Crítica de ‘El calendario de Adviento’: Deseos y sacrificios

Las críticas de Daniel Farriol:
El calendario de Adviento (Le calendrier)

El calendario de Adviento (Le calendrier) es un filme de terror franco-belga que está escrito y dirigido por Patrick Ridremont (Dead Man Talking). La historia sigue a Eva, una antigua bailarina, que tras un accidente vive postrada en una silla de ruedas sin poder caminar. Su monótona vida cambia cuando su amiga Sophie le regala un calendario de Adviento para recibir la Navidad. La bella antigüedad de madera en realidad es un objeto con propiedades mágicas, ya que cada ventanita que se abre contiene una sorpresa que provoca repercusiones en la vida real, algunas buenas, pero la mayoría malas. Está protagonizada por Eugénie Deruand (Paris Police 1900, El mundo en llamas), Honorine Magnier, Janis Abrikh, Sabrina Lopez Leonard y Clément Olivieri. La película se estrenó en España dentro de la Sección Panorama Fantàstic del Festival de Sitges 2021. Puede verse en Movistar+ desde el día 22 de Julio de 2022.

«La pata de mono» y otros objetos malditos

El calendario de Adviento (Le calendrier) es un modesto filme de terror que recoge el testigo de los seriales televisivos tipo Alfred Hitchcock presenta o Historias de la Cripta, así como de las múltiples películas ochenteras que poblaban las estanterías de los videoclubs de barrio y cuyas imágenes VHS vinculaban el miedo a determinados objetos malditos o sometidos a algún tipo de encantamiento mágico. Deberíamos remitirnos al año 1902 para prestar atención al relato breve de W. W. Jacobs «La pata de mono», posible origen de todo aquello. Se trata de una historia moralista sobre la ambición humana donde el extraño talismán del título permitía solicitar tres deseos a quien lo poseyera, pero con la condición de que la concesión de cada uno de ellos provocaba al mismo tiempo una contraprestación no deseada.

De objetos malditos hemos tenido un surtido inabarcable en su traslación cinematográfica que incluye desde los habituales muñecos, títeres y marionetas hasta objetos cotidianos como pueden ser un espejo en Oculus: El espejo del mal (Mike Flanagan, 2013), un neumático en Rubber (Quentin Dupieux, 2010), un coche en Christine (John Carpenter, 1983), una caja de música en Siete deseos (John R. Leonetti, 2017), un sillón en Killer Sofa (Bernie Rao, 2019) o, en el interior de nuestro armario, el vestido rojo de In Fabric (Peter Strickland, 2018) o los vaqueros asesinos de Slaxx (Elza Kephart, 2020). Y es que todo vale a la hora de convertir nuestras pertenencias en objetos malditos y sino que se lo digan a los Warren que los acumulaban en su sótano…

El bien nuestro que provoca el mal ajeno

En realidad, «La pata de mono», relato escrito a principios del Siglo XX y tan arraigado a la cultura popular, debe su existencia a la propia evolución del mito de los genios y de los djinn que ya aparecían en la mitología árabe ancestral con una representación no siempre tan amable como la que trascendió a través de Disney en el cuento «Aladino». Muchas veces estos seres son maliciosos y utilizan sus poderes para jugar con las personas, burlarse de ellas o asustarles, convirtiéndose en el foco central de muchas supersticiones que se transformarían luego en relatos de terror. Esas mismas ideas expuestas están presentes en El calendario de Adviento, producción franco-belga escrita y dirigida por Patrick Ridremont, siendo el «objeto maldito», sustitutivo de la lámpara mágica, un calendario de Adviento tallado en madera.

La trama nos presenta a Eva (Eugénie Deruand), un ex bailarina que tras un accidente quedó parapléjica y lleva una vida monótona repleta de frustraciones. El día de su cumpleaños, el 3 de diciembre, su amiga Sophie (Honorine Magnier) le regala una bella antigüedad que ha robado para ella, un calendario de Adviento con propiedades mágicas si se cumplen las normas que se especifican. Cada ventanita hasta llegar al día 24 de diciembre esconde un caramelo o dulce que debe ser comido mientras se formula un deseo con la condición de que “si te comes uno debes comerlos todos o morirás”. Tampoco es buena idea deshacerte de la caja, según una inscripción que hay en la misma «te mataré». El diseño estético que tiene la antigüedad y el necesario cumplimiento de unas normas nos trae a la memoria Gremlins (Joe Dante, 1984).

Lo que empieza como un juego se transforma primero en una bendición que permite a Eva conseguir objetivos o deseos, sintiendo que sus piernas mejoran la sensibilidad y que podrá volver a caminar pronto cuando finalicen los días del calendario. El problema es que para sentirse mejor ella debe sacrificar a gente de su entorno, incluidos amigos y familiares. ¿Hasta dónde serías capaz de llegar para lograr tus objetivos si eso supone hacer daño a los demás?

Menos sangre de la prevista y un final «abierto»

Cada día a las 00:00, salta un resorte en el calendario de Adviento que hace aparecer a un monigote que responde al nombre de Ich (en alemán significa «yo»), el guardián de tan siniestro objeto. Así que durante todo el mes de diciembre la chica deberá ir comiendo los dulces sin conocer las consecuencias que se derivarán de ello. La idea me parece bastante divertida, es como tirar los dados en el tablero de Jumanji sin saber que contiene la casilla que te toca, pero con la obligación de seguir jugando pase lo que pase.

Sin embargo, el guion no saca suficiente partido a todo eso y se vuelve un poco monótono, en parte, porque el terror se sirve con cuentagotas cuando la historia demandaba mayores dosis de gore y cachondeo. Algunos personajes secundarios, especialmente los que tratan mal a la protagonista, están caricaturizados de forma exagerada para darle un contexto de cuento macabro. De ahí, también, ese final que deja abierta la libre interpretación del espectador para lo que sucede. Entrando en el pantanoso terreno de los spoilers, comerse el último dulce significa volver al principio y deshacer todo lo malo que ha sucedido, pero también los beneficios adquiridos como volver a caminar…

Lo que hace Patrick Ridremont es introducir una elipsis que nos impide ver la decisión que toma Eva porque lo que busca es poner a prueba cuál es nuestra integridad moral e interpelarnos directamente a nosotros sobre lo que haríamos en su situación. Una decisión tan inteligente como arriesgada. El calendario de Adviento acaba siendo un pasatiempo ligero donde lo mejor es el diseño del calendario, la interpretación de Eugénie Derouand y los (pocos) momentos en que la película añade un poquito de mala leche al estilo de la saga Destino Final.


¿Qué te ha parecido la película?

El calendario de Adviento

5.9

Puntuación

5.9/10

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