Crítica de ‘X’: Miedo y asco en la maldita Texas

Las críticas de Daniel Farriol:
X

X es un filme de terror estadounidense escrito y dirigido por Ti West (La casa del diablo, Los huéspedes). La historia nos sitúa en Texas, en el año 1979. Un grupo de jóvenes se proponen a rodar una película pornográfica en una casa apartada que alquilan a unos ancianos, pero antes de terminar la película deberán luchar por sus vidas. Está protagonizada por Mia Goth (La cura del bienestar, Mayday), Jenna Ortega (Scream, The Fallout), Brittany Snow (Terapia sexual, El juego del ahorcado), Kid Cudi, Martin Henderson, Owen Campbell, Stephen Ure y Geoff Dolan. La película se ha estrenado en España de la mano de eOne Spain el día 29 de Abril de 2022.

Terror y humor en un ejercicio de estilo setentero

La película se ha convertido en todo un acontecimiento entre los aficionados al cine de terror. Tras las cámaras tenemos al cineasta Ti West, uno de los autores más inteligentes e interesantes que ha dado el género en los últimos años tal y como atestiguan anteriores trabajos suyos como La casa del diablo (2009), Los huéspedes (2011) o The Sacrament (2013). Con nos regala un perverso homenaje al terror que se hacía en los años 70 y al cine exploitation de autocine y videoclub, armando un artefacto explosivo cuya onda expansiva va mucho más allá del simple ejercicio referencial.

De ese modo, la historia nos sitúa concretamente en el año 1979, en pleno corazón de la América Profunda, en una Texas redneck de carácter ultraconservador que permanecía impasible bajo el yugo de una sexualidad reprimida que se veía amenazada, poco a poco, por parte de las nuevas generaciones apegadas al movimiento contracultural que traía consigo un nuevo modo más abierto de relacionarse. En ese contexto de contrastes Ti West nos muestra a un grupo de jóvenes desinhibidos que pretende hacer dinero rodando una película pornográfica casera utilizando como plató la casa de invitados de una granja regentada por dos ancianos decrépitos que viven obsesionados con el programa de TV de un telepredicador. Si aún no lo habéis advertido, X es una película de miedo que contiene mucho humor y mala baba en cada una de sus decisiones argumentales y de puesta en escena, como esos trucos de montaje en las transiciones o en la narración paralela.

Muchos «huevos de Pascua» como parte del juego

es pura metaficción. El plano de apertura del filme tomado desde el umbral de una puerta se asemeja al formato de pantalla cuadrado del fotograma de una cámara de Súper-8, sin embargo, inicia luego un movimiento suave hacia adelante para que esa imagen cuadrada se amplíe hasta un formato panorámico. Es parte del juego que nos propone Ti West. De hecho, durante toda la narración, irá dejando detalles de este tipo o «huevos de Pascua» que anticipan muchas de las cosas que sucederán después, incluso se atreve a dejarnos pistas sobre cómo serán las muertes de algunos de los personajes. En el caso de ese encuadre inicial, se trata de una declaración de intenciones sobre el lenguaje cinematográfico de la época que cobra sentido al tener unos protagonistas que, a su vez, son cineastas independientes. El cine dentro del cine.

Durante esa mutación-homenaje, adopta los colores y texturas del cine setentero gracias al espectacular trabajo que realiza el fotógrafo Eliot Rockett (Grimm, Snowfall) para transportarnos a un mundo de sensaciones cinéfilas donde la imperfección, el grano y las tonalidades menos contrastadas eran un valor añadido que caracterizaba aquellas filmaciones de cámara en mano o guerrilla que se utilizaban tanto en el ámbito doméstico como en el cine más underground. Nada que ver con los coloridos filtros de instagram o la fría perfección falsamente hiperrealista de las cámaras digitales de hoy en día.

