Crítica de ‘Lejos de los hombres’: Filosofía y western

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Lejos de los hombres

Uno va resignándose lentamente a que las películas de las que oye hablar o lee en las crónicas y críticas de los grandes festivales se estrenen con mucho retraso en las salas de cine de nuestro país, y eso, cuando se estrenan, claro. Cuando todavía está reciente el Festival de Venecia de 2015, se estrena en España Lejos de los hombres, segunda película del director francés David Oelhoffen que compitió en dicho festival en la edición del año pasado.


En Lejos de los hombres, Oelhoffen adapta un cuento de Albert Camus titulado “El invitado” (o “El huésped”) perteneciente a la serie de relatos cortos titulada “El exilio y el reino”. Lejos de los hombres es la historia de Daru (Viggo Mortensen), un oficial del ejército francés en la reserva,que tras haber combatido en la Segunda Guerra Mundial se retira a una pequeña aldea de Argelia para ejercer como maestro infantil. Su escuela (y vivienda) en lo alto de una colina, está lo suficientemente apartada de la aldea como para que Daru pueda vivir, el tiempo que no tiene allí a los niños, en completa soledad “alejado de los hombres”. 

Su condición de militar le llevará a recibir el encargo de albergar a un prisionero argelino rebelde al que deberá entregar a las autoridades de un pueblo próximo para que sea juzgado. A partir de aquí se desata la trama de un film sólido situado en 1954, en los albores de la Guerra de la Independencia de Argelia que se prolongó hasta 1962. 

Camus en su obra, y Oelhoffen en su guion, abordan la paradoja de cómo ejércitos que lucharon como aliados en el mismo frente durante la Segunda Guerra Mundial son ahora enemigos; pero lejos de componer un relato bélico, se centran en la aparente obviedad de que los ejércitos están formados por seres humanos, y los vínculos afectivos establecidos entre hombres que luchan juntos no pueden desvanecerse de la noche a la mañana porque sus países (independientemente de los motivos) hayan decidido enfrentarse. Es decir, Lejos de los hombres no es una película sobre la Guerra de Argelia aunque ésta sirva de trasfondo, no hay un relato histórico sobre las razones por las que Argelia llegado 1954 decidió rebelarse contra la colonización francesa que se prolongaba desde 1830. Lejos de los hombres supone más bien un canto a la fraternidad humana, una apelación a una ética perdida que a los ojos de Daru debe mantenerse incluso en la guerra. 

Daru y su prisionero Mohammed (Reda Kateb), obligados a enfrentarse, vivirán una hermosa historia de lucha por la supervivencia y por la libertad en la que se contraponen diferentes modos de afrontar el peligro, la muerte o la necesidad de matar para sobrevivir. La oración frente a la blasfemia, la resignación frente a la obstinación por vivir, el miedo al futuro frente al dolor por un pasado desgarrador. 

David Oelhoffen demuestra con claridad que sabe contar una historia, Lejos de los hombres tiene apariencia de western, su ambientación en el desierto argelino es más que propicia, pero es que además, funciona argumentalmente como un western con una estructura narrativa clásica en la que no falta ningún elemento. Oelhoffen ejerce una dirección en la que consigue que la filosofía presente en la obra de Camus fluya a través de la narración sin resultar atosigante al espectador que sólo desea ver una película y al mismo tiempo ofrece un vehículo de pensamiento para aquel que quiera reflexionar acerca del absurdo de la guerra, del sentido de la existencia y de la necesidad de un sostén ético a cada decisión vital.

Viggo Mortensen incrementa su leyenda con un personaje, que a pesar de ser un militar, se sitúa en las antípodas del héroe de acción o el personaje fantástico con el que alcanzó la fama, su Daru es ante todo un derroche de humanidad y sensibilidad. Además de su enorme talento interpretativo, su dominio de los idiomas (no sé cuántos habla este hombre), le permite trabajar en casi cualquier país del mundo. Aquí, habla un perfecto francés con breves intervenciones en árabe y en español durante una breve aparición de Ángela Molina. En cuanto a Mohammed, es interpretado también con gran brillantez por el francés Reda Kateb, galardonado este mismo año con el César al mejor actor de reparto por su papel en Hipócrates

Lejos de los hombres es un nuevo ejemplo de nuestro país vecino sobre cómo hacer una película sobre una guerra (que seguramente a los franceses les resulte casi tan dolorosa como a los españoles nuestra guerra civil) sin ejercer ningún dogmatismo moral ni situarse en ninguna atalaya de superioridad ética, más bien al contrario, ejerciendo una inteligente autocrítica. Hace cinco años, otra película, Fuera de la ley (Hors la loi, Rachid Bouchareb, 2010) se ocupó de la actuación del ejército francés durante la Guerra de Argelia desatando una enorme polémica a su paso por el Festival de Cannes, pero como ni los distribuidores ni los editores de DVD/Blu-ray han tenido a bien ocuparse de ella, sigue inédita en España a pesar de haber sido nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Como decía al principio: resignación.

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