74 SSIFF. Sección Oficial. Crítica ‘Muyou no hito / In My Father’s Room’: La inútil belleza del arte

Las críticas de Daniel Farriol en el 74SSIFF:
Sección Oficial
Muyou no hito / In My Father’s Room

Muyou no hito / In My Father’s Room es un drama japonés que está escrito y dirigido por Maha Harada. Satomi trabaja en un museo de arte cuando recibe un sobre que contiene una misteriosa llave. Abre una habitación cuya existencia desconocía que perteneció a su padre, fallecido en soledad un mes antes. Bajo la influencia de ese pequeño objeto, rememora sus últimos días: un hombre que aparentemente había sido marginado por la sociedad pero que se refugiaba en su devoción silenciosa por la palabra, el arte del té y la belleza sutil. Siguiendo el rastro de su soledad, Satomi descubre lentamente el apacible encanto del mundo de su padre.

Está protagonizada por Yu Aoi, Issey Ogata, Eita Nagayama y Eri Watanabe. La película ha podido verse en el Festival de San Sebastián 2026 dentro de la Sección Oficial.

Poesía y pintura

In My Father’s Room es una pieza de orfebrería maravillosa que se detiene con delicadeza a contemplar la belleza del arte y poner en valor los rituales tradicionales en un mundo que gira demasiado rápido y sin tiempo para apreciar las pequeñas cosas. La ópera prima de la novelista japonesa Maha Harada pone en imágenes uno de sus propios relatos a través de una estética minimalista, con cuidado por el detalle, y una fotografía de Yoshio Kitagawa (colaborador de Hamaguchi) que extrae una inusitada luminosidad a los colores neutros en interiores mediante su meticulosa composición del encuadre.

El relato retrata el universo particular de la escritora que gira alrededor de la cotidianidad y del poder curativo del arte para redefinir la vida de sus protagonistas. Satomi es una empleada de un museo de arte. Su trabajo consiste en pasar horas en silencio sentada en una silla junto al único cuadro que hay en la habitación: una pintura abstracta de Mark Rothko. No es la primera vez que Harada sitúa su trama en un entorno artístico, por ejemplo, ya lo hizo en la novela ‘Canvas of Paradise’, y es que la propia autora fue curadora y comisaria en museos como el MoMA de Tokio, es un mundo que conoce. Satomi recibe un sobre que contiene una llave. La llave abre un habitación que pertenecía a su padre, fallecido recientemente y con el que apenas mantenía contacto.

Harada podía haber creado un misterio alrededor de esa llave y lo que oculta, pero no es lo que le interesa, prefiere convertirla en un instrumento metafórico para desvelar el pasado del padre, un hombre discreto y solitario que quiso ser poeta en un mundo donde los poetas no son recordados.

Armonía; respeto; pureza; y tranquilidad

In My Father’s Room pone en valor precisamente a esas personas «invisibles» que pasan por el mundo sin hacer ruido y que a menudo resultan incomprendidas o apartadas del grupo. La propia Satomi es así, entregada a su trabajo y sin casi vida social, es excluida por sus compañeras en las quedadas conjuntas mientras que la empresa decide despedirla alegando un recorte presupuestario que se contradice con que vaya a ser reemplazada por otra persona. Su prudencia le hace aceptar la situación sin alzar la voz ni reprochar nada a nadie, aunque probablemente sea la persona del museo que valora más el trabajo que hacen velando las obras de arte que alberga.

Harada reivindica el poder de los «invisibles» y cómo pueden influenciar a otros con su forma de mirar el mundo. Nosotros lo descubriremos con la anécdota de un joven comisario que decidió estudiar arte tras visitar el museo de niño y hablar con Satomi, pero ella también lo descubrirá a través de su padre cuando sepa como influyó a un hombre que regenta una tienda de antigüedades. La sensibilidad artística de la directora le permite focalizar su discurso en la conexión emocional entre los personajes, sin resultar aburrida y transmitiendo esa misma conexión al espectador. In My Father’s Room invita a que nos asomemos a la ventana del cuadro Rothko para observar al otro lado. ¿Qué hay detrás? Un mundo lleno de posibilidades y de belleza por descubrir.

La protagonista recorre los últimos pasos de su padre para redescubrir la memoria familiar perdida a través de la pasión que el hombre sentía por la poesía y las antigüedades. La película posee una madurez escénica asombrosa, aparentemente sencilla y deudora de Ozu (pese a que la directora mencionó en la rueda de prensa a Víctor Erice), pero que juega con hermosas simbologías visuales para mostrar su devoción por el arte, la palabra y los silencios, o deteniéndose a compartir rituales ancestrales como la ceremonia del té, un ritual cuyos cuatro principios fundamentales describen cómo es la película a la perfección: armonía; respeto; pureza; y tranquilidad.


¿Qué te ha parecido la película ‘Muyou no hito / In My Father’s Room’?

In My Father's Room

8

Puntuación

8.0/10

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