60 SEMINCI. Sección Oficial. Crítica de ‘Aurora’: Un drama que no llega a nuestro corazón

Las críticas de David Pérez “Davicine” en a 60 SEMINCI:
Aurora

Sofía es profesora, vive con su marido en la ciudad costera de Ventanas y la atormenta no poder tener hijos. Justo cuando están a punto de iniciar los trámites para adoptar a una menor, lee en la prensa que una recién nacida ha sido encontrada muerta en un basurero. Sofía se obsesionará con el destino de la criatura, que legalmente no tiene derecho a un nombre ni a ser enterrada. Decidida a cambiar esta situación, iniciará una extenuante batalla legal para poder darle sepultura, lo que acarreará profundas consecuencias para su vida y para el destino de su localidad. Su cruzada se convertirá en un íntimo viaje de transformación personal.

Rodrigo Sepúlveda dirige Aurora, basada en una historia real, con una premisa más extraña que muchas ficciones, en la que todo el peso de la misma recae sobre su protagonista, Amparo Noguera, quien se debe meter en la piel de una versión alternativa de madre coraje, aunque no es madre, pero si tiene mucho coraje para plantar cara a la sociedad, a los impedimentos y la incomprensión que la rodean cuando tan sólo quiere poder hacer que una pequeña descanse en paz.
Lo más reseñable de la cinta es esa lucha encomiable de Sofia, quien deja patente su tenacidad para conseguir algo que realmente desea, más allá del bienestar propio, y da que pensar a la sociedad actual sobre el comportamiento distante que tiene con los seres que no conoce. Pero un gran trabajo de uno de los protagonistas no hace que una película pueda mantener nuestro interés durante todo su metraje, ni siquiera aunque la acompañen en el reparto otros nombres como Luis Gnecco, Francisco Perez-Bannen y Mariana Loyola -con menos protagonismo y relevancia-, y eso se nota según pasan los minutos, pues no estamos ante una gran película, ni siquiera ante una gran película chilena, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez más títulos provenientes de Chile están siendo galardonados en festivales, sino que estamos ante lo que bien podría ser un telefilm de sábado por la tarde en cualquier televisión.
Aurora nos traslada a una ciudad costera al norte de Chile, donde poco se deja ver el Sol y la lluvia empapa las calles, evitando que la alegría pueda manifestarse de cualquier otra forma, y eso es obra del trabajo de fotografía de Enrique Stindt, el cual hay que reseñar, sobre todo en algunos planos donde las fábricas inundan de humo el cielo con sus grandes chimeneas, como una metáfora de la capacidad del ser humano para contaminar lo que es puro.
La banda sonora de Carlos Cabezas se siente inconstante, mezclando ritmos clásicos con electrónicos, e intentando incrementar el clímax con sonidos más potentes hacia la secuencia final, que hace que nos salgamos de la situación en sí por lo molesto y discordante de este cambio de estilo, lo que sorprende conociendo el trabajo de este compositor, de cuya imaginación han salido las bandas sonoras de No, o más recientemente El Club.
La premisa auguraba algo peculiar, algo intenso, pero no cuaja, el drama pierde fuelle según avanza la historia, y no logra que nos invada en la tristeza que ahoga el corazón de Sofía, no llegando a explotar el drama que de por sí podría haber llegado a ser, sin explorar los sentimientos del resto de personajes, y donde ni siquiera parecen mostrar impacto en pantalla los problemas que encuentra hacia su objetivo.
Aurora no sólo es un cuento pausado de la persistente cruzada de una mujer contra el olvido, sino también contra la indiferencia estatal, representando a la perfección los asuntos políticos del turbulento pasado de Chile en el siglo XX, cuando miles fueron dados como “desaparecidos” por una dictadura militar, pero se echa en falta un poco más de ambición a la hora de haber retratado un tema que daba para más.

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