Crítica de ‘La mujer en la ventana’: Vértigo indiscreto

Las críticas de Daniel Farriol:
La mujer en la ventana
 
La mujer en la ventana (The Woman in the Window) es un thriller británico dirigido por Joe Wright (El instante más oscuro, Black Mirror: Caída en picado). El guion está escrito por Tracy Letts (Agosto, Superior Donuts) adaptando el conocido best seller de A.J. Finn. La historia se centra en la Doctora Anna Fox, que vive confinada en su casa de Nueva York al padecer agorafobia derivada de un trauma. Su mayor ocupación es observar a sus vecinos a través de la ventana, pero cuándo en uno de los apartamentos presencia el presunto asesinato de una mujer, nadie la cree debido a sus problemas con el alcohol y la ansiedad. Está protagonizada por Amy Adams (Hillbilly, una elegía rural, Heridas abiertas), Julianne Moore (Gloria Bell, Siempre Alice), Gary Oldman (Mank, La posesión de Mary), Jennifer Jason Leigh (Possessor, Aniquilación), Anthony Mackie (A descubierto, Altered Carbon), Wyatt Russell, Brian Tyree Henry, Fred Hechinger y Jeanine Serralles. La película se ha estrenado en Netflix el día 14 de Mayo de 2021.

‘La mujer en la ventana’ de la novela a la pantalla

La mujer en la ventana es un entretenido thriller con suficientes giros de guion para mantenerte atento a la pantalla. Es cierto que es una adaptación funcional, con graves problemas e imperfecciones en su acercamiento al suspense dramático, pero también es un producto de consumo rápido bastante disfrutable si entras en su juego de referencias cinéfilas que funciona con la inmediatez de un filme de sobremesa, pero con un reparto de lujo. A.J. Finn (seudónimo de Daniel Mallory) escribió el exitoso best seller en que se inspira el guion como una forma de exorcizar y manejar sus propios traumas que derivaron en depresión y agorafobia. 
 
La protagonista de la novela y de la película es la doctora Anna Fox, una mujer que vive sola y encerrada en su apartamento de Nueva York. Tiene problemas con el abuso de alcohol y tendencia a la ingesta de pastillas para poder controlar su ansiedad y un trastorno hacia los espacios abiertos. Las únicas ocupaciones que tiene durante el día son ver películas de cine clásico en televisión y observar la vida de los vecinos a través de la ventana. No muy diferente a cómo fue nuestra vida durante el confinamiento pandémico. A.J. Finn ya mostraba en el texto una gran admiración por el suspense hollywoodiense de los años 40 y 50, nombrando igualmente como referente de su estilo literario a las novelas de intriga de Patricia Highsmith. Para su adaptación a la pantalla, el director británico Joe Wright busca ese mismo paralelismo, transitando con obviedad entre el homenaje y la pura fotocopia.
 

El cine de Hitchcock en el objetivo de la cámara

La mujer en la ventana no esconde sus cartas. Desde el inicio, en una de sus primeras imágenes, vemos el rostro de James Stewart en La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954). Es la gran influencia estética y temática que tiene ésta película. Para empezar, ambas comparten la presencia de un protagonista voyeur que presencia un asesinato en el piso de enfrente. No es la primera vez que sucede, Brian De Palma ya firmó un apócrifo remake de la misma en Doble Cuerpo (1984), con la que la película de Wright también comparte algunas soluciones estéticas. Se forma entre ellas un curioso juego de espejos.
 
La alargada sombra del maestro del suspense sobrevuela durante todo el metraje de La mujer en la ventana. Busca recoger el testigo de aquel cine de suspense que vinculaba los giros de la trama con los traumas psicológicos de sus protagonistas. Desde Vértigo (De entre los muertos) (1958) hasta Recuerda (1945) o Marnie, la ladrona (1964), adoptando la teatralidad del escenario para la resolución de los enigmas detectivescos que ya imperaba en La soga (1948) o, también, en las novelas de Agatha Christie.  
 

