jueves, enero 1, 2026

Crítica de ’Rondallas’: Mucho más que la peli buenrrollera del año

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
Rondallas

Vivimos tiempos en los que es muy difícil resistirse al pesimismo, los informativos se consumen entre partes de guerra, informes de corrupción, notas de inflación y necrológicas. Si uno se deja llevar por el ánimo colectivo, únicamente parecen existir dos opciones emocionales, o cabrearse o entristecerse. Para lo primero tenemos algunas redes sociales convertidas en vertederos de odio y bilis y para lo segundo las farmacias, no en vano el consumo de antidepresivos aumenta día a día en todo el mundo y España ya está entre los cinco con mayor cantidad de dosis diarias per cápita.

Por eso es tan importante que en este estado de las cosas haya quien, desde diferentes ámbitos, sea capaz de ofrecer una tercera vía. Y ha tenido que ser desde el cine desde dónde, uno de los directores más humanistas del cine español actual, Daniel Sánchez Arévalo, escriba y dirija una película como Rondallas que, contra el cabreo y el desánimo, propone una solución comunitaria para unir y levantar el ánimo a un pueblo abatido por la desgracia.

Rondallas nos presenta a una pequeña población marinera gallega que vive sumida en la tristeza colectiva dos años después del trágico naufragio de un barco pesquero en el que murieron siete hombres del pueblo, entre ellos el patrón del barco que, además, era quien lideraba la rondalla local, una agrupación de música tradicional a base de gaitas, castañuelas, panderetas y charrascos con la que cada año el pueblo competía en un certamen comarcal del área metropolitana de Vigo.

Rondallas

A este contexto de abatimiento trata de hacer frente Luis (Javier Gutiérrez), uno de los dos supervivientes del accidente, que intentará aglutinar a sus convecinos volviendo a convocar a la rondalla con la intención de superar el duelo comunal a través de una actividad lúdica de folclore tradicional de las que pone (o debería poner) a todo el mundo de acuerdo. Tras vencer ciertas reticencias iniciales, la rondalla se pone en marcha y, con ella, el mecanismo narrativo de Daniel Sánchez Arévalo para filmar una película de buenas personas y buenos sentimientos en la que varias tramas narrativas accesorias se entrelazan con la principal, que no es otra que el pueblo vuelva a estar unido y alegre una vez digerida la desgracia y consiga participar, dos años después, en el certamen de rondallas.

Y tanto para la trama principal como para las accesorias, Sánchez Arévalo ha escrito una serie de personajes en torno a Luis (no sé si siempre tuvo en mente a Javier Gutiérrez, pero no se me ocurre otro actor más idóneo para interpretar a un personaje que le va como anillo al dedo), desde su amigo Yayo (Carlos Blanco), también superviviente del fatídico naufragio; Carmen (María Vázquez) la viuda de su amigo y su hija adolescente Andrea (Judith Fernández); Eli (Fer Fraga) un joven del pueblo con talento musical que ha ido a estudiar a Berkeley y una tronchante pareja de guardias civiles a la que dan vida Xosé Antonio Touriñán y, el verdadero descubrimiento de la película, un Tamar Novas desatado demostrando una vis cómica que la mayoría de los espectadores, hasta ahora, desconocíamos.

Con estos mimbres, Sánchez Arévalo ha filmado la película buenrrollera del año, una de esas películas que puede que no entusiasme a todo el mundo pero que difícilmente disgustará a alguien, aun así, sería un tremendo error despachar la película con la etiqueta de comedia bienintencionada hecha para gustar al público (como si eso fuera fácil). Porque tras su apariencia de película amable, Rondallas es una película de tesis que, además de divertir, mueve a reflexionar sobre temas tan alejados de lo popular como la pérdida, la culpa, la inseguridad, la soledad, las crisis de identidad o las heridas emocionales que, en mayor o menor medida, todos llevamos encima. Y tratar temas de tanta enjundia en un tono distendido, haciendo reír al espectador (incluso a carcajadas) y humedeciendo los ojos en la secuencia siguiente solo está al alcance de directores con un talento especial para entender al ser humano, y eso, no es nuevo en la filmografía de su director.

Tampoco son ajenos al éxito de la película el conjunto de actores, todos ellos gallegos (al menos en los personajes principales), entregados a unos personajes que pegan a sus pieles, ya hemos dicho que Tamar Novas está brutal, pero también lo está Carlos Blanco con quien forma una entrañable “extraña pareja”, María Vázquez a la que da gusto ver sonreír en un personaje vitalista o la joven Judith Fernández que incorpora un montón de matices interpretativos a un personaje con el que lo fácil habría sido hacer un cliché.

A un guion bien escrito sobre una historia entrañable, a una dirección atinada en la puesta en escena y la filmación y a un elenco de actores entregados a sus personajes, sumen el poder de la música y la ambientación en una zona espectacularmente hermosa de Galicia. ¿Qué puede salir mal?

Rondallas

8.5

Puntuación

8.5/10

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