Ciclo David Lynch: Crítica de ‘Una historia verdadera’ (1999)

Las críticas de Daniel Farriol:
Ciclo David Lynch
Una historia verdadera (1999)

Una historia verdadera (The Straight Story) es un drama intimista inspirado en hechos reales que está dirigido por David Lynch y cuenta con guion de John Roach y Mary Sweeney. La historia sigue a Alvin Straight, un achacoso anciano que vive en Iowa con una hija discapacitada que cuando recibe la noticia de que su hermano Lyle ha sufrido un infarto, decide recorrer 500 kilómetros encima de una máquina cortacésped, pese a que lleva enemistado con él muchos años. Está protagonizada por Richard Farnsworth, Sissy Spacek, Harry Dean Stanton, Everett McGill, John Farley, Jane Galloway Heitz, Dan Flannery y Kevin P. Farley.

Una road movie humanista subida en un cortacésped

Tras realizar la alucinógena Carretera perdida (1997) que reabrió el estéril debate de si el cine de David Lynch era más raro que un perro verde y no se entendía nada de lo que hacía, dos años después el director de Missoula sorprendió a propios y extraños con Una historia verdadera, una minimalista road movie repleta de sensibilidad que muchos dicen que no parece una película suya. Es cierto que, en esta ocasión, no participó en el guion, pero eso no significa que no encontremos multitud de aspectos lynchianos a lo largo del filme que iremos comentando con atención.

La historia fue escrita por John Roach junto a Mary Sweeney, colaboradora habitual del director durante más de 20 años en tareas de producción y edición desde la época de Terciopelo azul (1986). Se inspiraron en la historia real de Alvin Straight, un granjero de 73 años con problemas de cadera que viajó durante semanas subido a un cortacésped en un trayecto de más de 500 kilómetros, entre Iowa y Wisconsin, para ir a visitar a su hermano que había sufrido un infarto y con el que hacía años no se hablaba. Es un relato humanista que contrasta con la oscuridad que destilan la mayoría de las películas de Lynch, pero también es una detallada descripción de la idiosincrasia del paisaje americano que está presente en muchas de sus obras.

Una escena inicial calcada de ‘Terciopelo Azul’

De ese modo, lo cotidiano se ve trastocado por algún suceso inesperado que perturba la normalidad y que en el cine de Lynch acostumbra a estar representado por el fuego. La planificación de la secuencia de apertura de Una historia verdadera es casi un calco de la que tenía Terciopelo Azul. El director inicia los créditos sobre un cielo estrellado para pasar a unos planos aéreos sobre unos extensos campos que están siendo segados. Después nos lleva hasta un pueblo típico del medio oeste americano donde con un sigiloso movimiento de grúa la cámara se acerca hasta el jardín de una casa donde una mujer toma el sol en una tumbona.

Es una escena igual de bucólica al momento de Carretera Perdida en que Pete Dayton tomaba el sol al son de «Insensatez» o, como decíamos antes, a la presentación de Terciopelo Azul con aquel instante de felicidad que quedaba truncado por el infarto que sufría el padre del protagonista mientras regaba el jardín. Aquí la idea se repite y la cámara sigue avanzando hasta la ventana de una casa, entonces escuchamos un golpe seco que rompe esa tranquila estampa cotidiana. La diferencia es que, en esta ocasión, el suceso no es tan trascendente y el golpe corresponde a que Alvin Straight (Richard Farnsworth), un anciano que necesita de dos bastones para mantenerse en pie, ha sufrido una caída que le mantiene tumbado en el suelo de su casa hasta que es hallado por unos amigos y su hija, pero no se trata de nada grave. Está claro que el tono de la película es otro y que la oscuridad se servirá con cuenta gotas.

El fuego que perturba lo cotidiano

El fuego es una de las obsesiones presentes en casi todas las películas de Lynch. Lo vimos en Corazón salvaje donde el trágico incendio de una casa en el pasado era el inicio de los problemas para Sailor y Lula, o con la cabaña en el desierto de Carretera perdida que era un símbolo del subconsciente escindido del protagonista, idea rescatada de Twin Peaks: Fuego camina conmigo. Los fósforos encendiéndose en plano detalle también tienen cabida en forma de guiño en Una historia verdadera donde el fuego tiene una presencia trascendental como elemento perturbador de esa cotidianidad.

Una tormenta de rayos es el preludio a la llamada de teléfono que anuncia el infarto de Lyle (Harry Dean Stanton), el hermano con el que Alvin lleva 10 años sin hablarse por una discusión que ya ni recuerda. Otro ejemplo es la escena en que una cabaña arde junto a la carretera en una pendiente tan pronunciada que provoca la aceleración inesperada del cortacésped donde viaja Alvin hasta causarle un accidente. Está el tema de la guerra, con el fuego de la pólvora como trauma interior y, también, el dramático relato que, junto al fuego, explica Alvin a Dorothy (Jane Galloway Heitz), una joven autoestopista que ha huido de casa. Allí nos enteramos que los servicios sociales le quitaron los hijos a Rose (Sissy Spacek), la hija de Alvin que tiene una ligera discapacidad, tras un incendio que provocó quemaduras a uno de ellos, pese a que la chica no era quién estaba a su cuidado en ese momento.

