Las críticas de Daniel Farriol en el 79 Festival de Locarno:
Los días libres
Los días libres es un drama argentino que está escrito y dirigido por Lucila Mariani. En un futuro cercano, durante unas vacaciones de verano interminables y ante la inminente llegada de un eclipse solar, Bego, de 12 años, lucha por encontrar su lugar en su familia y entre las chicas de su edad. Mientras la luna “eclipsa” a animales y personas a su alrededor, Bego conoce a REN__, una amiga virtual, y a través de ella descubre el “shifting”, una práctica en la que los adolescentes creen poder acceder a otras realidades mediante sueños lúcidos.
Está protagonizada por Antonia Robolini, Laura Paredes, Luiza Quinteiro y Guillermo Berthold. La película ha podido verse en la sección Concorso Cineasti del Presente de Locarno Film Festival 2026.

Un escurridizo coming of age de texturas retro
Los días libres es un enigmático coming of age que trasciende los lugares comunes del género abrazando elementos cercanos al cine fantástico, pero desde una perspectiva realista que nunca abandona la cotidianidad familiar. La acción transcurre durante unas vacaciones de verano sin nada que hacer más allá de esperar a que llegue un inminente eclipse solar. En ese contexto, la trama nos sitúa en un futuro cercano que se siente más como un regreso a los 90, tal y como demuestran las texturas granuladas de las imágenes del principio y del final.
Lucila Mariani fija su cámara en Bego (Antonia Robolini), una preadolescente que siente algo perdida y que no termina de encontrar su lugar en el mundo ante los cambios que experimenta su cuerpo y su vida, pero en ese típico retrato del tránsito hacia la edad adulta la directora porteña encuentra un camino propio trufado de realismo mágico e influencias de la cultura pop.
Los padres de Bego tienen sus propias preocupaciones, la madre debe negociar las condiciones de su despido mientras el padre trabaja temporalmente conduciendo un uber, subrayando así la precariedad económica que sufre el país. Para mantener a su hija ocupada insisten en que salga de casa y pase tiempo con sus amigas, pero ella no quiere ir porque no tiene nada en común con ellas y está padeciendo un conato de bullying que sus progenitores no detectan. El único refugio emocional donde la chica encuentra consuelo es en internet donde tiene una amiga virtual que le inicia en el mundo del shifting.
El shifting es una práctica popularizada por adolescentes en internet que, a través de técnicas de relajación y meditación, dicen poder vivir experiencias en una RD (Realidad Deseada), es decir, a través de un estado hipnagógico pueden sentir que están en otro lugar, dentro de una película, un libro o una fantasía recreada y guionizada meticulosamente por ellos mismos. Aunque las redes han extendido esta teoría, no tiene ninguna base científica.

Eclipsados
Mariani no se detiene a valorar este asunto en profundidad, simplemente lo sitúa en la vida de Bego como una oportunidad para huir de su vida y construir una nueva, algo profundamente vinculado al propio sentir adolescente y a ese momento vital en que deben asumirse responsabilidades y tomar decisiones que hasta entonces nos venían dadas o impuestas por nuestros mayores. Así pues, Mariani nos presenta una narrativa híbrida en Los días libres donde confluyen lo cotidiano con lo imaginario, algo que se amplifica atmosféricamente con las canciones retro electrónicas de Punto y Pacífico, y con un ritmo contemplativo que parece querer hipnotizarnos para trascender nuestra propia conciencia en un estado de duermevela constante.
La directora describe su película como una «carta de amor al internet, el que ya no existe, donde hice amigos en salas de chat, pirateé música y películas, y me encontré a mí misma como adolescente. Espero que se convierta en un refugio para los inadaptados que, como yo, todavía sueñan.». La educación sentimental de toda una generación se ha transformado ahora en otra cosa: en un peligroso reflejo de la toxicidad en las relaciones sociales. Antes se nos permitía soñar y descubrir con asombro un mundo nuevo de 8 bits creciendo al otro lado de la pantalla de fósforo verde, ahora para soñar es necesaria la desconexión digital.
Bego se da la oportunidad de soñar con una vida distinta, ¿pero realmente hay algo más? El desenlace de la película es ambiguo, plantea nuevos interrogantes y queda abierto a distintas interpretaciones. En mi caso me dejó una sensación de desolación absoluta incrementada por el silencio de los créditos finales.
Más que una película, Los días libres es un estado de ánimo. Mariani utiliza los silencios para susurrarnos sus reflexiones existencialistas a través de escenas cotidianas en las que no parece suceder casi nada y, al igual que los «eclipsados» del filme (esas personas que se quedan ensimismados mirando el cielo por el influjo de la Luna), nosotros nos quedaremos observando la pantalla de cine embelesados por el misterio inescrutable que desprenden las imágenes de esta película.

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