lunes, junio 17, 2024

Crítica de ’Oppenheimer’: Entretenimiento y autoría por el mismo precio

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Oppenheimer

La cartelera veraniega, habitualmente compuesta por tres o cuatro películas de acción o superhéroes con vocación taquillera y dos o tres docenas de películas pequeñas que no han encontrado acomodo para ser estrenadas en meses más favorables, nos trae este verano el estreno simultáneo de dos de los títulos más esperados por los aficionados al cine en una (absurda) competición por ver cual de las dos se lleva el gato al agua con la taquilla. Oppenheimer (Christopher Nolan) y Barbie (Greta Gerwig) parecen estar en las antípodas temáticas y estilísticas y, por tanto, no tener el mismo público objetivo. Sin embargo, se ha montado un buen circo de estrategias de marketing, contenidos para redes sociales, carreras de cifras de taquilla o anticipaciones de premios cinematográficos con casi un año de antelación cuando está (casi) todo por estrenar. Entiendo que haya a quien todo esto le resulte entretenido y si la cosa sirve para que vaya más gente a ver películas a las salas de cine, bienvenido sea el circo, me pondré una camisa rosa para ir a ver Barbie y un sombrero Fedora gris para ver Oppenheimer.

Nolan se ocupa en su más reciente película de varios fragmentos de la vida de un científico, el físico teórico estadounidense (aunque judío de origen alemán) Robert Oppenheimer, que ha trascendido como padre de la bomba atómica al ser quien dirigió el laboratorio en el que se diseñaron las bombas nucleares dentro del proyecto Manhattan que comandó el gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El resultado lo conocemos todos, dos bombas nucleares lanzadas sobre las islas de Hiroshima y Nagasaki los días 6 y 9 de agosto de 1945 respectivamente que provocaron, pocos días después, la rendición de Japón y el fin de la guerra.

Como ocurre habitualmente con las películas tan esperadas y con esta llevan dando la turra desde finales del año pasado, se generan unas expectativas que, la mayoría de las veces, son muy difíciles de satisfacer. Es indiscutible que Nolan es fiel a su cine. En Oppenheimer no traiciona ni por un momento los principios narrativos, estilísticos y visuales que le han convertido en uno de los directores más reputados de su generación y la gran esperanza para heredar el trono de los grandes maestros vivos ocupado por venerables ancianos [Eastwood (93), Allen (87), Coppola (84), Scorsese (80)] todos ellos, por cierto, con películas próximas a estrenar en los próximos meses a pesar de estar cerca del final de sus carreras.

Lo que es cuestionable es si esos principios, fundamentalmente los narrativos, que han demostrado funcionar con la ciencia ficción (Origen, Interstellar) o las películas de superhéroes (Trilogía de El caballero oscuro), sirven igual de bien a un biopic histórico con una base argumental totalmente pegada a la realidad.

Es de agradecer que en estos tiempos en los que la mayoría de la industria del entretenimiento está empeñada en tratar al espectador como si fuera estúpido (lamentablemente hay muchos), haya quien respete su inteligencia y proponga una manera diferente de contar las cosas, lo que ocurre es que es probable que a Nolan se le haya ido de las manos la complejidad y el exceso de personajes. Una mayor capacidad de síntesis beneficiaría mucho a una película tan atractiva visualmente como innecesariamente larga.

Oppenheimer

De entrada, la complicada urdimbre de líneas narrativas construida por Nolan en el guion de Oppenheimer me resulta demasiado farragosa, todo lo que se cuenta en la primera hora de película podría contarse en menos tiempo y plantearse de una manera un poquito más inteligible sin traicionar la concepción no lineal del tiempo, algo sustancial de su cine. No me imagino a Nolan poniendo rótulos que indiquen donde nos encontramos y en qué año tiene lugar lo que nos está contando, pero se puede poner un poquito más de empeño en hacer accesible al espectador la ubicación temporo-espacial de las líneas narrativas, especialmente si, como he dicho, no estamos ante una película de ciencia ficción.

