Crítica de ‘El callejón de las almas perdidas‘: Preciosismo estético, endeblez narrativa

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
El callejón de las almas perdidas

La primera versión de El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley) que dirigió Edmund Goulding en 1947 duraba 110 minutos, la que se acaba de estrenar con dirección de Guillermo del Toro dura 150. Cuarenta minutos de exceso que son, sin lugar a dudas, su mayor lastre.

Es sabido que la versión de Goulding sufrió los rigores de la censura que le obligó a evitar los pasajes más duros de la novela de William Lindsay Gresham (1909-1962) hasta el punto de edulcorar el estremecedor final con el que termina la historia de su protagonista Stan Carlisle (Bradley Cooper). Guillermo del Toro no ha obviado los detalles más escabrosos ni ha edulcorado el final, pero ni aun así se justifica la prolongadísima duración de una película que podría y debería contarse en menos tiempo.

Resulta difícilmente discutible que el director mexicano ha filmado una película preciosa desde el punto de vista estético: una banda sonora de Nathan Johnson que puntúa con el mismo acierto los momentos evocadores de emociones que los siniestros, una equilibrada dirección de fotografía de Dan Laustsen que dota de embriagadora atmósfera a un film cuyo mayor activo es, sin lugar a dudas, su maravillosa dirección artística marca de la casa. Tanto en su primer acto desarrollado en ambientación circense como en el segundo llevado a un medio urbano de lujosas salas de fiestas e impagables habitaciones de hotel art-decó, todo es epatante, embelesante, apabullante y todos los adjetivos acabados en ante que quieran añadir.

El problema es ¡ay! el sostén narrativo de todo este aparatoso juego escénico ideado por la brillante mente de Del Toro y su equipo de producción. La primera hora de película, la que acontece en el circo al que va a dar con sus huesos el atormentado Stan huyendo de un pasado turbio, sirve para que Guillermo del Toro se recree en toda la galería de freaks que tanto le fascinan. Hay contorsionistas que adoptan posturas imposibles, mujeres arañas, enanos, chicas que se electrocutan y sobre todos se erige el monstruo, el engendro como lo llama el avieso director circense interpretado por Willem Dafoe.

Pero lo que realmente ocurre en esta primera hora de película está torpemente hilvanado en un guion que prescinde de definir a sus personajes y explicar los vínculos que se establecen entre ellos. No hay ningún esfuerzo en hacer entender porqué Zeena (Toni Colette) se convierte en amante instantánea de Stan nada más verlo o porqué su alcoholizado marido Pete (David Strathairn) no muestra ninguna emoción. Stan pasa de los brazos de Zeena a los de Molly (Rooney Mara) sin que se definan los sentimientos o los vínculos. Todo sucede de un modo extremadamente mecánico.

Más fría aún es la segunda parte de la película donde Del Toro se atasca estrepitosamente en los resortes del cine negro. El contraste entre ambos actos es tan marcado que el rótulo de “dos años después” parece dar lugar a otra película diferente. Stan y Molly, después de abandonar el circo, son pareja artística en un número de mentalismo hasta que se tropiezan con la psicóloga Lilith Ritter (Cate Blanchett), una mujer tan fría como enigmática que acabará adueñándose de la voluntad de Stan a quien convence para convertirse en un estafador profesional.

Todo lo que sucede después está contado con inusitada torpeza narrativa hasta el burdo engaño al personaje de Richard Jenkins que acabará por dinamitar la trama. A estas alturas de película, cuando el metraje se encamina hacia el desenlace, resulta difícil seguir conectado a un argumento tan alargado y protagonizado por personajes con los que es muy difícil empatizar.

Bradley Cooper, un actor de incuestionable magnetismo, no termina de estar cómodo en este papel tan ambiguo de héroe-villano atormentado por el pasado y en continua pelea con sus propios escrúpulos. Rooney Mara, actriz con demostrada capacidad para los personajes turbios, es curiosamente el único personaje que aporta cierta luz en este oscuro callejón de almas perdidas. El trío estelar se completa con Cate Blanchett, una de las mejores actrices del panorama hollywoodiense actual que, sin embargo, está excesivamente fría y desganada en un personaje muy mal escrito en el guion y pésimamente introducido en la trama. El resto del reparto está desaprovechadísimo, especialmente en el caso de Toni Colette con un personaje que, en la versión de 1947, ejercía de eje narrativo en toda la primera parte del film.

El resultado es decepcionante. Al margen del festín visual (y auditivo si se quiere), Guillermo del Toro ha filmado una película larga, de personajes inertes, caídas de ritmo e incomprensibles lagunas narrativas. Y es una lástima porque estamos ante un director que ha demostrado en varias ocasiones que es capaz de conjugar su ideario estético con una historia bien contada. Así ocurría en El laberinto del fauno y, muy especialmente, en la deslumbrante y poética La forma del agua.


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5.5

Puntuación

5.5/10

5 comentarios en «Crítica de ‘El callejón de las almas perdidas‘: Preciosismo estético, endeblez narrativa»

  • el 26 enero, 2022 a las 15:34
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    A mi siempre me parece que Guillermo del Toro, promete más de lo que da. No me acaban de epatar sus películas (sigo creyendo que Cronos es su mejor película…). El día que sus elecciones de guión estén a la altura de su puesta en escena, habrá alcanzado la cuadratura del círculo.

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    • el 27 enero, 2022 a las 21:57
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      Yo siempre defenderé La forma del agua como su mejor película. Me encanta. Es en la que mayor correspondencia he encontrado entre forma y fondo.

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  • el 27 enero, 2022 a las 15:00
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    No he visto la primera versión, y seguramente es cierto que le sobran esos 40 minutos, yo a los 20 minutos del inicio me quedé dormido (creo que porque tenía la sensación de estar viendo de nuevo algunos episodios de American Horror Story ) y la siesta debió durar aproximadamente esos 40 minutos por lo que no se me hizo larga. Me desperté en pleno festival art deco y eso fue todo un disfrute para mis sentidos. Con el cine de del Toro siempre me pasa que me parece estar viendo un hermoso cómic con movimiento, visualmente muy placentero pero flojo emocionalmente. Un consejo: llévense una almohadita y echen una pequeña siesta, así el metraje les resultará muy adecuado.

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  • el 27 enero, 2022 a las 21:55
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    La primera versión, de la que escribí hace unos días, la tienes en FILMIN. Puedes verla y comparar. Estoy de acuerdo, Del Toro siempre es mejor en las formas que en el fondo. Aún así me parece un director más que estimable. En cuanto al consejo de la almohada… jejeje… o eso, o ir con un buen café tomado previamente.

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  • el 28 enero, 2022 a las 23:42
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    Fué una estrepitosa decepción para mí, ya había imaginado que ese “binomio” en la escritura del guión iba a ser demasiado desigual por mucho que él se “esmere” en armarle todo un currículum wow a la “reconocidísima guionista” Kimmy whoever. Tristes decisiones…

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