Las críticas de Laura Zurita:
La asistenta
Una joven con un pasado complicado comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde…
La asistenta está dirigida por Paul Feig sobre un guion de Rebecca Sonnenshine, que es una adaptación de la exitosa novela homónima de Freida McFadden. En su reparto encontramos a Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone, Elizabeth Perkins, Megan Ferguson y Ellen Tamaki. La película se estrena en España el 1 de enero de 2026 de la mano de Diamond Films España.
La casa, refugio y cárcel
La asistenta quiere adentrarse en el terreno del thriller psicológico ambientado en la intimidad doméstica. La casa deja de ser refugio para convertirse en un espacio de poder, control y apariencia impecable, donde cada superficie pulida esconde una grieta. La novela en la que se basa el guion se convirtió en un fenómeno viral masivo gracias a TikTok y los influencers. Yo no la he leído, y no sé si es una buena adaptación de la novela, y analizaré La asistenta como película, sin valorar si se parece al material original.
La asistenta sigue a Millie, interpretada por Sydney Sweeney, una joven con un pasado difícil que acepta un trabajo como asistenta en la mansión de los Winchester buscando estabilidad. La elección del apellido tiene resonancias, siendo las armas de los Winchester muy conocidas y de gran popularidad. Lo que encuentra en esta casa, sin embargo, es un mundo hostil, con condiciones mucho más duras de lo prometido: control, vigilancia, reglas implícitas que se van explicitando y una jerarquía clarísima en la que ella está en el escalón más bajo.
La figura con la que se encuentra (el arma cargada) es Nina Winchester, encarnada por Amanda Seyfried. Su personaje es manipulador, posesivo, protector de su mundo blindado por el privilegio, pero curiosamente inestable. Juega a no dejar ver nunca quién es realmente, si es encantadora u obsesiva.

La escala de poder en la esfera doméstica
La asistenta explora cómo el poder se ejerce en la esfera privada. No hace falta la violencia desatada, la mera dominación basta. La palabra y el dominio económico y social funcionan como una gran cárcel de puertas abiertas. La casa misma parece al principio un modelo de orden: todo limpio, todo en su lugar… hasta que la puesta en escena se resquebraja y el decorado revela su verdadera naturaleza, en clave simbólica.
El guion de la película sigue de manera bastante rutinaria los códigos del thriller doméstico y los enlaza con el pasado de Millie, que se va desvelando poco a poco. Y cuando creemos que sabemos dónde estamos y cuál es el juego, nos lo cambia. Hay una escena tan construida que revela que es una necesidad del guion, y luego comienza una narrativa distinta y más sorpresiva, que nos lleva sin descanso hasta la escalada final.
Interpretaciones y tono
Sydney Sweeney construye a Millie esforzándose por hacer un personaje completo, al que, por supuesto, se le da oportunidad de desplegar ampliamente su lado sexy. A su lado, Amanda Seyfried encarna un retrato inquietante de inestabilidad controlada, y el juego entre ambas sostiene el interés de la narración. El resto del reparto funciona como un coro que cumple con su papel, todos guapísimos, dejando a las protagonistas hacer en solitario la entrada y la salida de la película.
La asistenta mantiene un ritmo sostenido, con una primera parte rutinaria y reconocible dentro del género, hasta llegar a su tramo final, que se anima y alterna momentos de tensión creciente con otros que rozan el humor negro, aunque le falta un poco de rabia y mala baba. El filme no pretende ser realista (ni falta que le hace) y algunos giros coquetean abiertamente con el folletín. El propio final parece guiñarnos un ojo, como si dijera: “Si no te lo crees, da igual; has aceptado el juego”. Ese tono que mezcla tensión y burla, comedia y drama, busca propiciar a un público joven, al que la película va dirigida.
En definitiva, La asistenta es un thriller ambientado en un universo de privilegio con fondo turbio, cuyo destinatario es el público joven. Su mayor fuerza reside en no exigirnos que lo asumamos como una crónica realista o tomarlo demasiado en serio, sino que es puro juego y entretenimiento.
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