El final de la existencia humana

Tal y como hemos detallado, otros aspectos que se repiten en el cine de Lynch como son la enfermedad y la discapacidad también están presentes. En este caso sin ninguna relación con la monstruosidad y el deterioro del alma si no como elemento inseparable al final de la existencia. En el caso de Una historia verdadera tiene el añadido trágico de que el veterano actor Richard Farnsworth estaba afectado en la vida real por una enfermedad terminal con cáncer de huesos que le había causado la parálisis parcial de las piernas como le sucede al personaje que encarna. A causa de los dolores que le provocaban esa enfermedad, el actor se suicidaría al año siguiente.

Pese a tratarse de una película luminosa que retrata la bondad humana y ensalza los valores familiares desde la emoción y el humor, ni siquiera la excelsa y preciosista fotografía de Freddie Francis, ni la belleza de la partitura compuesta por Angelo Badalamenti, pueden ocultar cierto fatalismo en la representación de una vida que llega al ocaso y que necesita hacer las paces consigo misma antes de morir (recuperar a su hermano y exteriorizar la culpa que carga desde la guerra). Alvin Straight lo deja claro con la frase «la peor parte de ser viejo es recordar cuando eras joven». Es la sensación de haber llegado al final demasiado rápido, algo que contrasta irónicamente con la velocidad de su viaje en el cortacésped que le permite detenerse en cada uno de los detalles y personajes que le rodean.

El mismo significado de una infancia que nunca regresa lo encontramos en el plano de un niño jugando a pelota muy similar a uno que puede pasar más desapercibido en Carretera Perdida, cuando en plena fuga psicogénica Fred Madison ya se ha convertido en Pete Dayton y, al mirar por encima de una valla de jardín, ve unos juguetes de niño. En su interior sabe que nunca podrá volver atrás para borrar lo que ya ha hecho.

Vida, muerte y vínculos familiares

El cierre de Una historia verdadera es magistral y tremendamente sencillo. Los dos testarudos hermanos se reúnen al fin cuando Alvin llega a su destino. Es un reencuentro sin apenas palabras ni expresiones de arrepentimiento, tan solo necesitan sentarse el uno junto al otro para admirar las estrellas como hacían cuando eran jóvenes. Es una escena fraternal preciosa que estaría en el Top de las mejores cosas filmadas nunca por Lynch. Farnsworth y Dean Stanton están simplemente maravillosos. De hecho, el primero fue nominado al Oscar con 79 años y durante dos décadas mantuvo el récord de ser el actor más longevo en recibir esa nominación hasta que en 2021 le arrebató ese honor Sir Anthony Hopkins con El padre (Florian Zeller, 2020).

Encontraremos otros guiños al cine de Lynch como el plano de la línea discontinua de la carretera que imita a los créditos de Carretera Perdida, pero funciona por contraste, a plena luz del día y con la lentitud con que avanza Alvin en su cortacésped. Tenemos también una extraña secuencia rupturista con un accidente de tráfico, al igual que sucedía en Corazón salvaje, aquí se trata de una mujer histérica que ha atropellado a un ciervo y en un monólogo bastante surrealista dice haber atropellado a 13 ciervos en las últimas semanas pese a que a ella le encantan esos animales. Homenajes autorreferenciales, ideas que se repiten y tendencia hacia lo extraño son elementos que se mitigan en Una historia verdadera a través de la sencillez de una historia que reflexiona sobre la vida y la muerte, y sobre la necesidad de apoyarse en los vínculos familiares para superar los reveses que nos provocan tristeza.

La vida no es un cuento de hadas

En ese sentido, la secuencia de Alvin con la autoestopista comiendo salchichas de hígado junto a la fogata es memorable. Podría haber caído en la ñoñería y, sin embargo, consigue emocionarnos hasta la lágrima con un simple manojo de ramitas. No es casualidad que esa joven adolescente que ha huido de casa para ocultar un embarazo a sus padres, se llame Dorothy, igual que la protagonista del cuento «El maravilloso mago de Oz» (referencia absoluta para la película Corazón salvaje), y es que las dos Dorothy son chicas perdidas en un mundo de adultos que deben hallar la manera de volver a su hogar para crecer junto a los suyos.

Esa escena tiene una réplica igualmente emotiva durante una acampada en el cementerio (analogía del final del viaje) con Alvin compartiendo una conversación con el reverendo de una iglesia cercana donde el tema de la familia vuelve a ser el eje primordial. Una historia verdadera es una película maravillosa sobre la bondad humana que crea un vinculo emocional invisible con El hombre elefante para sacar a relucir la enorme sensibilidad que posee Lynch como director, más allá de sus habituales «rarezas» surrealistas que, como estamos destripando en este ciclo, tienen más sentido de lo que parecen a simple vista.


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Una historia verdadera

9.5

Puntuación

9.5/10

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