Crítica de ‘Les Combattants’: Prohibido someterse

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
Les Combattants

Poco a poco van llegando a las pantallas de cine españolas las películas francesas más importantes de 2014; si hace unas semanas se estrenaba la notable Viaje a Sils María, esta semana llega Les Combattants, la ópera prima del joven director francés Thomas Cailley que obtuvo el premio de la FIPRESCI en el Festival de Cannes de 2014 y tres importantes premios César, los correspondientes a la mejor Ópera Prima, al mejor actor revelación (Kévin Azaïs) y a la mejor actriz, categoría esta última en la que la joven Adèle Haenel se impuso sorprendentemente a figuras de la talla de Catherine Deneuve por En un patio de París, Marion Cotillard por Dos días, una noche o Juliette Binoche por la citada Viaje a Sils María.

Lo cierto es que una vez vista Les Combattants, la sorpresa se mitiga, pues en las poderosísimas interpretaciones de Adèle Haenel y Kévin Azaïs se sostiene todo el peso (y no es poco) de un film tan sugerente como extraño.

No sé si alguna vez ha sido fácil ser joven, pero parece existir un común acuerdo en que no está siendo fácil en las primeras décadas del siglo XXI para la generación que accede a la edad adulta en esta época de crisis y desempleo. La pérdida de valores que esgrimen unos y de ideales para cambiar el mundo que apuntan otros hace que a toda esta generación de jóvenes se les acuse de conformistas, desnortados, faltos de sueños, inquietudes o ambiciones. Ésta aseveración, como todas las generalizaciones (y más aún las generalizaciones generacionales), es tan injusta como falsa, pero es cierto que los jóvenes que viven por inercia son más visibles y notorios que aquellos que se aplican en seguir un rumbo, sea éste el que sea.

Thomas Cailley aborda este tema en Les Combattants y para ello se sirve de unos personajes a los que sitúa rodeados de una vida insustancial para ir desarrollando a lo largo de un inteligente guion (coescrito con Claude Le Pape) una nada convencional historia de amor situada en un contexto de supervivencia y enfrentamiento a la vida en plenitud.

Arnaud (Kévin Azaïs) es un joven cuya vida transcurre entre el negocio maderero familiar junto a su hermano Manu (Antoine Laurent) y las noches de (presunta) diversión con sus planos amigos Xavier y Víctor. Nada parece hacerle realmente feliz y ve pasar los días con anodina indiferencia. El modo en que conoce a Madeleine (Adèle Haenel), combatiendo contra ella en la playa en unas pruebas para alistarse en el ejército, será un presagio del vuelco que a partir de entonces dará su vida. Madeleine, sin embargo, pertenece a una familia acomodada con la que no parece tener ningún vínculo emocional saludable.

Mientras que para Arnaud la crisis y el paro son los mayores peligros que acechan su futuro, Madeleine va mucho más lejos al vivir obsesionada con el fin de la existencia y la extinción de la raza humana víctima de cualquiera de los peligros globales que asolan el mundo, para ella, los disturbios por el hambre, las guerras de religión, el cambio climático, explosiones en centrales nucleares o epidemias producidas por virus respiratorios están a punto de acabar con la humanidad y nadie lo ve al centrarse en problemas pequeños como la crisis económica o el desempleo. Ella está empeñada en prepararse para sobrevivir y nada mejor para ello que alistarse en el ejército, en uno de los grupos más exigentes: los paracaidistas. A este audaz alistamiento le seguirá Arnaud sin saber muy bien si lo hace por seguir a Madeleine o porque realmente considera el ejército como una de las pocas salidas profesionales dignas que le quedan si no quiere pasarse el resto de su vida construyendo cabañas de madera.

A partir de mediado el largometraje, Arnaud y Madeleine comenzarán un periodo de adiestramiento previo a ser admitidos en el ejército, en el que irán profundizando en el conocimiento de sí mismos y el uno del otro, cobrará auténtico protagonismo el carácter indómito de Madeleine, su rostro siempre enconado y su férrea voluntad de ponerse las cosas más difíciles incluso de lo que ya son de por sí.

En este momento la película muta de escenario sin moverse de la región de Las Landas y se desplaza desde el litoral turístico y surfero hacia el bosque en el que Arnaud y Madeleine vivirán en plena comunión con la naturaleza tras protagonizar una especie de huida hacia adelante, o en realidad, hacia ninguna parte.

Les Combattants cobra en esta segunda mitad más entidad como película y a las sólidas interpretaciones (presentes durante todo el metraje) se sumarán potentes secuencias en las que Thomas Cailley demuestra un prometedor talento visual. El escenario pre-apocalíptico temido por Madeleine aparecerá ante el espectador como una opción posible y de aquí al desenlace del film todo es puro cine.

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