Cine clásico dentro de la fórmula Netflix

El homenaje al cine clásico es extensible a más obras y, de ese modo, veremos imágenes o escucharemos fragmentos de la banda sonora de filmes míticos del cine negro como Laura (Otto Preminger, 1944) o La senda tenebrosa (Delmer Daves, 1947). Sin embargo, todos esos esfuerzos tan poco sutiles por asociar La mujer en la ventana a una manera de hacer suspense en la época dorada de Hollywood, no siempre funcionan. La condición agorafóbica de la protagonista, más que los clásicos, nos trae a la memoria la reciente y fallida La hora del miedo (Alistair Banks Griffin, 2019) que utilizaba algunas de las mismas armas escénicas que ésta.
 
Aún así, hay que reconocerle imágenes potentes y de enorme plasticidad cómo aquella en la que vemos el rostro de Amy Adams superpuesto sobre una pantalla de televisión donde se emite el inconfundible sueño onírico ideado por Dalí para Recuerda. Es una imagen entre el Almodóvar bergmaniano y el De Palma hitchcockiano. Esa simbiosis escénica tan atractiva queda condicionada por el tipo de producción globalizada que en realidad es la película y cuya fórmula parece destinada a un público que probablemente no conocerá ni la mitad de las películas que vanagloria entre sus encuadres.    
 

El juego del engaño

La trama de La mujer en la ventana gira en torno a dos aspectos fundamentales: la deriva criminal y la inestabilidad mental de la protagonista. La psicóloga infantil que vive recluida en su casa debido a un trauma del pasado que se nos oculta deliberadamente al principio, convierte la historia en un juego de whodunnit repleto de pistas falsas o incompletas. El espectador deberá discernir si todo lo que está sucediendo es real o solo está en la imaginación de la mujer. Una artimaña muy habitual en el género. No se consigue un buen equilibrio entre la intriga y el drama psicológico, pero he de reconocer que ofrece suficiente diversión para una buena tarde palomitera. Eso sí, entre los muchos giros sorpresa diseminados por el guion, probablemente el de la resolución final sea el peor. 
 
Por suerte, la película tiene elementos que trascienden a los que tendría una mera peli de sobremesa. El director Joe Wright logra momentos aislados de tensión, especialmente con el disfraz de un De Palma ochentero que utilizaba movimientos de cámara arriesgados, ópticas angulares y encuadres aberrantes. Para ello tiene la colaboración del fantástico Bruno Delbonnel en la fotografía (Amelie, La balada de Buster Scruggs) que sabe sacar partido a la puesta en escena en sus momentos más juguetones. Sin olvidar que la banda sonora corre a cargo del siempre brillante Danny Elfman que no cae en la tentación de mimetizarse con Bernard Herrmann.
 

El reparto de ‘La mujer en la ventana’

Pero lo que de verdad destaca en La mujer en la ventana es encontrarse con un reparto lleno de intérpretes de la talla de Amy Adams, Julianne Moore, Jennifer Jason Leigh o Gary Oldman. Sin ser el mejor trabajo de Adams, la actriz estadounidense nacida en Italia, consigue transmitir todo el desorden interior de su personaje, siempre al borde del colapso en lo emocional y rayando lo excesivo en lo interpretativo. Moore y Jason Leigh aportan glamour y fascinación cinéfila, pero sus personajes aparecen poco desarrollados por designios de la trama, mientras que Oldman está desatado y acaba perjudicando la credibilidad de algunas escenas. 
 
En definitiva, La mujer en la ventana es probable que tenga una recepción crítica bastante negativa debido a sus debilidades argumentales o su constante dependencia visual de los clásicos. También es una adaptación que puede decepcionar a algunos fans de la novela original. Sin embargo, es un producto bien acabado al que merece la pena acercarse sin prejuicios para disfrutar de un buen rato sin demasiadas complicaciones.   
 

¿Qué te ha parecido la película?

La mujer en la ventana

7

Puntuación

7.0/10

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