Crítica de ‘La forma del agua’: Cuando Hollywood hace cine de autor

Crítica de ‘La forma del agua’: Cuando Hollywood hace cine de autor
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Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La forma del agua

Ya sé que me dispongo a escribir sobre una película fantástica, y lo digo con plena conciencia de utilizar la palabra fantástica como adjetivo de la película (así me lo ha parecido) y como catalogación del género cinematográfico al que pertenece. Pero por un momento quiero quedarme en la realidad mundana y preguntarme (y preguntar a quien quiera responderme) si en esta sociedad hedonista y de culto al cuerpo que estamos construyendo entre todos es posible enamorarse de alguien, no ya que no responda a los cánones establecidos de belleza por sobrepeso, cutis rugoso o demás atentados contra el ideario “revista de belleza”, no, me refiero a alguien extremadamente feo, a alguien con rasgos deformes por alteración genética o accidente, a alguien al que algún desalmado podría llamar monstruo. Porque los monstruos de verdad no existen… ¿no?

No son muchos los directores de cine que a lo largo de su carrera consiguen desarrollar a través de su obra un estilo característico que les haga reconocibles con sólo ver un fragmento de sus películas. Esto, a lo que solemos referiros con esa expresión tan redicha de “tener un mundo propio” está solo al alcance (dando el talento por supuesto) de los que además de dedicarse a dirigir, son creadores y/o controladores de todo el proceso creativo de sus films. El problema (suponiendo que sea un problema) de estos directores tan autorales es que, a pesar de que pueden tener una nutrida legión de seguidores, pueden atragantarse al gran público y sus películas pueden no pasar del restringido mundo de los festivales o de los estrechos circuitos del cine de autor.

Para poder salir de estos reducidos núcleos de exhibición y distribución hay muchos que han optado por encaminarse hacia un cine más digerible con el consustancial riesgo de perder en el camino aquello que les ha hecho distinguirse como autores, Atom Egoyan es el primer ejemplo que se me viene a la memoria, pero hay muchos.

No es el caso de Guillermo del Toro, uno de esos tipos tocados por el dedo del talento creativo que a lo largo de su filmografía ha ejercido una coherente y particular concepción estética con (a menudo) agobiantes puestas en escena, recurrentes personajes monstruosos fruto de su fascinación por las criaturas fantásticas de comportamientos ambivalentes y un apurado equilibrio entre los mundos oscuros y la luz apoyado en puntos de vista infantiles. Su cine, tradicionalmente clasificado en el género fantástico, ha alternado el terror con adaptaciones de cómics, blockbusters de acción y fantasías con trasfondo histórico.

Con la excepcional La forma del agua, su película más madura y redonda, ha conseguido el inusual reto de mantenerse en el selecto ámbito de los festivales (no olvidemos que se alzó con el León de Oro en el último Festival de Venecia), lograr el reconocimiento del Hollywood académico (trece nominaciones al Óscar) y llegar al gran público sin traicionar a su estética ni a su estilo filmando y sin renunciar a sus temas o a su gusto por los personajes fantásticos y las personas de aspecto desvalido pero oculta fuerza interior. Para ello ha impregnado su género por excelencia, el fantástico, de un tinte romántico que se sustenta en valores humanos tan universales como la compasión o la ternura y en sensaciones humanas tan identificables como el miedo, el aislamiento emocional o la pulsión sexual.

Porque lo que hace Guillermo del Toro como principio fundamental es ejercer el irrenunciable principio del cine que debería ser siempre contar una historia, la de la (aparentemente) frágil Elisa Esposito, una joven muda empleada de limpieza en un siniestro edificio oficial con la que Sally Hawkins consigue otro personaje luminoso (y lleva varios en su carrera) que desprende la luz que refulge en un mundo de personajes siniestros (Michael Shannon), ambivalentes (Michael Stuhlbarg), atribulados (Richard Jenkins) o humanistas (Octavia Spencer). Con estos personajes y con la criatura fantástica de turno, una especie de humanoide anfibio (Doug Jones), Guillermo del Toro consigue una película inquietante y emocionante desde el fondo (argumental) y la forma (estética) de sus dos horas de metraje.