Frustración vs. liberación sexual

La inefable película pornográfica que se rueda dentro de X se titula «Las hijas del granjero», nombre que toma prestado de un retorcido filme erótico dirigido por Zebedy Colt en 1976 que trastocaba los habituales roles entre víctima-agresor, estando formado el incauto grupo de cineastas por: Wayne (Martin Henderson), productor que busca convertirse en un magnate del sexo a lo Larry Flynt, alguien que por aquel entonces ya había lanzado a la venta su revista Hustler; RJ (Owen Campbell), director con ínfulas de artista que pretende convertir una película porno en una obra de arte; Jackson (Kid Cudi), actor afroamericano incansable y bien dotado que disfruta con su trabajo; Bobby-Lynne (Brittany Snow), la estrella de la peli, una bomba sexual rubia que parece creerse la nueva Marilyn Monroe; Maxine (Mia Goth), novia de Wayne, con un talento especial para transformarse delante de las cámaras y cuyo físico puede recordarnos en ocasiones a Linda Lovelace; y, finalmente, Lorraine (Jenna Ortega), novia de RJ que asiste al rodaje como técnica de sonido y finalmente acaba pillándole el gusto a eso de aparecer teniendo sexo delante de las cámaras.

La granja donde filman la película está regentada por un matrimonio formado por Howard (Stephen Ure) y Pearl (irreconocible Mia Goth, otra vez), dos ancianos ajados y decadentes que aparentan tener casi 100 años, al menos esa es la sensación amplificada que provoca un maquillaje poco sutil que los vuelve incluso desagradables a la vista. Son algo así como si los abuelos de La visita (M. Night Shyamalan, 2015) tuvieran parientes lejanos dentro de la familia Sawyer de La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974). El sexo se asocia a un acto de voyeurismo contagioso que se transmite entre el rodaje y la granja con vasos comunicantes, siendo Pearl y Maxine, dos rostros de una misma mujer (actriz) que sirven para reflexionar con sorna sobre la frustración/liberación sexual originada como resultado de una educación religiosa castrante. Al mismo tiempo que se rodó X, Ti West ya filmó la que será su precuela titulada Pearl y que nos pondrá en antecedentes sobre este macabro personaje.

Cinefilia, sangre y otras exquisiteces

La película está plagada de referencias cinematográficas. La obra maestra de Hooper antes citada está considerada una de las precursoras del slasher y el gore que aquí se abordan desde un tono más festivo y recreativo, así que la influencia de esa película está mucho más presente en la ambientación, la textura de la imagen o en la localización escogida para desarrollar la historia más que en un modo de acercarse al terror o mostrar la violencia. No es la única referencia cinéfila. Hay guiños a Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), Garganta profunda (Gerard Damiano, 1972), Trampa mortal (Eaten Alive) (Tobe Hooper, 1976), Trampa para turistas (David Schmoeller, 1979) o El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), por ejemplo, de la que recupera la idea de una vejez en putrefacción como elemento de terror corporal nauseabundo. Sin duda, Pearl es prima hermana de la anciana de la bañera que habitaba la habitación 237 del Hotel Overlook.

se añade, pues, a una corriente actual en el cine de género que conecta la senectud con nuestros miedos más íntimos y profundos. Relic (Natalie Erika James, 2020), La abuela (Paco Plaza, 2021) o El padre (Florian Zeller, 2020), trataban ese mismo tema desde distintas ópticas y lo que hace Ti West ahora es recoger ese testigo para incorporar una visión sarcástica sobre lo mucho que nos incomoda observar la vejez, asimilar los cambios de nuestro cuerpo en el espejo o considerar la existencia de la sexualidad en la tercera edad.

El director es tan valiente que tarda 60 minutos en mostrar el primer asesinato, eso sí, a partir de ahí la película se convierte en un festín sangriento de lo más divertido y terrorífico donde risas y sustos se acompasan al ritmo de melodías tan reconocibles como un cover del «Landslide» de Stevie Nicks, «In the Summertime» de Mungo Jerry o, especialmente, la mítica «Don’t Fear the Reaper» de Blue Öyster Cult que da lugar a uno de los momentos más bizarros de la película. es un slasher atípico que rompe con las expectativas del subgénero y ofrece una vuelta de tuerca liberadora sobre la promiscuidad sexual, cambiando a la habitual final girl virginal por una actriz porno, una manera radical y transgresora de acercarse a los clásicos desde una perspectiva menos moralista. Por todo ello, X resulta mucho más compleja y desafiante de lo que aparenta en un principio, pero también es un divertimento palomitero con una gran puesta en escena y un trabajo de sonido espectacular que contiene escenas de culto instantáneo como el plano cenital del lago en el ataque del caimán.


¿Qué te ha parecido la película?

X

8.2

Puntuación

8.2/10

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