Crítica de ‘Palabras en las paredes del baño’: La esquizofrenia en la adolescencia

Las críticas de Daniel Farriol:
Palabras en las paredes del baño
 
Palabras en las paredes del baño es una comedia dramática estadounidense dirigida por Thor Freudenthal (El diario de Greg, Percy Jackson y el mar de los monstruos). El guion está escrito por Nick Naveda (Say You Will) y se basa en la novela de igual nombre escrita por la californiana Julia Walton. Es la historia de un joven que sufre esquizofrenia paranoide e intenta lidiar con su enfermedad sin querer renunciar a una vida normal. Está protagonizada por Charlie Plummer (El asesino del nudo, Lean on Pete), Taylor Russell (Escape Room, Un momento en el tiempo (Waves)), Molly Parker (Fragmentos de una mujer, 1922), AnnaSophia Robb (Blackwood, Soul Surfer), Andy García, Walton Goggins, Devon Bostick, Beth Grant y Lobo Sebastian. La película no se ha estrenado en España en salas comerciales y nos llega a través de plataformas VOD como Amazon Prime Video, Apple TV o Google Play, desde el 29 de Enero de 2021. 

Un acercamiento a la esquizofrenia con estética juvenil

Palabras en las paredes del baño es una novela escrita por Julia Walton que funciona a modo de diario íntimo de un adolescente que padece esquizofrenia. Aborda la enfermedad con un estilo desenfadado, de apariencia superficial y poco rigurosa, pero que termina calando en el corazón del espectador. Esta adaptación a película escrita por Nick Naveda y dirigida por Thor Freudenthal obtiene idénticos resultados. Se apuesta por un aspecto visual juvenil y moderno, filtrado por el espíritu festivo que tenían las comedias y colleges movies noventeras. Eso, junto a algunas canciones pop y un montaje ágil, hacen presagiar que nos encontrarnos frente a otro coming of age de enfoque adolescente. Sin embargo, la película extrañamente funciona.
 
La historia que nos cuenta Palabras en las paredes del baño sigue a un joven durante su último año en la escuela secundaria. Su sueño es convertirse en chef y disfruta preparando platos innovadores para su madre. La esquizofrenia le provoca desde hace años constantes alucinaciones. Se ha acostumbrado a convivir con Rebecca, una joven hippie de filosofía zen, con Joaquin, un gigolo que le aconseja en temas amatorios, y con el Guardaespaldas, dispuesto a afrontar a base de golpes cualquier inconveniente que le surja al chaval. No son reales, solo están en la cabeza del protagonista, Adam. Su representación en la película puede ocasionar cierto rechazo, da la sensación de no tomarse demasiado en serio la enfermedad. En realidad, es un contrapunto humorístico indispensable para equilibrar el drama interior. Esas alucinaciones son inofensivas, se han convertido en una especie de amigos invisibles con los que puede lidiar sin problemas. El peligro acecha cuando se le aparece una niebla oscura que con una voz grave se apodera de sus pensamientos, provocándole crisis psicóticas de carácter autodestructivo.  
 

Entre la comedia romántica y el cine indie

Las crisis de Adam son cada vez más continuas, poniendo en riesgo tanto su integridad física como la de los que le rodean. Empiezan a mirarle como a un bicho raro, como a un loco. Deberá cambiar de instituto y probar un tratamiento médico experimental que le ayuda a eliminar esas alucinaciones, pero que también conllevará efectos secundarios. Todo cambia cuando conoce a Maya, una estudiante brillante que se convierte en su tutora para ayudarle a aprobar los exámenes. Cómo podrás adivinar, se enamorará de ella, sintiendo por primera vez que puede tener una vida normal. Palabras en las paredes del baño utiliza los parámetros de la comedia romántica de adolescentes para hablarnos de temas bastante más profundos de lo habitual en el género. Esa arriesgada mezcolanza entre lo superficial y lo trascendental puede desconcertar en un principio, pero finalmente logrará atraparnos y emocionarnos durante su tramo final.
 
Palabras en las paredes del baño no esconde sus armas. Por ejemplo, los protagonistas disfrutan yendo a un cine al aire libre donde se proyecta Nunca me han besado (Raja Gosnell, 1999). El tono ligero de producto mainstream no le hace renunciar a un estilo narrativo que la conecta con ese nuevo cine indie estadounidense dónde se abrazan problemáticas sociales desde una óptica formulística. Hay menos riesgo narrativo que antaño, pero se conserva el peculiar sabor a Sundance y nachos fritos. Es un estilo de cine que podríamos identificar con La (des)educación de Cameron Post (Desiree Akhavan, 2018) y otras películas similares que se hallarían en el radar de Palabras en las paredes del baño. Es cierto que a veces cae en la sensiblería telefilmera, pero en general la elude con bastante pericia. 
 

Palabras que son necesarias decir

Palabras en las paredes del baño es una película bienintencionada y con suficientes elementos de interés cómo para acercarse a ella sin reticencias. Hay un tratamiento de las enfermedades mentales impreciso y condescendiente, pero suficientemente efectivo para hacerlo entendible a todo tipo de público. No estamos ante un minucioso trabajo de introspección en la mente del enfermo como el que se efectúa en El padre (Florian Zeller, 2020). Aquí se realiza un acercamiento más epidérmico y casi frívolo, pero siempre respetuoso con el mensaje que se pretende dar. La vida te pone obstáculos que solo se pueden superar con el amor de tu familia o la gente a quién le importas. A veces hay que aprender a vivir con esas dificultades. La incertidumbre e inseguridad adolescentes se acrecientan con la esquizofrenia del protagonista, pero en definitiva la película es el reflejo de una etapa de aprendizaje dónde se forja la personalidad como adulto a través de los cambios que sufrimos.
 
En el reparto encontraremos varios nombres a destacar. El joven protagonista es el prometedor Charlie Plummer que ya sorprendió en un curioso thriller llamado El asesino del nudo (Duncan Skiles, 2018) y, en especial, en aquella maravilla del cine indie que pasó injustamente desapercibida cómo es Lean on Pete (Andrew Haigh, 2017). En Palabras en las paredes del baño vuelve a demostrar su capacidad para profundizar en personajes complejos y obtener la empatía del público. Le acompañan unas estupendas Taylor Russell, Molly Parker y AnnaSophia Robb, aunque habría que detenerse en ese pragmático sacerdote interpretado por Andy García, posiblemente el secundario con mejores líneas de guion de la película. Palabras en las paredes del baño es un buen filme para todos los públicos, fresco, sencillo y sensible. 
 

¿Qué te ha parecido la película?

Palabras en las paredes del baño

7

Puntuación

7.0/10

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