Crítica de ‘La bola negra’: Un trabajo de madurez sobre la identidad y la memoria

Las críticas de Laura Zurita:
La bola negra

Javier Calvo y Javier Ambrossi, Los Javis, llevan más de una década construyendo una filmografía que ha ido mutando sin perder nunca su firma. Empezaron en el teatro y el cine con La llamada (2017), una comedia musical sobre la fe y la identidad que ya dejaba ver su gusto por lo colorido, lo pop y lo emocionalmente desbordado. La siguieron Paquita Salas (2016 2019), La Veneno (2020) y La Mesías (2023), consolidando su capacidad para contar historias con una mirada propia, sin dejar que su interés por la disidencia sexual y de género opacara nunca a sus personajes. La bola negra llega como su proyecto más ambicioso hasta la fecha: su salto definitivo al gran formato, con estreno en la Sección Oficial de Cannes y un reparto que mezcla debutantes con estrellas internacionales. La cuestión es si, al aumentar la escala, han conseguido mantener bajo control un estilo que siempre ha tendido al exceso. La respuesta es que sí, aunque no siempre por completo.

Basada en las apenas cuatro páginas que dejó escritas Federico García Lorca de una obra teatral inacabada, titulada precisamente «La bola negra», en referencia al sistema de votación con bolas blancas y negras que decidía quién era aceptado o expulsado en los casinos y sociedades de la época, la película entrelaza las vidas de tres hombres en tres momentos distintos de la historia de España: 1932, 1937 y 2017, todos marcados por el deseo, la sexualidad, el dolor y la herencia.

Dirección y guion: Javier Calvo y Javier Ambrossi, con Alberto Conejero, a partir de la obra inacabada de Federico García Lorca y de la pieza teatral La piedra oscura (Alberto Conejero, 2015).  En el reparto encontramos a Guitarricadelafuente como Sebastián, Miguel Bernardeau como Rafael Rodríguez Rapún, Carlos González como Alberto, Milo Quifes como Carlos y Lola Dueñas como Teresa, junto a Penélope Cruz como Nené Romero y Glenn Close como Isabelle Durand, además de Antonio de la Torre, Natalia de Molina, Julio Torres, Lorenzo Zurzolo, Albert Pla, Mona Martínez, Nuria Mencía y Hugo Welzel. Llega a los cines españoles el 25 de septiembre de 2026 con distribución de Elastica Films.  

Crítica de ‘La bola negra’: Un trabajo de madurez sobre la identidad y la memoria

Leyenda ampliamente aceptada

Hay una leyenda urbana ampliamente aceptada de que el cine español trata solo de películas sobre la Guerra Civil, lo que no es cierto. Pero La bola negra sí es una gran película sobre la Guerra Civil, y francamente no me importaría que se hicieran más como esta. No utiliza la contienda únicamente como escenario histórico, sino como una parte de una historia mucho más amplia.

La bola negra muestra que Los Javis han alcanzado madurez artística. Es evidente para cualquiera que tenga ojos en la cara que siempre ha tenido una mirada propia, si bien a veces vacilante y excesiva. En esta película, el poder de sus imágenes se ve reforzado por una sutileza y una elegancia que les sientan muy bien. Su estilo sigue siendo barroco, pero aunque a veces se les va un poco la mano y resulta casi exagerado, ahora su imaginería tiene sentido dentro de la narrativa y consigue épica y emoción a la par que belleza. No han renunciado a su forma de mirar, sino que han aprendido a utilizarla con mayor precisión.

El inicio de La bola negra atrapa. Un pueblecito español, indistinguible de tantos otros, celebra la inminente llegada de los italianos. La manera en que estos llegan muestra el uso que se hizo de la guerra civil como terreno de pruebas, el absurdo de la contienda y la línea tan delgada que separaba, en realidad, a la gente del bando rebelde y del leal a la República.

La película se reparte en tres líneas temporales, 1932, 1937 y 2017, que, como es de esperar, terminan conectándose mediante un vínculo temático que gobierna toda la construcción. Los tres episodios se relacionan de manera coherente y las transiciones entre ellos no requieren ningún truco ni recurso vistoso, sino que se apoyan en detalles sonoros, visuales o narrativos. El montaje consigue que los saltos temporales no parezcan interrupciones, sino partes de una historia que se integran con fluidez.

La bola negra tiene, además, un subtexto claro que prefiero no desentrañar aquí, porque es evidente, pero mejor que lo encuentre el propio espectador. Hay una voluntad constante de relacionar lo que ocurre en el tiempo con aquello que permanece, una herencia que se resiste a desaparecer.

