viernes, enero 23, 2026

Crítica de ‘Sin piedad’: Justicia sin compasión

Las críticas de Laura Zurita:
Sin piedad

En un futuro próximo, el detective Chris Raven (Chris Pratt) es juzgado acusado de asesinar a su esposa. Tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza de la I.A. avanzada (Rebecca Ferguson), a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su destino.

Sin piedad está dirigida por Timur Bekmambetov y escrita por Marco van Belle y protagonizada por Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kali Reis, Annabelle Wallis, Chris Sullivan, Kylie Rogers, Jeff Pierre, Rafi Gavron, Kenneth Choi y Jamie McBride. La película  se estrena en España el 23 de enero de la mano de Sony Pictures Releasing.

Mercy sin piedad

El mismo título Sin piedad (Mercy) es una paradoja tan simple como reveladora. Resulta llamativo que el título original sea Mercy, es decir, piedad, mientras que en su traducción española se opte por Sin piedad, un desplazamiento semántico que, en el fondo, describe mejor el espíritu de la película. No deja de tener cierta ironía que el nombre de la inteligencia artificial encargada de impartir justicia sea precisamente “Piedad”, cuando lo que despliega en pantalla es, más bien, una versión mecánica, expeditiva y deshumanizada de la justicia. Si hay compasión, es residual; lo que domina es la eficiencia.

El arranque es uno de los grandes aciertos de la película. Un hombre despierta atado a una silla en una habitación cerrada, sin saber cómo ha llegado hasta allí ni qué se espera de él. El detective Chris Raven es acusado del asesinato de su esposa, encontrada muerta en su casa una mañana. La justicia se administra de forma automática por una jueza-IA, y el acusado dispone de un tiempo limitado para demostrar su inocencia. Si no lo logra, será ejecutado. El planteamiento es directo, reconocible y eficaz: un juicio convertido en espectáculo cerrado, sin escapatoria física ni moral. Por cierto, no puedo dejar de mencionar que la película española Justicia artificial (Simón Casal, 2024), de la que ya escribimos en su día, tenía una premisa similar y, con muchos menos medios, resultó una película más inteligente, interesante y profunda.

Entretenimiento en tiempo real

Sin piedad se desarrolla prácticamente en tiempo real, acompañando el recorrido emocional del protagonista, que pasa de la incredulidad inicial a la indignación y, finalmente, a la reconstrucción desesperada de un rompecabezas mortal. Este dispositivo narrativo mantiene el ritmo del relato y genera una tensión sostenida que funciona bien como motor dramático.

Es evidente que la película está concebida para un público estadounidense, más acostumbrado a asumir la pena capital como algo natural. Para el espectador europeo, esta premisa puede resultar más incómoda o incluso brutal. Aun así, el ritmo es ágil, los acontecimientos se encadenan sin pausas largas y el visionado resulta entretenido, especialmente si uno acepta el pacto de ficción y no se detiene en exceso a cuestionar la lógica interna de algunos procesos judiciales o los giros de guion. Algunos de ellos resultan excesivos y cercanos a lo inverosímil, pero el interés acumulado durante el metraje consigue que estos desvíos no rompan del todo la experiencia.

Vigilancia digital

Para sostener el relato, Sin piedad recurre de forma constante a dispositivos digitales: archivos visuales, grabaciones de sonido, imágenes de vigilancia y reconstrucciones que funcionan como recuerdos, documentos y pruebas. Este uso del material audiovisual dentro del propio relato refuerza la idea de una sociedad permanentemente observada. La tesis de que vivimos bajo vigilancia constante impregna toda la película y se presenta, de forma ambigua, no tanto como una amenaza sino como una herramienta funcional dentro de este modelo de justicia automatizada.

La inteligencia artificial, encarnada por Rebecca Ferguson, es presentada como un sistema eficiente que adopta una forma humana atractiva. Sin piedad decide dotarla de gestos emocionales como la irritación o la impaciencia, una elección que hace más dinámicos los intercambios con el personaje de Pratt y vuelve el diálogo más vivo, aunque al mismo tiempo introduce una contradicción con la premisa de una IA supuestamente libre de emociones y, por tanto, más objetiva y racional.

Suspense tecnológico con poca profundidad

Como entretenimiento, Sin piedad funciona con soltura. No obstante, deja cabos sueltos, especialmente en lo referente a las horas posteriores al asesinato, o al modo en que el detective da valor a unas vidas frente a otras. El tramo final, en sus últimos cinco minutos, plantea una tesis muy clara y casi subrayada, que el espectador deberá aceptar o discutir.

Casi todo el peso narrativo de la película recae sobre la pareja protagonista formada por Chris Pratt y Rebecca Ferguson, que cumplen con las exigencias del guion. Ambos sostienen el ritmo del relato y mantienen viva la tensión de una película que apuesta mucho más por el suspense tecnológico que por la complejidad psicológica.

En conjunto, Sin piedad se presenta como un thriller eficaz, más preocupado por su valor de entretenimiento que por una reflexión profunda sobre la justicia o la ética algorítmica. Desde luego, la película encuentra su fuerza en la velocidad, la acción y la urgencia antes que en la introspección.


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Sin piedad

5.8

Puntuación

5.8/10

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