Crítica de ‘Asesinato en el Orient Express’: Mismo viaje, nuevos misterios

Las críticas de Óscar M.: Asesinato en el Orient Express

Que en la meca del cine andan faltos de nuevas ideas es un hecho consumado a estas alturas de la película y Asesinato en el Orient Express llega en el momento preciso en el que las nuevas versiones de clásicos y la necesidad de los estudios por tener sagas de películas múltiples son el día a día de un Hollywood facilón y franquiciado. Así que si no queremos alterarnos sin necesidad, será mejor que la nueva versión de la novela de Agatha Christie la tomemos más como un vehículo de presentación del detective Hércules Poirot que un remake de la versión previa estrenada en 1974.

Aunque luego volveré al personaje central de la historia, vamos a lo más destacado: como sucedía con la adaptación dirigida por Sidney Lumet, esta nueva versión es una acumulación de caras conocidas, la mayoría de las y los presentes tienen sobrada capacidad interpretativa y un amplio reconocimiento público, por lo que alabar el trabajo de Michelle Pfeiffer (quien no sabe cuánto la echamos de menos -aunque se haya actualizado un poco la cara- en una pantalla cada vez más poblada de jóvenes sin talento pero con pieles más tersas) o Willem Dafoe queda redundante. Su sola presencia (como la de Judi Dench, a quien se echa de menos más tiempo de diálogo) ya es un lujo y la mayoría desprenden una calidad actoral envidiable, defendiendo unos personajes que, si no existiera comparación, serían memorables, pero cargan con la losa de la nueva versión y no se puede obviar el referente previo.

Los lectores más acérrimos y los idólatras de la versión de 1974 no van a quedar satisfechos con las licencias cinematográficas que se toma el guionista Michael Green (detestado por su trabajo en la soporífera Linterna Verde o en Alien: Covenant, pero que se ha redimido con los guiones de Logan y Blade Runner 2049), pero si no existiera diferencia respecto a la historia original, sería lo primero en echar en cara al guionista y exigir innovación para una historia escrita hace más de ochenta años.

Patadas voladoras, disparos imprevistos y reducción de diálogos aparte, lo más sorprendente de Asesinato en el Orient Express es el cambio de registro general del argumento, dejando de lado la teatralidad, la frivolidad y el formato de película para televisión, y centrándose más en el drama, ofreciendo una nueva adaptación enfocada para los nuevos espectadores (sobre todo para los más jóvenes) quienes aprenderán que a mediados del siglo pasado no se tardaban dos horas en hacer un trayecto de 300 km y que sin dispositivos móviles también había intrigas y misterios que hacían la vida más entretenida.

La meticulosa ambientación situada en los años 40, el maquillaje, la peluquería y el vestuario (que es un deleite para los ojos), así como los detalles del tren ayudan a que los nuevos y viejos espectadores consigan transportarse al pasado durante dos horas, mantenerse fiel a su origen (el argumento de la novela de Christie) y evitar una “modernización” excesiva, que hubiera supuesto un sacrilegio imperdonable. Además, hará recordar a los que hemos viajado en coches-cama cómo el propio desplazamiento ya era una aventura.

Green consigue mantener el interés y el misterio del espectador a pesar de conocer los precedentes literarios y cinematográficos, y mantiene (en su mayor parte) la estructura narrativa original en tres actos: con la presentación de personajes (con sus necesarios excesos y sus pequeñas licencias), el desarrollo del caso y la resolución final. Ha mejorado respecto a 1974 la subtrama del asesinato de la niña y la presencia de este misterio en la historia general se ha incluido de una manera más natural y menos televisiva (evitando, en la medida de lo posible, los constantes flashbacks para recrear el asesinato central del argumento).

En el aspecto negativo, se ha reducido demasiado a la mayoría de personajes para centrar la historia en el detective protagonista, se da demasiada importancia al personaje interpretado por Johnny Depp, Penélope Cruz destaca como la peor interpretación de todo el reparto (además de que necesita mejorar muchísimo su dicción) y ciertos detalles del guión y, sobre todo, la tierna música de Patrick Doyle, que se empeñan en machacar la fibra sensible del espectador, rozando el exceso en el tramo final y saturando de lágrimas la teatralizada resolución del misterio.

Y llegamos al centro de la película: el detective Hércules Poirot, quien ahora tiene la cara (y el ampliado bigote) de Kenneth Branagh, el actor y director construye un personaje más amable y amigable para el público que el encarnado por Albert Finney en la versión de 1974. Menos estrambótico y soberbio, el nuevo Poirot es igualmente inteligente que el original, Branagh (de manera muy inteligente) se reserva el papel principal (claramente más protagonista ahora que antes) de la película que él mismo dirige y abre la puerta a una posible saga, como ya pasó con la película anterior, seguida de Muerte en el Nilo (otra de las novelas de Christie).

Asesinato en el Orient Express puede generar, de entrada, cierto rechazo en los espectadores más clásicos o en los lectores más fieles, pero es innegable que la nueva versión consigue sacar adelante una historia de casi cien años, con un magnífico reparto y añadiendo pequeños cambios que hacen que merezca la pena volver a vivir este viaje.

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Un comentario sobre “Crítica de ‘Asesinato en el Orient Express’: Mismo viaje, nuevos misterios

  • el 8 diciembre, 2017 a las 12:38 am
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    El problema de los remakes es que ya sabemos el desenlace. Así que, sin el factor sorpresa, es digno de valorar la fotografía, reparto y puesta en escena espectacular.

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