Las críticas de Daniel Farriol en el 79 Festival de Locarno:
Lejos de los árboles
Lejos de los árboles es un drama español que está escrito y dirigido por Meritxell Colell Aparicio (Con el viento, Dúo). Mira es una mujer solitaria y de pocas palabras. Adela, una artista sonora mexicana, viaja desde la selva hasta los Andes peruanos junto a Lucho (guía y traductor). Siguiendo el legado de su abuelo —un republicano exiliado en México—, teje un mapa sonoro de lenguas en peligro de extinción. Cuando irrumpe el miedo a la muerte, la realidad se fractura. El viaje se transforma en un tránsito íntimo que la enfrenta a la memoria, el duelo, el desarraigo y la identidad.
Está protagonizada por Angélica Castelló, José Luis López Cama, Teresita Sánchez y Caterina Ramírez Guallar. La película ha podido verse en la sección Concorso Internazionale de Locarno Film Festival 2026.

Un mapa sonoro
Lejos de los árboles es un propuesta poética y casi experimental sobre la importancia de escuchar a los otros para encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo. La directora catalana Meritxell Colell Aparicio regresa a la ficción tras Con el viento (2018) y Dúo (2022), desdibujando aún más la frontera entre documental y ficción, en una depuración constante de su estilo narrativo que es lo que define su forma de entender el cine. Al igual que en sus otras películas, esta nueva obra tiene un fuerte componente autobiográfico mediante el trasvase de recuerdos y vivencias de su infancia al imaginario propio de la protagonista.
La trama es escasa, casi inexistente en muchos momentos, pero podemos resumirla a través del viaje que emprende Adela (Angélica Castelló), junto a su guía Lucho (José Luis López Cama), desde la frondosidad de la selva peruana hasta la inmensidad de los Andes, con la intención de trazar un mapa sonoro de lenguas indígenas en peligro de extinción. No sabemos que hará exactamente con ese material a su vuelta a Viena, donde la mujer reside habitualmente, pero se toma muy en serio el trabajo de ir recopilando todas esas voces calladas y olvidadas por el paso del tiempo.
Pese al exotismo inherente a la propuesta y las evidentes diferencias de escenario, hay algo que emparenta esta película con Romería (Carla Simón, 2025), o al menos eso me pareció a mi. Tal vez, por la manera de observar el pasado colectivo desde lo íntimo o, tal vez, por la manera de reconstruir una mirada fragmentada a través de los recuerdos. Tal vez, es mucho más simple, ambas pertenecen a una misma generación de cineastas catalanas y poseen un fuerte vínculo creativo que las retroalimenta.

Recuperar la memoria histórica como parte del viaje
Ya sé que está mal lo de poner etiquetas, pero podríamos catalogar Lejos de los árboles como una road movie sensitiva, creo recordar que dije lo mismo para definir el anterior trabajo de ficción de la directora, siento no ser más original. Durante este viaje introspectivo por pueblos recónditos y paisajes inexplorados, la protagonista escarba en sus raíces familiares y nos propone un acercamiento a la memoria histórica. Sus abuelos eran republicanos que tuvieron que exiliarse durante la época franquista para no ser apresados y descubrimos que el nombre de Adela es un tributo a la artista Adelita del Campo, una activista anarquista y símbolo de resiliencia, que pasó por diversos campos de concentración.
«Se tiene que estar lejos de lo que se quiere, para conocerlo», dice una voz grabada en una de las viejas cintas de cassette que Adela escucha durante el trayecto. Es lo que hace ella, alejarse de todo para sentirse más cerca. Colell Aparicio aborda su película desde las entrañas, apostando por una planificación visual arriesgada e híbrida que combina presente con pasado, una trama de ficción con un estudio etnográfico de los lugares que visita, y usando un formato donde se suceden imágenes digitales, recuerdos en celuloide, material de archivo o conversaciones por videollamada. Todo ello transforma la película en un artefacto fílmico inesperado de apariencia desordenada, similar a nuestros pensamientos.
Las declaraciones de la directora para el festival son todo una declaración de intenciones: «Es una carta de amor a los abuelos de quienes nunca me despedí. Un homenaje a los familiares que fueron a la guerra siendo niños, cuyo silencio nos llegó a nosotras, sus nietas. Una historia hecha de otras historias, que reafirma la necesidad de recordar, escuchar y amar.». Todo eso consigue transmitirlo perfectamente al espectador con la mirada curiosa de una niña y el aprendizaje vital de alguien ya adulto. Su película nos lleva a un estado de ensoñación constante que fascina en su retrato de la naturaleza, especialmente a través de los sonidos, aunque el excesivo metraje y su abuso de lo contemplativo se sienten forzados en busca de una trascendencia que no siempre encuentra.

El lenguaje de la naturaleza
Lejos de los árboles es una propuesta interesante, como lo es todo el cine de Colell Aparicio, pero no empatizo con su protagonista y encuentro algunas incoherencias en su discurso.
Por un lado, descubrimos que la mujer fue criada por una sirvienta a la que considera casi como una hermana mayor, algo a lo que replica acertadamente su compañero de viaje en uno de los diálogos diciéndole que él está educando a sus hijos para que nunca tengan que servir a otros. Es un mal del cine actual, muchas voces se empeñan en explicar los traumas de una generación o las heridas del pasado, pero desde los privilegios de la clase media-alta. De hecho, si analizamos el perfil de los estudiantes de cine, solo unos pocos pueden permitirse pagar el desorbitado precio de las matrículas o renunciar a un trabajo para dedicarse a tiempo completo a ello, y eso es algo que también se refleja en las historias que cuentan y en los personajes que las habitan.
Por otro lado, la decisión final que toma Adela me parece egoísta y cobarde, destruyendo toda credibilidad a ese viaje hacia sus orígenes. No entraré en más detalles para no hacer spoilers, pero mi sensación es que, en realidad, le importa más conocerse a sí misma que a sus progenitores y antepasados, lo del viaje es una excusa para alejarse de sus obligaciones y responsabilidades familiares. Huir no creo que sea la mejor forma de recordar y amar.
Ciñéndonos exclusivamente a lo cinematográfico, Lejos de los árboles nos regala una experiencia absorbente, a ratos extenuante, con instantáneas visuales y sonoras fascinantes cuando se acerca a lo abstracto o lo fantástico (por ejemplo, la escena en que la naturaleza se apodera físicamente de la habitación), pero su vocación final acaba siendo el transmitir la importancia de la conservación del lenguaje y la memoria histórica como un ejercicio íntimo de reivindicación política. Ahí cada uno se identificará más o menos según sus propias experiencias familiares.

¿Qué te ha parecido la película ‘Lejos de los árboles’?
Descubre más desde No es cine todo lo que reluce
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




























