Crítica de ‘Muerte en el Nilo’: Intrigante y académica adaptación

Las críticas de Óscar M.:
Muerte en el Nilo

En Muerte en el Nilo, el suspense y el misterio viajan en primera clase durante las vacaciones por Egipto del detective belga Hércules Poirot, cuando la luna de miel de una pareja perfecta se ve truncada por un aterrador asesinato cometido en mitad del río Nilo y con las imponentes pirámides de Guiza como testigo.

Kenneth Branagh vuelve a encarnar al icónico detective Hércules Poirot, y le acompañan Tom Bateman, Annette Bening, Russell Brand, Ali Fazal, Dawn French, Gal Gadot, Armie Hammer, Rose Leslie, Emma Mackey, Sophie Okonedo, Jennifer Saunders y Letitia Wright, con un guion escrito por Michael Green (a partir de la novela de Agatha Christie). La película se estrena en cines el 18 de febrero de la mano de 20th Century Studios.

Un reparto menos quemado

Desde la anterior (y remozada) aventura del detective Hércules Poirot, Asesinato en el Orient Express, han pasado cinco largos años durante los cuales hemos vivido la absorción de un estudio cinematográfico, una pandemia mundial, acusaciones de canibalismo y varios retrasos para que su secuela, Muerte en el Nilo, llegara a las salas, pero lo más sorprende es el enfoque que le han dado a la adaptación.

La nueva acumulación de actores conocidos no resulta tan excesiva como lo era en la anterior, tal vez porque, aunque los rostros siguen siendo fácilmente reconocibles, no son actrices y actores que tengan tanta sobrexposición como los de la película previa. En cualquier caso, destacan la impresionante y bellísima Gal Gadot, la siempre sorprendente Emma Mackey (a la que hemos disfrutado en Sex education) y, por supuesto, Annette Bening.

Aunque mi teoría será rechazada por las fuentes oficiales, se aprecia cierta reducción del tiempo en pantalla del personaje interpretado por Armie Hammer, empezando por evitar con bastante habilidad los primeros planos del actor (sobre todo en la escena inicial de presentación, mientras que Gadot sí los tiene), y conservando posteriormente al personaje en las obligatorias escenas de grupo o de parejas.

Cambios y mejoras

Es inevitable que se haga una comparación con la versión de 1978 dirigida por John Guillermin (que cuatro años antes había dirigido la antológica El coloso en llamas), que fue más fiel al relato original y de la cual el guionista se ha tomado varias licencias: ha cambiado el contenido de telecomedia en favor del melodrama, se han alterado parentescos familiares, profesiones, aficiones y razas de los personajes, además de hacerlos menos antipáticos, y también se han eliminado las escenas reproduciendo los crímenes según los diferentes sospechosos, consiguiendo que la nueva adaptación sea más amena.

El guion vuelve a estar firmado por Michael Green y continúa centrado en el drama (con ligerísimos toques de humor) pero siempre en un segundo plano, volviendo a convertir la adaptación de la novela en un capítulo de la vida del detective Poirot (algo que ya se le recriminó a Branagh en Orient Express), en esta ocasión recuperando fragmentos de su pasado desde el mismísimo inicio y conservando al personaje interpretado de Poirot como hilo conductor de la historia.

A medida que la trama se vuelve más complicada y enrevesada, como el propio libro, el guion (al que es muy fácil pillarle las trampas) se adorna con diálogos donde se repiten insistentemente las palabras amor y muerte por alguna razón desconocida, y donde se ofrece un variado número de sospechosos, asesinados, asesinos y cómplices. Aunque se ha mejorado el final, mantiene el aspecto teatral con todos los sospechosos reunidos para la resolución del crimen y destacando el importante contenido dramático, aunque con un nivel menos lacrimógeno.

El broche final son los aspectos técnicos

Como era de esperar, la ambientación del misterio durante los años 30 es exquisita, añadiendo al blues como un personaje más, con un maquillaje, vestuario y peluquería que están a la altura y donde destaca la habilidad de Branagh para la composición de unos planos calculadamente artísticos y simétricos, que agregan a la película un aspecto visual superior, como lo tienen las películas de Stanley Kubrick o Wes Anderson, donde todo está estudiado al milímetro y la mínima variación del encuadre provoca un efecto de inestabilidad en el público.

Muerte en el Nilo es, con todo esto, un deleite para los espectadores más detectivescos, que podrán valorar sus conjeturas hasta el tramo final cuando se descubre la identidad del asesino y el barco llega a un buen puerto, dejándonos de nuevo con la sensación de haber mirado al pasado durante dos placenteras horas a través de esa ventana mágica que llamamos cine.


¿Qué te ha parecido la película?

Muerte en el Nilo

7

Puntuación

7.0/10

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