Crítica de ‘Vortex’: El triste final de una fiesta efímera

Las críticas de Daniel Farriol:
Vortex

Vortex es un drama francés escrito y dirigido por Gaspar Noé (Lux Æterna, Climax). La historia nos muestra con detenimiento los últimos días de una pareja de ancianos que comienzan a sufrir enfermedades, ella demencia y él problemas cardiovasculares. «La vida es una fiesta corta que pronto será olvidada». Está protagonizada por Dario Argento (Tutti pazzi per amore, Il cielo è sempre più blu), Françoise Lebrun (Twelve Thousand, La mujer que sabía leer) y Alex Lutz (A L’ombre des filles, Guy). La película se estrenó en España en la Sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián 2021. En cines comerciales gracias a Filmin Cinema desde el 29 de Julio de 2022. Y en la plataforma digital de Filmin a partir del 7 de Octubre de 2022.

El cine se adentra en la vejez

El polémico director franco-argentino Gaspar Noé sorprende con una obra pesimista y desgarradora sobre el paso del tiempo, la vejez, la enfermedad y la muerte. Tiene una pulcritud narrativa asombrosa durante 142 minutos donde se aleja de sus habituales desmanes visuales, pero sin perder un ápice de su capacidad para golpearte hasta dejarte fuera de combate. La idea le vino tras ver como su madre y su abuela sufrieron demencia, padecer la muerte de familiares y otros allegados, y sufrir en sus propias carnes la experiencia de una hemorragia cerebral. Todo eso hizo que el director tuviera tiempo para reflexionar sobre la vida y nuestra cercanía a la muerte, resultando de todo ese proceso introspectivo la película Vortex, posiblemente su trabajo más intimista y maduro realizado hasta la fecha.

No es el único autor que en los últimos años se ha acercado en el cine a retratar la vejez, es más, me atrevería a decir que la pandemia y el confinamiento nos han cambiado como sociedad. Sin duda, ha sido una época difícil para todos que nos ha obligado a enfrentarnos directamente con todo aquello que muchas veces evitábamos mirar, la parte «fea» de la vida, la aspereza de una realidad que nos lleva irremediablemente y cada día a estar más cerca del final nuestra propia existencia. Tal vez el despertar de esa conciencia colectiva sea la que haya llevado a cineastas de distintas partes del mundo a coincidir en emplear la vejez y la decrepitud provocada por las enfermedades como parte central de sus últimos trabajos. Tenemos el ejemplo de El padre (Florian Zeller, 2020), pero es en el cine de género donde se ha notado más este miedo a la senectud con trabajos como Relic (Natalie Erika James, 2020), La abuela (Paco Plaza, 2021) o X (Ti West, 2022), entre otros.

La rosa que se marchita

Está claro que antes ya se habían hecho otras películas que tocaron el tema de la vejez como Amour (Michael Haneke, 2012), un excelente filme que te dejaba muy mal cuerpo, pero es que Vortex sube aún más la apuesta. La escenificación que hace Gaspar Noé del ocaso del ser humano no deja espacio para la esperanza, así que, siendo una película magnífica, no puedo recomendar su visionado a nadie sin advertirle antes que te deja absolutamente devastado, tanto que yo mismo no sé si seré capaz de volver a verla.

El plano de apertura es una panorámica que nos lleva hacia la terraza de la casa donde viven una pareja de ancianos, Lui (Dario Argento) y Elle (Françoise Lebrun) mientras pasan una agradable tarde tomando una copa de vino. La imagen está recortada, como en el formato de una vieja fotografía efectuada con una Polaroid, es el preludio del estilo que marcará después el resto de la película. Noé fija los créditos de la película al principio, como se hacía antaño, y después nos lleva a un videoclip de la melancólica «Mon amie la rose» interpretada por Françoise Hardy. El director nos lo deja claro desde el principio, la letra de la canción habla sobre lo efímero de la vida con la metáfora de una rosa que florece y se marchita.

No es casualidad esa elección musical, además de resumir el tema sobre el que versa la película, pone en escena a una bellísima cantante en el esplendor de su juventud, a sabiendas de que ahora a sus 78 años se encuentra luchando con un cáncer terminal de faringe cuyo sufrimiento le ha llevado a solicitar públicamente que le practiquen la eutanasia. Noé no solo nos cuenta lo rápido que pasa la vida sino también lo injusto y doloroso que suele ser el final, por eso dedica el filme “Para aquellos cuyo cerebro se pudrirá antes que su corazón”.

Pantalla partida

El característico estilo visual de Gaspar Noé sigue presente en Vortex a través de una pantalla partida donde fija la acción de Lui y Elle en dos recuadros independientes. Ella está aquejada de una enfermedad neurológica degenerativa que le hace perder la conciencia del lugar donde se encuentra e incluso de su verdadero yo. Él intenta cuidarla mientras debe tratarse, a su vez, de una dolencia cardiovascular. Las únicas visitas que reciben son las de un hijo que tiene graves problemas de adicción y que no encuentra el modo de ayudarles en esa etapa final de sus vidas.

La doble pantalla tiene un formato de diapositivas que provoca un curioso juego escénico mediante la contraposición en tiempo real de las imágenes de cada uno de los integrantes del matrimonio. Aunque estén en una misma estancia o dialogando, se mantiene el formato de pantalla partida como reflejo de que cada vida funciona por separado incluso conviviendo en pareja. Si uno de los dos muere, esa porción de pantalla quedará en negro e incompleta. El director ha citado como referencias para este proyecto a Lejos de ella (Sarah Polley, 2006), Umberto D (Vittorio De Sica, 1952) y La balada de Narayama (Shôhei Imamura, 1983) pero, como genio y figura que es, sigue fiel a sí mismo y cuesta encontrar comparativas a su forma de entender el cine.

El engaño de la vida y del cine

En cada cambio de plano/encuadre se incluyen unos fotogramas en negro que incomodan el visionado o, mejor dicho, producen un profundo desasosiego. Esas breves interrupciones podrían simular el parpadeo de la mirada humana o, si vamos más allá, trazar un paralelismo en sus reflexiones entre la decadencia del cuerpo y del propio formato cinematográfico. En la casa se pueden ver numerosos pósters de películas de Dreyer, Tarkovski, Godard, Fritz Lang… todos cineastas clásicos que no dejan espacio para creadores contemporáneos, mientras que por otro lado también hay referencias psicoanalíticas a Freud o Jung. No podemos olvidar que el cine en sí mismo es un engaño al ojo humano formado por 24 instantáneas fijas por segundo que crean la ilusión de una imagen en movimiento. Noé nos lo recuerda con esos cortes continuos.

El director utiliza un ritmo aletargado asociado a la rutina diaria de sus protagonistas, estirando las acciones que realizan hasta llegar a confrontar la paciencia del espectador, pero a medida que avanza la película esa dilatación aparentemente innecesaria de los planos acaba provocando una sensación absolutamente asfixiante, cuanto más despacio pasa todo más cerca nos acercamos al final. Ver Vortex es entonces lo más parecido a ser enterrado e ir contemplando como Gaspar Noé te tira la tierra encima. No hay escapatoria a la vida, tan solo la muerte. La fiesta se acaba, la música deja de sonar, el apartamento de Lui y Elle se queda vacío y nosotros tenemos el corazón encogido.


¿Qué te ha parecido la película?

Vortex

8.5

Puntuación

8.5/10

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