Crítica de ‘El síndrome Rembrandt’: El peso de los símbolos

Las críticas de Laura Zurita:
El síndrome Rembrandt

Claire y Yves son una pareja de ingenieros en la industria nuclear francesa. Después de visitar la Galería Nacional, Claire desarrolla una extraña conexión emocional con las pinturas de Rembrandt y comienza a cuestionar la seguridad de los reactores EPR. Yves ya no entiende a la mujer con la que ha compartido su vida personal y profesional durante más de 20 años, y teme que todo acabe en desastre.

Dirección: Pierre Schoeller. Guion: Pierre Schoeller, Anne-Louise Trividic. Reparto: Camille Cottin, Romain Duris, Denis Podalydès, Céleste Brunnquell, Bruno Podalydès, Kester Lovelace, Joel Ödmann, François Orsoni, Davide Faranda, Fabrice Cals. Estreno en España: 7 de agosto de 2026 de la mano de VerCine

El síndrome RembrandtIntensa y consciente de sí misma

En El síndrome Rembrandt, un matrimonio de vida fácil, próspera y armoniosa, visita un museo para contemplar unas obras de Rembrandt. Es un punto de partida deliberadamente sencillo, casi anodino, con una propuesta audaz, difícil de encajar y descifrar: tras esa visita, el paisaje emocional de Claire empieza a resquebrajarse. La mujer entra en una suerte de involución psicológica y comienza a preguntarse, obsesivamente, si la energía nuclear es segura en un mundo cambiante, mientras se aleja cada vez más de su familia, de su entorno y, poco a poco, de la realidad misma.

El síndrome Rembrandt sigue esa evolución psicológica de persona integrada y exitosa a algo parecido a la paranoia y muestra que cuando la protagonista se enfrenta a la cuestión nuclear ya no lo hace desde un lugar abstracto, sino desde una angustia tan interiorizada que resulta difícil de seguir. La frontera entre la lucidez y el desequilibrio se vuelve borrosa a propósito, y esa ambigüedad es quizá lo más logrado de la película: nunca sabemos del todo si estamos ante una mujer que ve con más claridad que el resto o ante una mente que se está desmoronando.

Visualmente, es intensa y muy consciente de sí misma. Busca reflejar la estética de Rembrandt (esos claroscuros en la que la luz realza y se esconde) y esa influencia impregna toda la fotografía. Hacia el final, la obra intenta cerrar el círculo y volver a conectar con el pintor mediante una propuesta más alegórica que verosímil, una imagen que queda suspendida sobre nosotros, fuera de nuestro alcance emocional, como si el director hubiera preferido el gesto simbólico a la resolución dramática.

El síndrome RembrandtQuiere impresionar con símbolos

Esa es, en el fondo, la gran tensión de El síndrome Rembrandt. La película pretende impresionarnos con sus símbolos, significados y referencias, pero muchos de ellos nos pasan por encima sin dejar poso. Es una obra muy ambiciosa, lo cual no es un defecto en sí mismo, pero esa ambición se vuelve un obstáculo cuando la ejecución no está a la altura del propósito. Sus argumentos despiertan interés, y estoy segura de que en Francia, donde hay tantas centrales nucleares, resonarán con especial fuerza entre el público. Pero el discurso es tan intelectual y abstracto, tan alejado del efectismo de otras propuestas del género, que exige una atención constante para no perder el hilo de sus matices.

Se nota que el director tiene un mensaje que dar, y que El síndrome Rembrandt prefiere convencer por el razonamiento antes que por la emoción. El resultado es una película lenta, muy reflexiva, que se complace bastante en sí misma. Y cuando por fin llega el desenlace, este parece buscar más el efecto sorpresa que la verosimilitud, lo que deja una sensación agridulce tras casi dos horas de construcción tan cerebral.

El síndrome Rembrandt despierta todo tipo de reacciones en el espectador. En mi caso ha predominado la sensación de que no llega a ser tan inteligente como cree serlo. Es, eso sí, hermosa de ver. Pero me sentí tan lejos de sus personajes que, por mucho que mi corazoncito esté del lado del medio ambiente y de la protección de la naturaleza, no logré que me importara realmente lo que les pasaba. La película te plantea preguntas urgentes e incómodas, pero no propone ninguna solución, y se queda en crear inquietud sin ofrecer a los espectadores un lugar al que llegar.


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El síndrome Rembrandt

5.2

Puntuación

5.2/10

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