No hay ni un solo punto débil en un reparto sobresaliente, desde un soberbio Michael Shannon (que corre el riesgo de encasillarse como villano inquietante) hasta Michael Stuhlbarg, uno de los mejores robaplanos del cine actual (su momento final en Call me by your name es, en mi opinión, la mejor secuencia del año) pasando por una Octavia Spencer que es capaz de interpretar lo que le echen o un excepcional Richard Jenkins (infrautilizadísimo en el cine). Pero el punto fuerte del reparto es claramente Sally Hawkins, nominada al Óscar a la mejor actriz por este papel como podía haberlo sido también por Maudie, el color de la vida si la película hubiera tenido la repercusión que merecía. Estamos ante una de esas intérpretes menudas, que no destacan ni por guapas ni por feas ni falta que les hace pues son por encima de todo actrices, no hay artificios en su interpretación, es muda, sí, tiene una de esas particularidades que tanto gusta a los “premiadores” del cine, pero no utiliza ningún tic, ningún truco interpretativo, ningún gesto de más, es puramente una mujer que consigue ser feliz completamente ajena a su marginación, y como tal conmueve y hace que el espectador la adore por encima de todo. 

La producción, la dirección artística, la dirección de fotografía de Dan Laustsen y la excepcional banda sonora de Alexandre Desplat, aspectos todos ellos nominados al Óscar, componen un envoltorio visual que multiplica las emociones de un relato que, a pesar de no ser demasiado original (las referencias a otros films podrían ser interminables por lo que no voy a hacer ninguna), adquiere entidad propia gracias a sus excepcionales intérpretes, a la universalidad de las emociones que transmite y a la personalidad y el talento de su director: un autor de cine.

9

Puntuación

9.0 /10

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6 comentarios sobre “Crítica de ‘La forma del agua’: Cuando Hollywood hace cine de autor

  • el 25 febrero, 2018 a las 09:49
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    Pudimos disfrutarla ayer y nos encantó. Coincido al 100% con tus apreciaciones, José F.
    ¡Fantástica película!
    Todo el reparto está inmenso. Michael Stuhlbarg y Michael Shannon ya me conquistaron interpretativamente en Boardwalk Empire, en especial este último, por la evolución de su personaje.

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  • el 10 marzo, 2018 a las 20:42
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    Hola,
    Pues yo siento discrepar….
    Coincido en parte con las 2 críticas, en que los actores están INMENSOS, y especialmente Shannon y Hawkins. La ambientación y fotografía excepcionales. Hay escenas entre la protagonista y la criatura que serán inolvidables. A nivel estético muy bonita la película, incluida la criatura.
    A nivel historia, bien, correcta, un cuento romántico diferente y con moraleja interesante y positiva.

    Pero en lo demás, a mí me ha defraudado profundamente…… Yo no la veo LA PELÍCULA NI LA DIRECCIÓN premiadas…………..hay escenas que sobran por su ‘impudor explícito innecesario’, demasiadas referencias negativas e injustificadas contra pasajes de La Biblia, porque se hacen desde el villano.
    Y fallos de montaje, en cierta escena con las toallas, el primer huevo que toma la criatura, y también en cierta imagen de los dedos del villano, las marcas de la protagonista y hasta el pie descalzo en el agua….
    O yo necesito graduarme las gafas………o hay fallos que este director ya no debería cometer a estas alturas. Pero cuanto peor es el presidente de USA, más los demócratas le ‘castigan’ premiando a un mexicano, QUE ME PARECE MUY BIEN, pero que no los llamen los premios del buen cine, sino de los escarmientos políticos.
    Óscar para Nolan ya!!!! 🙂 .
    Y por favor, que nadie se ofenda, porque solo es mi opinión, y no quiero herir ninguna sensibilidad.
    Saludos cinéfilos.

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    • el 11 marzo, 2018 a las 15:55
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      Para nada hieres la sensibilidad, y de hecho por aquí somos bastantes los que elogiamos la dirección de Del Toro, pero aún así hubieramos preferido que se llevara más premios Tres anuncios en las afueras, más completa como película, e incluso Lady Bird, que es una película de inicio a fin, con una gran dirección y un gran mensaje. Pero sí, Coco y La forma del agua parece que estaban destinadas a arrasar en una noche tan reivindicativa

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      • el 12 marzo, 2018 a las 15:51
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        Discrepo con que Lady Bird sea una película de inicio a fin, que tenga una gran dirección o un gran mensaje. Es una peliculita entretenida sobre los problemas de una chica en una edad en la que el 90 por ciento de las chicas tienen problemas iguales o peores. La peli sobrevalorada del año.

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    • el 12 marzo, 2018 a las 15:49
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      Me niego a hablar de religión o política en relación a una película que ni por asomo tiene ninguna implicación religiosa o política. Para hablar de política ahí está “Los archivos del Pentágono” y para hablar de religión la semana que viene tenemos “María Magdalena” y hay otra peli de San Pablo próxima a estrenar.

      Sobre gustos, por supuesto, no hay nada que discutir. Y en cuanto a pedir un Óscar para Christopher Nolan me ofrezco para encabezar la lista de peticionarios.

      Respuesta

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