domingo, julio 21, 2024

Crítica de ‘Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades’: Iñárritu, 21 gramos y medio

Las críticas de Daniel Farriol:
Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades es una comedia dramática mexicana con toques autobiográficos y surrealistas dirigida por Alejandro González Iñárritu (El renacido, 21 gramos) que también co escribe el guion junto a Nicolás Giacobone (El último Elvis, John y el hoyo). La historia es una crónica de incertidumbres donde el protagonista, un reconocido periodista y documentalista mexicano, regresa a su país enfrentando su identidad, sus afectos familiares o la absurdidad de sus memorias, así como el pasado y la nueva realidad de su país.

Está protagonizada por Daniel Giménez Cacho (¿Quién mató a Sara?, Memoria), Griselda Siciliani (Sentimental, Morir de amor), Íker Sánchez Solano, Leonardo Alonso, Andrés Almeida, Ximena Lamadrid, Ruben Zamora y Fabiola Guajardo. La película, tras su paso por el Festival de Venecia, tuvo su presentación en España en la Sección Perlak del Festival de San Sebastián 2022. Se ha estrenado en cines seleccionados de la mano de Netflix el día 27 de Octubre de 2022 y en su plataforma VOD el 16 de Diciembre de 2022.

Un filme-testimonio autobiográfico

Tuve ocasión de ver Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades durante el Festival de Cine de San Sebastián. La verdad es que se palpaba el miedo entre las butacas del Cine Principal ante el visionado en primicia (en España) de la nueva película de casi 3 horas realizada por Alejandro González Iñárritu (que al parecer tiene muchos haters), sobre todo tras la mala recepción que tuvo entre la crítica especializada que pudo verla en su estreno mundial durante el Festival de Venecia. Sin embargo, al final no fue para tanto y, siendo una obra imperfecta, hay muchas cosas buenas que pueden rescatarse de una película absolutamente monumental, histriónica, excesiva y pretenciosa, pero también con destellos de brillantez únicos.

El director mexicano decidió, como tantos otros cineastas en los últimos tiempos, que llegar a un punto álgido de su carrera era el momento ideal para realizar un filme-testimonio donde poder reflexionar en profundidad sobre su vida, su pasado familiar o su legado artístico. En ese sentido, tenemos que decir que la película está mucho más cerca del espíritu de Fellini, ocho y medio (8½) (Federico Fellini, 1963) que de Roma (Alfonso Cuarón, 2018), aunque su planteamiento teórico puede recordarnos a ambas.

Realidad, metaficción y onanismo mental

En Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, tal y como el propio título hace mención, los recuerdos autobiográficos del cineasta se mezclan con sueños surrealistas inventados, reflexiones sociopolíticas y exabruptos varios sobre su forma de ver la vida, incluyendo alguna puya directa al Gobierno de los Estados Unidos y a su política de inmigración, mostrando el trato vejatorio que sufren los mexicanos que viven en su país. Todo ese mejunje argumental y estético funciona mejor a nivel episódico que en el global de la película que acaba sumida en el caos absoluto para desesperación del público que busque un hilo argumental lineal.

En efecto, es un trabajo pedante, onanista, grandilocuente y, a veces, plomizo, pero también encontraremos suficientes instantes de cine en mayúsculas con imágenes que se quedarán grabadas en nuestra retina y nos harán soportar/olvidar todo lo malo anterior. Ya solo en los primeros minutos de la película nos regala dos escenas absolutamente geniales. La primera, por el concepto visual de un plano aéreo que muestra a una sombra correr por el desierto, una imagen de gran belleza plástica que es una metáfora del recorrido posterior que realiza la historia. La segunda, nos ofrece un divertídisimo gag acerca de un niño que no quiere nacer y es introducido nuevamente en el útero de la madre. Tras las risas de un momento tan absurdo, en realidad, se esconde un acontecimiento tan terrible como es la muerte prematura de un bebé.

Desde ese preciso instante, el director ya muestra sus cartas al espectador que quiera aventurarse con él en esta falsa crónica de su vida. Todo lo que ocurrirá después se muestra con un enfoque surrealista mediante la coartada que proporciona el humor desenfadado para hablar de temas serios, llegando a descolocarnos en más de una ocasión entre reflexiones personales de gran calado emocional. En ese viaje alucinógeno habrá espacio incluso para la metaficción cuando aparece un personaje que increpa al protagonista como si fuera un crítico de cine dirigiéndose al propio director. Al parecer, el propio director sabe que tiene esos haters que esperaban su película con las uñas afiladas, así que les dedica ese guiño con sorna.

Referencias, canciones e imágenes insólitas

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades amplifica por mil los característicos movimientos de cámara y planos secuencia que ya son marca de la casa para generar una sensación de ensoñación, de flotar en el vacío autoral de un esteticismo sin enjundia dramática, aunque hay que reconocer que algunos de los fragmentos son alucinantes, de gran belleza plástica o simplemente impactantes, no en vano el director cuenta con la colaboración del fotógrafo-mago Darius Khondji que se luce en muchos momentos.

Las referencias estéticas de la película van desde el citado Fellini o su discípulo Sorrentino, especialmente con la escena de una fiesta que parece sacada de La gran belleza (2013), hasta elementos de la cultura pop, por ejemplo, rescatando una idea que aparecía en el videoclip «Just» de Radiohead cuando la gente decide quedarse tirada en el suelo en mitad de la calle. De hecho, la música es muy importante en el filme incluyendo versiones del «Let’s Dance» de David Bowie o el «In The Cage» de Genesis, entre muchas otras.

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades es una obra pedante e imperfecta sobre la crisis existencial de un hombre-artista, donde se pasa del drama a la comedia con la misma facilidad que se salta por los diversos temas que trata el filme, sean realmente autobiográficos o ficcionados bajo el prisma de su alter ego aquí, Silverio Gacho, pero si eres capaz de aislar en tu cabeza las secuencias por separado vas a disfrutar mucho con algunas de las imágenes más fascinantes y sugerentes que verás en este año cinematográfico como la de Daniel Giménez-Cacho (fantástico) en un cuerpo de niño hablando con su padre o ese bebé gateando en la orilla de una playa.


¿Qué te ha parecido la película?

Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades

7

Puntuación

7.0/10

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