeta ha puesto más énfasis en desnudar los vínculos afectivos entre los diferentes personajes y en cómo éstos se desvirtúan en función de un detonante (el dinero) que en hacer una reivindicación del pasado como un tiempo necesariamente mejor o elaborar una oda nostálgica a las oportunidades perdidas.

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