Las críticas de Daniel Farriol:
Los creyentes
Los creyentes es un thriller español que está dirigido por Roger Gual (Menú degustación), con un guion escrito por Darío Madrona y Carlos Montero. Ruth, una mujer de 30 años que lleva un tiempo distanciada de su familia, regresa a casa cuando su madre muere en extrañas circunstancias. Allí se reencuentra con su padre, Martín, que desde la jubilación parece haberse convertido en un tipo gruñón, agresivo y creyente en una siniestra teoría de la conspiración que le obsesiona. La relación entre los dos es tan tensa, y el comportamiento de él tan errático, que Ruth comienza a sospechar que Martín pudo ser el responsable de la muerte de su madre. ¿Es posible que esté compartiendo techo con un asesino?
Está protagonizada por Stéphanie Magnin, Jose Coronado, Alberto Olmo, Mabel del Pozo, Fanny Gautier, Olaya López e Israel Ruiz. La película se ha estrenado en España el día 24 de julio de 2026 en Netflix.

Creer o no creer: esa es la cuestión
Pese a compartir el mismo título en español, Los creyentes, el último éxito de Netflix, nada tiene que ver con la estupenda película de cultos satánicos con la que John Schlesinger nos sobrecogió en 1987. En esta ocasión, se trata de un thriller que analiza de forma somera los peligros de las teorías conspiranoicas llevadas al terreno de la obsesión. La protagonista es una mujer de mediana edad que trabaja en Berlín como camarera y tiene que regresar a su pueblo natal en España cuando se entera de que su madre ha muerto en extrañas circunstancias. Allí se reencuentra con su padre, un hombre que tras jubilarse ha iniciado una investigación acerca de una empresa farmacéutica a la que acusa de ser la responsable de la desaparición de un niño.
El guion sostiene la intriga y la ambigüedad pese a la inverosimilitud de muchos de los hechos planteados. Al final, no importa tanto el desarrollo de la trama de investigación como el trasfondo humano de la historia. Porque la película, en realidad, nos habla de los mecanismos de defensa frente al duelo y de la necesidad de culpabilizar a otros para dar un sentido a las muertes de la gente que amamos.
Ruth (Stéphanie Magnin) no lleva una vida plena y se siente culpable por no haber atendido la llamada de su madre en el día de su trágica muerte, la mujer quería explicarle algo que nunca sabrá con certeza y eso le carcome por dentro. Martin (Jose Coronado), ex Guardia Civil, tuvo que lidiar con el incipiente alcoholismo de su esposa y la ausencia de su hija en una etapa difícil en la que se sentía inútil para la sociedad, debido a eso terminó refugiándose en foros de internet donde la gente sí parece escucharle.

Mejor en lo íntimo que en lo conspiranoico
A partir del reencuentro entre padre e hija, las sospechas mutuas sobre su respectiva implicación en la muerte de Lucía (Fanny Gautier), irán afectando a su relación personal de manera gradual. El suspense se nutre de algunos lugares comunes (falsos testimonios que enredan la trama, la puerta cerrada del desván que oculta un secreto, personajes secundarios que pueden aportar pruebas sobre la conspiración, etc), pero nunca nubla por completo la parte más interesante que tiene Los creyentes, es decir, los vaivenes paternofiliales que sufre esa relación a través del estupendo duelo interpretativo entre Stéphanie Magnin y Jose Coronado. Sus interpretaciones transpiran naturalidad en los momentos de calma y convivencia en el interior de la casa familiar mientras que también aportan cierta credibilidad a las discusiones más discursivas o a los recovecos disparatados que nos reserva la historia (enfrentamientos armados, persecuciones por el bosque, el asalto a la empresa farmacéutica, etc).
La película va de más a menos. El inicio es francamente interesante y plantea los temas centrales con audacia y sutileza, pero luego utiliza la brocha gorda para plantear las teorías conspiranoicas en una parte final que abusa de recursos fáciles cayendo en la previsibilidad de los tropos más manidos del cine comercial televisivo. Aun así, Los creyentes es un thriller psicológico bastante solvente y entretenido que funciona por encima de la media de las producciones de la plataforma. La trama plantea algunas ideas estimulantes bajo todo su artificio, reflexionando sobre las ramificaciones del duelo como mecanismo de defensa o las obsesiones alimentadas por la desinformación colectiva. En ese sentido, el plano final es toda una declaración de intenciones.

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