Crítica de ‘La bola negra’: Un trabajo de madurez sobre la identidad y la memoria

Intensamente poética

La bola negra es una película intensamente poética. La poesía de Lorca permea la película entera, con textos verdaderos del poeta insertados en el relato: textos de amor, añoranza y denuncia. Al tiempo, sus imágenes tienen un fuerte contenido simbólico, que se expresa con refinamiento: el sexo explícito deja paso a complejas relaciones humanas, miradas de amor y de deseo penetrantes y alucinatorias, y una imaginería religiosa densa y fecunda que lo impregna todo. El tono es realista y deja ver detalles de la vida de las distintas épocas, pero de cuando en cuando asoma el lirismo textual y visual y nos vemos invadidos de imágenes de una belleza desconcertante.

Mirada como acierto y riesgo

La mirada de los Javis es al mismo tiempo un acierto y un riesgo. La acumulación de símbolos, referencias religiosas, poesía, música e imágenes de gran intensidad puede resultar excesiva en algunos momentos. La bola negra quiere ser enorme y no siempre tiene miedo a demostrarlo. Sin embargo, buena parte de ese exceso se justifica por la intensa experiencia emocional de los personajes y una historia que se refuerza a través de lo simbólico.

La música de Raül Refree desempeña un papel importante en esa construcción. Contribuye a unir los distintos tiempos y a reforzar el carácter emocional y poético de la película. Hay además una relación evidente entre música, palabra e imagen que conecta esta película con el universo de Los Javis desde La llamada, aunque aquí el tono sea muy diferente. La música es íntima y, en determinados momentos, dolorosa, hasta la canción final, obra del propio Guitarricadelafuente.

Por la división en tres épocas, no se puede decir que haya un protagonista dominante. La bola negra tiene un reparto coral y bien dirigido: Todos actúan de manera discreta y mesurada, al servicio de la trama y no al revés. Guitarricadelafuente, como Sebastián, crea un personaje vivo y lleno de tensiones que no sabe lo que siente, y su contraparte, Milo Quifes, en el papel de Carlos, le hace un contrapunto igual de sólido. Carlos González aporta al personaje de Alberto timidez y resignación, mientras que Miguel Bernardeau construye a Rafael Rodríguez Rapún como el hombre normal que ve llegar algo antiguo a su vida. Penélope Cruz y Glenn Close exhiben su carisma y su presencia escénica en sendos cameos alargados, dándole a la película un empaque internacional.

La interpretación coral es especialmente importante, porque La bola negra trata a sus personajes con cariño y respeto, no simplemente como vehículos de ideas. Son personas de carne y hueso, a través de cuyas relaciones se construye la historia.

Crítica de ‘La bola negra’: Un trabajo de madurez sobre la identidad y la memoria

Grandes expectativas

Tras el paso de la película por Cannes, se habían despertado grandes expectativas en crítica y público, y buena parte de ellas se están cumpliendo. La bola negra supone un paso adelante en la trayectoria de los Javis, que consiguen aplicar su mirada al cine de gran presupuesto sin perder aquello que la hacía reconocible y, al mismo tiempo, sin dejar que la estética termine devorando a los personajes.

Como decía el propio Lorca, lo local es lo universal, y esta es una película que, al tratar tan a fondo algo tan arraigado en la historia española, resulta también radicalmente universal. La Guerra Civil, la represión y la memoria son el contexto; lo que permanece es la experiencia humana de búsqueda, descubrimiento y aceptación de la propia identidad.

Probablemente La bola negra se convierta en una película controvertida y no será del gusto de todos: excesiva y enorme como quiere ser, en algunos momentos puede acercarse peligrosamente a aquello que durante buena parte del metraje consigue controlar. Si bien la película tiene fallos: a veces se excede, y una secuencia con García Lorca desentona y se hubiera podido obviar. La bola negra no representa una ruptura con los Javis anteriores, sino la evolución de una mirada que conserva su gusto por el barroquismo y la emoción mientras aprende a utilizarlos con mayor precisión y dejar la provocación como resultado natural de lo que se cuenta y no un fin en sí mismo. Y por eso es la confirmación de una voz cinematográfica que creo que ha llegado para quedarse.


¿Qué te ha parecido la película La bola negra?

La bola negra

8.4

Puntuación

8.4/10

Descubre más desde No es cine todo lo que reluce

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario (si estás conforme con nuestra Política de Privacidad)

Another Way Film Festival anuncia la programación de cine de su XII edición

Síguenos

10,000FansMe gusta
2,450SeguidoresSeguir
650SeguidoresSeguir
22,500SeguidoresSeguir
5,550SuscriptoresSuscribirte
- Publicidad-

ÚLTIMAS PUBLICACIONES

74 SSIFF. Retrospectiva – José Giovanni. Crítica ‘Les égouts du paradis (Las cloacas del paraíso)’ (1979)

Las críticas de Daniel Farriol: Ciclo-Retrospectiva José Giovanni Les égouts du paradis (Las cloacas del paraíso) (1979) Les égouts du paradis (Las cloacas del paraíso) (1979) es un...