LOCARNO 79. Crítica de ‘Bloody Tennis’: Solo puede quedar una

Las críticas de Daniel Farriol en el 79 Festival de Locarno:
Bloody Tennis

Bloody Tennis es una película alemana de terror que está escrito y dirigido por Nikias Chryssos (Der Bunker, A Pure Place). Sophie, ha sido admitida en una academia de tenis de élite situada en un lugar recóndito del sur de Europa. Allí, deberá enfrentarse a una competencia feroz y a las corrientes ocultas cada vez más siniestras de la escuela.

Está protagonizada por Sandra Guldberg Kampp, Elina Löwensohn, Tracy Gotoas, Helena Zengel, Zlatko Burić, Lily Taïeb, Juliana Vieira Guerra, Lucie Zhang y Vincent Romeo. La película ha podido verse en la sección Fuori Concorso de Locarno Film Festival 2026.

Bienvenidas a la academia

El cine del grecoalemán Nikias Chryssos suele habitar escenarios cerrados o microcosmos sectarios que se rigen por sus propias reglas. En Bloody Tennis nos propone adentrarnos en una academia de tenis de élite donde se entrenan jóvenes promesas con el objetivo de obtener una wild card (tarjeta de invitación) para participar en el Torneo de Wimbledon. Esa opción sirve a deportistas con un ranking insuficiente el poder competir en la fase previa de grandes torneos, lo que convierte ese premio en una oportunidad muy codiciada e irrenunciable.

Pero no se trata esta de una película deportiva ni que tan siquiera busque la fidelidad en la representación del deporte, el tenis es una excusa que podríamos sustituir y extrapolar a cualquier otra expresión deportiva o artística donde la competitividad individual tenga como finalidad el éxito o la fama. Desde la primera escena, la película deja bien a las claras cuáles son sus intenciones. En esa sangrienta secuencia de apertura vemos a una joven que muere en la pista de tenis golpeada sin piedad por decenas de bolas que salen con una fuerza inusitada de una máquina lanzapelotas de entrenamiento. Chryssos convierte la academia es un espacio para el horror fuertemente inspirado por el giallo italiano y, especialmente, por la película Suspiria (Dario Argento, 1977), con la que comparte muchos puntos en común.

La excelencia tiene un precio

Bloody Tennis nos presenta a Sophie (Sandra Guldberg Kampp), una tenista recién llegada a la academia que irá transformando su ingenua personalidad durante la película hasta convertirse en una despiadada competidora. Sophie deberá convivir con el resto de alumnas, todas ellas egoístas y con un sentido malsano de la competitividad, las cuales intentarán eliminar a su nueva rival con malas artes. Ella será el punto de vista principal del espectador y junto a ella iremos descubriendo los aspectos más siniestros que se ocultan tras esa pequeña «comunidad».

Los personajes no están muy bien definidos, son más arquetipos que de carne y hueso, pero cumplen su función en esa competición donde cada partido es casi como jugar al Mortal Kombat. Y es que no se trata solo de ganar, hay que destruir a tu rival. La idea es más divertida sobre el papel que en la pantalla donde solo se lleva hasta las últimas consecuencias durante el partido final con un plano disparatado que haría las delicias del Sam Raimi de Rápida y mortal (1995).

El resto del metraje asistimos al proceso de iniciación de la nueva tenista en una suerte de culto sobrenatural donde mente y cuerpo van unidos, pero el guion abusa de los lugares comunes y es fácil anticiparse a lo que irá sucediendo en cada momento. La película incorpora elementos de coming of age (la atracción sexual de la protagonista hacia otra tenista), de sátira social, de body horror y de fábula moderna, con Elina Löwensohn (colaboradora habitual del marciano Bertrand Mandico) como anfitriona matriarcal a modo de bruja mala. Algunas escenas resultan bastante desagradables o innecesariamente truculentas, por ejemplo, empleando sanguijuelas para purificar cuerpos como sucedía en La cura del bienestar (Gore Verbinski, 2017) o tripas de animales para el cordaje de las raquetas.

Bloody Tennis

Éxito o muerte

Nikias Chryssos ha manifestado que en Bloody Tennis quería transmitir cómo vivimos en un mundo donde «se recompensa la crueldad, no la compasión y la piedad». El aprendizaje de la protagonista se enfoca en ese camino, primero se defiende de los ataques del resto, pero luego es ella quien traiciona o renuncia a la amistad y el amor en pos de la individualidad que otorga el éxito personal. Es una representación exagerada de nuestra sociedad, pero ese contenido crítico se diluye rápido bajo el humor negro y el horror físico.

La película tiene escenas visualmente potentes, funciona en la confluencia de géneros, y también es un acierto situar una experiencia tan visceral en un entorno deportivo basado en el respeto o con reglas estéticas y éticas estrictas. El contraste aporta impacto y sirve para que la puesta en escena también juegue con elementos que construyen su narrativa en base a ese estilismo geométrico. Sin embargo, el ritmo es irregular y los hechos que acontecen no se explican adecuadamente, quedando relegados al efectismo o la metáfora, mientras que las abundantes referencias cinematográficas que la inspiran acaban limitando el propio discurso creativo de la película. Bloody Tennis es entretenida y eficaz en sus momentos más repulsivos, pero carece de la trascendencia necesaria para transmitir con convicción su mensaje social.


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Bloody Tennis

6.5

Puntuación

6.5/10

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