En esta primera hora de película, en la que Nolan presenta a sus personajes sin demasiado esfuerzo por distinguir a los que van a ser relevantes de los que no, se alternan las secuencias de los inicios de Robert Oppenheimer (Cillian Murphy) como físico con otras posteriores de un interrogatorio al que se le sometió bajo sospechas de ser colaboracionista con los rusos (la caza de brujas no se ceñía solo al cine y la literatura) y otras de un juicio en el que el protagonismo recae sobre el almirante y presidente de la Comisión de Energía Atómica al que da vida un extraordinario Robert Downey Jr.

Sin embargo, lo más interesante del film es todo lo que ocupa la parte central del mismo, el proceso de desarrollo de las bombas, los primeros ensayos nucleares que culminan con la prueba Trinity (probablemente la mejor secuencia del film) y todo lo que vino después.

Oppenheimer

Nolan filma con mano maestra, siempre sabe donde colocar la cámara, cuándo y cómo moverla, qué secuencias debe apoyar en la puesta en escena y cuáles en la sala de montaje, toda la concepción visual de la película en sencillamente portentosa, pero no puede decirse lo mismo del machacón y abusivo empleo de la música para la cual vuelve a recurrir al ampuloso y enfático Ludwig Göransson, el mismo que compuso la horripilante partitura de Tenet. ¡Cuánto se echan de menos las maravillosas partituras de Hans Zimmer para Origen, Interstellar, Dunkerque o la trilogía de El caballero oscuro!

Probablemente por primera vez en su filmografía, Christopher Nolan pone a (muchos de) sus personajes a la misma altura que aquello que les sucede y se rodea de un elenco portentoso al que dirige con mano maestra. Cillian Murphy está descomunal como Oppenheimer en, probablemente, el papel por el que será recordado, pero la retahíla de nombres es interminable, desde el ya citado Downey Jr. a Matt Damon pasando por Jason Clarke, Josh Hartnett, Casey Affleck, Matthew Modine, Benny Safdie o las breves aportaciones de Kenneth Branagh como Niels Bohr y Tom Conti como Albert Einstein. El apartado femenino es más escueto con una estupenda Emily Blunt como la esposa de Oppenheimer y Florence Pugh en un personaje que probablemente podría haber sido más desarrollado en un guion con el que Nolan vuelve a poner de manifiesto que es mucho mejor director que guionista.

Porque, y aquí es donde radica la madre del cordero, a pesar de su prolijo detalle en la exposición de los hechos y de sus esfuerzos didácticos por hacer inteligibles algunos principios de la física teórica, uno echa de menos un poquito más de reflexión y hondura en un larguísimo libreto que deja apenas apuntadas algunas ideas sobre los problemas éticos del uso de sus descubrimientos que atormentaron a Robert Oppenheimer durante el resto de su vida. En algunos momentos se presienten ligeras intenciones antibelicistas en la pluma de Nolan, pero terminan diluyéndose en la aparatosidad del conjunto.

Algún programador o exhibidor cinematográfico debería pensar en la posibilidad de proyectar en programa doble este Oppenheimer de Nolan seguida del Hiroshima Mon Amour de Alain Resnais. A más de uno se le pondrían los pelos como escarpias. Al fin y al cabo, hay muchas más similitudes que diferencias entre dos directores que han hecho bandera de experimentar con el lenguaje fílmico transgrediendo la narrativa clásica, de jugar con las líneas temporales, de hacer virtuosismos con el montaje cinematográfico y de, en definitiva, dejar su sello autoral en cada una de sus obras. Hace tres años escribí a propósito de Tenet, que Christopher Nolan era el más autor de los cineastas del entretenimiento o el más entretenido de los autores del cine. Después de Oppenheimer, veo la apuesta y la subo.


¿Qué te ha parecido la película Oppenheimer?

Oppenheimer

7.5

Puntuación

7.5/10

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