Las críticas de Laura Zurita:
El final de Oak Street
Tras un misterioso fenómeno cósmico, Oak Street es arrancada de su tranquilo entorno suburbano y transportada a un mundo prehistórico habitado por dinosaurios. Allí, la familia Platt deberá enfrentarse a una amenaza que jamás habría imaginado mientras trata de adaptarse a un entorno completamente desconocido del que no parece haber escapatoria. Para sobrevivir, tendrán que permanecer unidos y encontrar la manera de regresar a casa.
Dirección y guion: David Robert Mitchell. Reparto: Anne Hathaway (Denise Platt), Ewan McGregor (Greg Platt), Maisy Stella (Audrey), Christian Convery (Brian), P.J. Byrne, Jordan Alexandra. Distribución: Warner Bros. Estreno: 14 de agosto de 2026.
Los idílicos años 80
David Robert Mitchell es un director con una carrera muy interesante. Debutó en 2010 con El mito de la adolescencia. Cuatro años, la película que le dio la fama, It Follows (2014), terror sobrenatural y fenómeno de culto. En 2018 estrenó Under the Silver Lake, cine negro posmoderno y conspiranoico. El final de Oak Street supone su salto más ambicioso hasta la fecha, su primera incursión en el gran presupuesto y el entretenimiento familiar y veraniego, dejando atrás el registro autoral.
Es curioso que El final de Oak Street se haya estrenado al mismo tiempo que La última casa, a la que me recuerda, aunque solo sea en el concepto, por la historia de una familia que se ve aislada de su mundo por razones que no entienden, y que tiene que enfrentarse a condiciones adversas y extraordinarias para sobrevivir. Ambas familias son de cuatro personas, padres y la parejita, con grandes intérpretes en el papel de padres. Las películas ofrecen explicaciones vagamente científicas y presentan mundos algo incoherentes y autoconscientes, mezclando ciencia ficción, fantasía y drama familiar. No quiero llevar la comparación más allá; las películas son distintas y cada una sigue su propio camino, solo anotar que sus debilidades están emparentadas y hasta riman.
Volviendo a El final de Oak Street, la película está situada, curiosamente, en los años 80, antes de la llegada de los móviles y las comunicaciones instantáneas, lo que hace la historia más cerrada y, en cierto modo, creíble. En cierto sentido recuerda a las producciones de Spielberg de ese periodo, con esa familia de aspecto sonriente, bajo cuya superficie hay tensiones evidentes entre los padres que amenazan el futuro de todos como familia.
Vemos una tarde familiar, una fiesta vecinal, con carrera de sacos, hamburguesas y tartas de manzana. El mundo sonríe, el sol brilla, y los nubarrones están solo en las cabezas de los padres. En la familia, Denise es una mujer que tiene un proyecto (secreto) propio, Greg, un padre un tanto pánfilo, y dos adolescentes… adolescentes. Se nos deja caer, con cuentagotas, que están pasando cosas un tanto peculiares, sin que sepamos aún de qué se trata. Esa misma noche se levanta una tormenta, tras la cual el mundo se siente muy extraño, y ahí empieza la acción. Por razones que en algún momento se darán a conocer, la familia se encuentra en un mundo lleno de dinosaurios.
Me llama la atención que esta familia esté muy ocupada en intentar sobrevivir y se perciban como robinsones, aislados de sus vecinos. Se trata de luchar por su propio futuro, sin contar con nadie más, con una mentalidad de “sálvese quien pueda”. De hecho, es raro verlos moverse por el vecindario y que nos preocupen solamente ellos, mientras otras familias perecen alrededor, como si a El final de Oak Street los demás no le importaran nada.
Dinosaurios espectaculares
Técnicamente, El final de Oak Street es espectacular. El CGI funciona perfectamente la mayor parte del tiempo y se pone al servicio de unos dinosaurios que reflejan el fascinante aspecto sobre el que hoy hay consenso entre los científicos, con pelo (a veces mucho, mucho, mucho pelo), plumas y colores brillantes. Vemos una gran variedad de especies, muchas de ellas muy curiosas y espectaculares, y bastante conseguidas; eso sí, llama la atención que casi todas resulten predadores extraordinariamente voraces, con una gran hambre de humanos, y que haya una cantidad inusitada de animales grandes por kilómetro cuadrado. Supongo que es necesario que sea así para dar más dramatismo a la historia: la premisa ya la hemos visto antes, el tropo de poner a humanos y dinosaurios juntos, que da espectacularidad y mucho juego. Y es que los dinos funcionan muy bien como una amenaza extraña, poderosa e incontrolable, casi inhumana.
En El final de Oak Street se les saca buen partido, provocando tensión y golpes de efecto. La banda sonora, además, nos recuerda en todo momento que aquí hay tensión y peligro, con momentos de sustos aquí y allá. Por último, se dan algunas explicaciones ligeras, y un giro final diseñado para ser cómodo, un final digno del tipo de película que esta quiere ser.
Las actuaciones son cumplidoras. Anne Hathaway (Denise), a la que hemos visto tanto últimamente, tiene un personaje sobre el que construir, pero Ewan McGregor, como su marido Greg, hace poco más que estar allí y ser tan buenazo que dan ganas de gritar. Los hijos, Audrey (Maisy Stella) y Brian (Christian Convery), son adolescentes típicos, aunque ninguno se sale del arquetipo. Todos los personajes se comportan sin lógica ni prudencia, de tal manera que se meten en muchos líos, como se debe en este tipo de películas.
En resumen, El final de Oak Street es una película familiar y veraniega, de excelente calidad técnica, con un guion nada brillante, pero muy entretenida, siempre y cuando no se piense demasiado sobre ella.
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