Crítica de ‘tick, tick… Boom!‘: Vibrante y emotivo homenaje a Jonathan Larson

Las críticas de José F. Pérez Pertejo:
tick, tick… Boom!

Las muertes prematuras son siempre tristes y, a menudo, trágicas. La de Jonathan Larson con tan sólo 35 años es una de las más sobrecogedoras que conozco en el mundo del espectáculo. La disección de un aneurisma de aorta se lo llevó la noche previa a la primera representación oficial del musical Rent que, finalmente, sería un apoteósico éxito con más de cinco mil funciones durante doce temporadas ininterrumpidas en Broadway, el premio Pulitzer y cuatro premios Tony entre otros muchos galardones, además de innumerables versiones y producciones a lo largo de todo el mundo.

Larson, que no vivió para verlo, tan sólo había compuesto un musical antes de Rent, llevaba por título tick, tick… Boom! y era una suerte de relato autobiográfico acerca de un compositor de musicales que, a punto de cumplir 30 años, sufría un bloqueo creativo que le impedía componer la canción principal de su primer musical, «Superbia», a las pocas horas de tener que presentarlo ante los más importantes productores y programadores de Broadway.

Concebido como un monólogo musical de muy difícil traslación al cine, ha tenido que ser Lin-Manuel Miranda (probablemente lo más parecido a un Jonathan Larson que hayan visto los escenarios de Broadway en lo que va de siglo) quien rescatase del olvido aquel espectáculo primigenio para debutar en la dirección cinematográfica y convertirlo, producción de Netflix mediante, en una excepcional película.

El autor de In the Heights (En un barrio de Nueva York) y el premiadísimo Hamilton se ha apoyado en el guion de Steven Levenson para desarrollar tick, tick… Boom! en una doble vertiente narrativa: por un lado el escenario de un teatro en el que el Jon, el protagonista, va desgranando sus miedos e inseguridades a la audiencia y por otro, metraje cinematográfico puro y duro en el que se pone en imágenes la vida de este joven obsesionado con que va a cumplir 30 años sin haber hecho nada memorable.

Protagonizada por un enorme Andrew Garfield impersonando a Jonathan Larson en el que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera, tick, tick… Boom! es un vibrante homenaje a la figura de su creador y, por extensión, al teatro musical en general representado por una innumerable nómina de rostros reconocibles que hacen brevísimos cameos a lo largo del film.

En el planteamiento formal y argumental de tick, tick… Boom! está el germen de lo que años después sería Rent. Una estructura narrativa basada en la acotación de una fecha y un lugar antes de comenzar cada escena para situar al espectador; la presentación y  descripción de los personajes a través de un narrador que en este caso es el propio Jon y, en cierto modo, las mismas preocupaciones temáticas: la necesidad de sentirse parte de una generación incluida socialmente, la búsqueda de la aceptación propia y ajena, las dificultades de la emancipación en forma de facturas y alquileres, la realización personal a través de la creación artística, la vida bohemia, los trabajos de subsistencia, las renuncias a los ideales personales, el vértigo ante el compromiso y la amenaza del SIDA como una enfermedad emergente de la cual se desconocían todavía muchos detalles.

Está fuera de toda duda que Lin-Manuel Miranda ama el musical por encima de todo y da lo mejor de si mismo en la realización de los números musicales, cada una de las canciones está tratada con exquisitez tanto en la puesta en escena como en los aspectos vocales, desde el brillante número de apertura «30/90» sobre el vértigo de cumplir 30 años en los años 90 hasta el tema central “Come to your senses” con un maravilloso duelo de voces femeninas entre Alexandra Shipp y Vanessa Hudgens.

Tema aparte es la canción “Sunday”, concebida en origen por Larson como un homenaje a su maestro y mentor, el gran Stephen Sondheim, con la que Lin-Manuel Miranda compone la secuencia más emotiva del film con un auténtico desfile de grandes glorias del musical como Joel Grey, Bebe Neuwirth, Chita Rivera, Bernadette Peters o parte del elenco original de Rent entre otros muchos.

Desde el punto de vista interpretativo ya me he referido al desbordante trabajo de Andrew Garfield al que no me extrañaría ver entre las nominaciones a los principales premios del año, Óscar incluido. Al margen de la buena caracterización física, construye un personaje vibrante, lleno de matices y sorprendentemente rico desde el punto de vista vocal. Le acompañan Robin de Jesús, Joshua Henry, las dos citadas protagonistas femeninas, Alexandra Shipp y Vanessa Hudgens y el magnífico Bradley Whitford dando vida a Stephen Sondheim.

En el debe del film, únicamente cabe decir que el ritmo cae en determinados momentos con algunas secuencias, como la entrevista de Jon en la agencia de publicidad que son excesivamente largas, no aportan demasiado al conjunto y hacen decaer la tensión emocional de un film que se beneficiaría de un poco de tijera en el metraje.

Nunca sabremos qué habría sido del teatro musical del siglo XXI sin la pérdida de alguien que estaba llamado a ser su gran renovador, al menos, gracias a Lin-Manuel Miranda, tendremos accesible para siempre su primera y poco conocida obra que, al mismo tiempo, es un bonito homenaje a la figura de Jonathan Larson.


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