Crítica de ‘Yo soy todas ellas’: Destapando una red de pederastia

Las críticas de Daniel Farriol:
Yo soy todas ellas
 
Yo soy todas ellas (I Am All Girls) es un thriller policíaco sudafricano dirigido por Donovan Marsh (Spud, Hunter Killer. Caza en las profundidades). El guion está escrito por Wayne Fitzjohn, Marcell Greeff, Emile Leuvennink y Jarrod de Jong, basándose en una historia del propio director. La trama sigue a una detective de homicidios que investiga una serie de crímenes rituales a hombres de mediana edad que parecen estar conectados con un red de tráfico y prostitución infantil. Está protagonizada por Erica Wessels, Hlubi Mboya, Deon Lotz, Masasa Mbangeni, Lizz Meiring, Matt Stern, Brendon Daniels y Ben Kruger. La película se ha estrenado en España directamente en la plataforma de Netflix el día 14 de Mayo de 2021. 
 

Un policíaco de estructura reconocible

Yo soy todas ellas es un thriller psicológico tan efectivo como convencional que bebe directamente del policíaco noventero estadounidense que se puso de moda tras los éxitos cosechados por películas como El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) o Seven (David Fincher, 1995). En esta ocasión, seguimos los pasos de Jodie Snyman (que no Foster), una inspectora de policía que investiga los crímenes de un asesino en serie que deja marcados los cuerpos de sus víctimas con unas iniciales ensangrentadas. Durante el posterior transcurso de la investigación, todo parece indicar que son hombres involucrados en una red de pederastia internacional y que dichas iniciales pertenecen a niñas desaparecidas décadas atrás. La detective se sentirá atraída por las motivaciones del asesino y se obsesionará con seguir sus pasos para encontrar a más niñas que han sido secuestradas en la actualidad. 
 
El guion tiene una estructura reconocible. Sus dos grandes giros, uno sobre el minuto 40 en que se nos descubre el rostro del asesino (actúa tras una máscara) y el otro durante el desenlace final, son más que previsibles. Cualquier espectador los verá venir de lejos. De todas formas, tampoco creo que la intención real de los guionistas fuera la de sorprender al público en ese sentido. Así que tampoco molesta en exceso. La historia apuesta más por destapar la existencia de un mundo criminal oscuro que está vinculado a los poderes fácticos. Gente poderosa de los círculos políticos, empresariales o religiosos que se aprovecha de su estatus de impunidad para cometer delitos absolutamente despreciables. De hecho, la película se inicia con el habitual rótulo de “basada en hechos reales”, aunque luego asumiremos que se refieren al tema que trata y no a su argumento. 
 

La venganza como acto de justicia

Siempre es peliagudo abordar temas tan delicados como la pederastia. En Yo soy todas ellas la sordidez queda en un segundo plano y nunca se ven escenas de violencia explícita contra las niñas secuestradas. La oscuridad moral que impregna el relato subyace desde el suspense y la acción. El drama humano se expresa principalmente a través del sufrimiento que vemos en la protagonista al enfrentarse a los obstáculos y frustraciones que encuentra durante su investigación. En ese sentido, la película ofrece un entretenimiento ligero con algunas buenas secuencias de persecución e intriga, con los tópicos del género policíaco que suele confrontar la legalidad con la justicia. Me refiero a las dificultades burocráticas que tienen los cuerpos policiales para completar una investigación que requiera de muchos efectivos e inversión presupuestaria.  

Yo soy todas ellas es también una película de venganzas. Cuando el contrincante es alguien influyente en la sociedad la única manera de hacerle pagar por todo el dolor infringido es al margen de la ley. A veces la ley y el orden no son suficientes y hay que buscar alternativas más efectivas y expeditivas. Y bueno, el resto ya lo veréis. El director sudafricano Donovan Marsh ofrece un producto solvente, realizado con pericia, pero sin nada que lo destaque por encima de otros policíacos al uso. El reparto cumple de forma correcta con su cometido. Erica Wessels es una buena protagonista con la que fácilmente podemos identificarnos, pese a que su personaje tome algunas decisiones bastante torpes. Hlubi Mboya la secunda a la perfección, tan solo se echa en falta una mayor progresión posterior del personaje. Ambas mantienen una relación sentimental cuyo tratamiento en pantalla se realiza de una forma normalizada. Se agradece que ni se ponga el acento en ello, ni que sirva como subtrama de escape. En definitiva, Yo soy todas ellas es una película que denuncia un tema difícil de abordar bajo el prisma de un filme de entretenimiento.


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Yo soy todas ellas

6

Puntuación

6.0/10

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