sábado, septiembre 30, 2023

Ciclo Takeshi Kitano: Crítica de ’Aquiles y la Tortuga’ (2008)

Las críticas de David Pérez «Davicine»:
Ciclo Takeshi Kitano

Aquiles y la tortuga

Machisu es un pintor que ha pasado toda su vida intentando alcanzar el éxito que cree merecer. Su mujer Sachiko siempre le ha apoyado en su carrera, pero a medida que avanzan los años su obsesión con agradar a los críticos de arte va alejándole poco a poco de la realidad. Nominada al León de Oro en el Festival de Venecia y ganadora del Premio del Público en el Festival de Sofía, Aquiles y la Tortuga es la película final en la «Trilogía del Surrealismo» en la que Takeshi Kitano analiza la relación del artista con su obra y el proceso creativo que nace entre ambos.

El proceso creativo del artista

Con Aquiles y la Tortuga, Takeshi Kitano concluye su trilogía sobre el artista y el proceso creativo. En Takeshis’ trataba de la distinción entre estrellas de cine y la gente de fuera del espectáculo, y en Glory to the filmmaker! se centraba en la eterna lucha del cineasta entre lo comercial y las aspiraciones personales. En este trabajo recurre Kitano abiertamente a su gran pasión: la pintura. Takeshi Kitano es un artista en sí mismo, y en esta ocasión opta por discrepar del arte contemporáneo y quizás de sí mismo, lo que no es algo nuevo tras algunos de sus trabajos anteriores, volviendo a combinar drama con comedia, y llevando la película hasta el humor negro.

Dramáticamente concebida en tres actos, la película sigue la vida de un artista a través de tres etapas de vida. En la primera es un joven estudiante de primaria que vive momentos emocionales difíciles. Su introversión se muestra hábilmente desde los primeros minutos. La segunda parte de la película nos muestra al protagonista ya de adolescente, buscando su propia expresión a través de sus estudios experimentando con sus colegas, lo que lo empuja hasta el aislamiento espiritual. El propio Kitano protagoniza el último acto que, con diferencia, es el más extraño, repleto del humor negro característico de sus proyectos, con un artista que no ha evolucionado ni espiritual ni artísticamente, copiando sin cesar tendencias y aislado en su caparazón de artista fracasado.

Ciertamente, la primera hora es la más seria, avanzando muy lentamente, lo que aporta aún más dramatismo, despegando el humor cuando Takeshi Kitano aparece como un anciano padre de familia. Así, la película tiene un enfoque entretenido cuando se centra en los elementos que harán al artista famoso dentro del mundo del arte, aunque se haga eco de la tristeza de aquellos que no encuentran un lugar en este complejo mundillo, pero es ameno ver las diferentes búsquedas de un estilo propio, probando cosas que no se han hecho antes.

Kitano dirigiendo a Kitano

Independientemente de su enfoque dramático, Kitano como director demuestra siempre sus increíbles habilidades artísticas, y como no cabría esperar de otra forma, aquí realiza un uso de la paleta de colores que brilla con más fuerza que nunca. Cualquier persona interesada en el arte debiera ver esta película, que cuenta con obras del propio Kitano, algo que ha hecho en trabajos previos, aunque no es el autor de todas las obras que vemos en la película, demostrando en ellas un minucioso estudio de Klee, Picasso y Miró, entre otros.

Visualmente emocionante, las imágenes siempre juegan un papel importante en Aquiles y la Tortuga, desde las pinturas infantiles del principio o los experimentos de Kitano hacia el final, encajando todo con el personaje principal, que cuenta con el estilo típico de interpretación de Kitano en el que casi nunca se emociona, pero también acepta los giros extraños de la vida con un encogimiento de hombros. Y es que nadie mejor que el propio Kitano para entender las necesidades y carencias emocionales que tiene su protagonista en la película, siendo Takeshi Kitano quien se mete en la piel de Machisu Kuramochi, un tipo para nada agradable, capaz de todo por tener un nombre en el arte, destacando una escena típica de Kitano cuando Kuramochi quiere tener una experiencia cercana a la muerte para volverse más creativo e implica a su mujer, pero no son las únicas escenas memorables por lo bizarro que nos muestra. Kitano solo aparece en el tercer acto, pero tiene un buen apoyo actoral.

Aquiles y la Tortuga es otro ejemplo de cómo Takeshi Kitano emplea el humor negro para poner en duda el proceso creativo de un artista, consiguiendo una película que combina con acierto el drama y la comedia, pero siempre entreteniendo. Después de las dos películas anteriores de su particular trilogía, Aquiles y la Tortuga parece el regreso de ese Kitano adorado por los críticos tradicionales y los comités de selección de festivales de cine.


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Aquiles y la tortuga

7.2

Puntuación

7.2/10

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