Crítica de ‘La balada de Buster Scruggs’: La vertiente aburrida de los Coen

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
La balada de Buster Scruggs
 
Joel y Ethan Coen hace mucho que dejaron de ser los niños bonitos del cine independiente americano si es que tal cosa existe; a estas alturas de su filmografía se permiten a sí mismos hacer lo que les viene en gana lo cual me parece muy bien ya que no parecen tener demasiados problemas para conseguir quien les financie sus películas ya sea en forma de productora cinematográfica al uso o de, como es el caso, plataforma televisiva de esas que, en nombre de las nuevas formas de exhibición, amenazan con acabar con el cine proyectado en pantalla grande tal y como lo conocemos.
 
Si de algo presume Netflix, que es la plataforma en cuestión, es de dar absoluta libertad creativa para sus proyectos. Imagino que la libertad en cuestión irá en proporción al prestigio del director que se embarque en el asunto. El caso es que, empeñada como está en ganarse el reconocimiento de los cinéfilos en general y de los otorgadores de premios en particular, en 2018 Netflix captó para la causa a Alfonso Cuaron que ha parido para ellos el film del año y a los Hermanos Coen que han filmado la parida del año. Para el 2019 anuncian a bombo y platillo lo nuevo de Martin Scorsese, El irlandés, que con Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci y Harvey Keitel en el reparto nos tiene salivando a todos los amantes del cine incluidos los que, como el que escribe estas líneas, siguen siendo escépticos con eso de ver un estreno en el sofá de su casa y no en la butaca de una sala de cine.
 
La balada de Buster Scruggs es el título de la película que los Coen han estrenado en Netflix tras su paso por el Festival de Venecia donde obtuvieron el premio al mejor guion. El film en cuestión, más que un largometraje, podría ser descrito como seis cortometrajes sucesivos adaptando seis relatos del Oeste pertenecientes al mismo libro. La propuesta estética de La balada de Buster Scruggs es tan impecable como irreprochable son todos los aspectos de una producción de refinado buen gusto que incluye una exquisita dirección artística, un excelente vestuario y una brillante dirección de fotografía que acompañan a un reparto con nombres tan reputados como James Franco, Liam Neeson, Tom Waits o Brendan Gleeson.
 
En principio resultaba atractiva esta elaboración de seis muestras de fusión del Western con diferentes géneros cinematográficos adquiriendo, por tanto, diferentes tonos. Western con musical en el primero, con comedia en el segundo, con drama en el tercero, con aventuras en el cuarto, con género romántico en el quinto y finalmente, con ensayo metafísico en el sexto. El problema es que no en todos cuaja la mezcla. El primero, que comparte título con la película es indudablemente el que mejor funciona protagonizado por un Tim Blake Nelson que se come la pantalla, unas canciones divertidas y un ritmo que no se volverá a ver en ninguno de los capítulos restantes. El segundo, titulado “Cerca de algodón” está protagonizado por James Franco como un improbable atracador de bancos y mantiene un buen tono en el que es reconocible el característico sarcasmo de los Coen. A partir de aquí comienza el declive.
 
“El mantenido”, protagonizado por Liam Neeson resulta aburrido hasta la extenuación con una puesta en escena excesivamente estática y una narrativa fallida. “El cañón de oro”, cuarto de los capítulos, sirve para el lucimiento de Tom Waits haciendo de buscador de oro, pero el argumento no da para tanto metraje y termina resultando largo y previsible. Largo, aunque no tan previsible, es también el quinto capítulo, “La mujer desconcertada”, con Zoe Kazan en el único rol femenino de entidad en toda la película. Finalmente el tedio llega al culmen con el aburridísimo sexto capítulo, “Los restos mortales”, plagado de una verborrea insufrible a repartir entre cinco personajes sin ninguna gracia y rematado por un final abrupto e incoherente.
 
He dejado para el final lo único que a mi juicio es verdaderamente sobresaliente en La balada de Buster Scruggs y no es otra cosa que la majestuosa y delicada banda sonora de Carter Burwell que puntúa con exquisitez cada capítulo adaptándose al tono que los Coen quieren dar a cada uno de los relatos.
 
La balada de Buster Scruggs es, en conclusión, una obra menor de los Coen que difícilmente habría encontrado acomodo en una producción que siguiera los cauces habituales de la distribución. Demasiado larga, demasiado irregular y, lo que es peor, exasperantemente aburrida. 


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Crítica de ‘La balada de Buster Scruggs’: La vertiente aburrida de los Coen
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2 comentarios sobre “Crítica de ‘La balada de Buster Scruggs’: La vertiente aburrida de los Coen

  • el 29 enero, 2019 a las 19:20
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    Sin lugar a dudas, lo mejor de los Coen es Muerte entre las flores y vista el resto de su filmografía, (salvo Fargo y para mi, A propósito de Llewyn Davis), debió dirigirla un primo suyo no acreditado. No acabo de entrar en sus películas ni en su humor.

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  • el 3 febrero, 2019 a las 11:50
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    Además de las que citas me gustan ‘Barton Fink’ y ‘Valor de ley’ También me parece muy buena película ‘El hombre que nunca estuvo allí’. Pero en general me gustan mucho más cuando no pretenden ser graciosos. Algunos engendros como ‘Crueldad intolerable’ o ‘Ave César’ son como para hacérselo mirar.

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