63 SEMINCI. La Década Prodigiosa. Crítica de ‘Reservoir Dogs’: El primer Tarantino

Las críticas de José F. Pérez Pertejo en la 63 SEMINCI: 
Reservoir Dogs 
 

En 1992, Reservoir Dogs significó el debut de uno de los directores más influyentes en el cine de todo el mundo durante las últimas décadas, uno de esos tipos incapaces de resultar indiferentes, capaz de levantar el dedo medio extendido con los demás flexionados en plena clausura del Festival de Cannes segundos antes de recibir la Palma de Oro si alguien desde el público le grita algo desagradable. Un director que presume de no haber tenido formación académica alguna y haber aprendido a hacer cine a base de ver cine en las salas y en el videoclub en el que trabajó antes de dedicarse profesionalmente al séptimo arte.

Aquella primera película, difícil de clasificar, podría encuadrarse a caballo entre el thriller y el cine negro postmoderno, aunque hoy en día diríamos que es una película de género Tarantino, tal es el prestigio y sello propio que el director ha desarrollado en nueve películas. Reservoir Dogs cuenta casi en tiempo real (flashbacks mediante) el desenlace del atraco a una joyería por parte de una banda de criminales profesionales reclutados por Joe Cabot (Lawrence Tierney) y su hijo Eddie (el malogrado Chris Penn). Los miembros de la banda, con nombres en clave, son interpretados por un reparto que hoy sería de campanillas: Harvey Keitel, Steve Buscemi, Tim Roth, Michael Madsen y el propio Tarantino en un papel menor.

La inolvidable secuencia inicial con la banda al completo desayunando, sentados en circulo en una cafetería, y con una desopilante conversación sobre las segundas intenciones en la letra de las canciones de Madonna o el deber moral de dejar propinas a las camareras sirve para que Tarantino se divierta con la colocación de la cámara filmando en círculo y presentando a los personajes, algunos de los cuales prácticamente no volverán a aparecer, de un modo muy eficaz.

El resto de la película se desarrolla en su mayor parte en el interior de un almacén abandonado que funciona a modo de escenario. La puesta en escena es marcadamente teatral con secuencias/escenas entre dos o tres personajes que se mueven y hablan como si estuvieran frente a un patio de butacas. Después de que las cosas se hayan torcido durante el atraco minuciosamente preparado, los personajes van llegando al almacén donde comenzarán los reproches y ajustes de cuentas.

La estructura del relato, que será imitada posteriormente hasta la saciedad, era realmente revolucionaria y planteaba un inteligente empleo de los flashbacks que alteraban la línea temporal creando piezas de un puzle fílmico que encajaba perfectamente en la mente del espectador. Aquella reformulación de determinados códigos narrativos que se apoyaba en golpes de efecto de guion fue filmada con la aparente sencillez con la que un videoaficionado filmaría a sus amigos en el garaje de su casa, de hecho, algo había de eso en un proyecto que comenzó con un presupuesto de 30.000 dólares y gracias a Harvey Keitel pudo ser producido con algo más de un millón. Considerada por muchos críticos como la mejor película independiente de todos los tiempos, Reservoir Dogs es un film divertido, inteligente y vibrante con momentos inolvidables como el bailecito de Michael Madsen al son de “Stuck in the Middle with You” mientras practica la cirugía de pabellón auricular o los gritos de Tim Roth desangrándose en el asiento trasero de un coche conducido por un Harvey Keitel al borde de un ataque de nervios.

Capítulo aparte merece la utilización de la música, otro de los aspectos que con el tiempo se convertirán en uno de las señas de identidad del cine tarantiniano. Una selección de canciones de los 60, 70 y 80 se completan con algún tema original del grupo Bedlam. “Hooked on a feeling” de Blue Suede, “Coconut” de Harry Nilsson o “Fool for Love” de Sandy Rogers son solo los ejemplos más populares.

Si el cine de Tarantino siempre ha sido libre, Reservoir Dogs es, sin lugar a dudas, la película más libre de todas. Con la frescura de una primera película, con el atrevimiento escribiendo y filmando de quien todavía no tiene demasiado en cuenta lo que el público o la crítica van a decir, Tarantino emplea un lenguaje escrito y visual insubordinado a cualquier norma de corrección política. De hecho, resulta difícil imaginar que en el momento actual, veintiséis años después del estreno, un director novel se atreviera a hacer referencias a “negros”, “maricones” y “camareras” con el mismo desparpajo. Yo mismo, escribiendo estas líneas, entrecomillo las palabras y tiemblo pensando que alguien me condene al ostracismo tachándome de racista, homófobo o machista sólo por escribirlas. Probablemente hayamos avanzado mucho (lo cual es maravilloso) en tolerancia, igualdad y derechos y retrocedido mucho (lo cual es peligroso) en libertades creativas y capacidad de hacer humor.

8.5

Puntuación

8.5/10

Un comentario sobre “63 SEMINCI. La Década Prodigiosa. Crítica de ‘Reservoir Dogs’: El primer Tarantino

  • el 24 octubre, 2018 a las 19:28
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    Espectacular. Hoy en día, pienso que sería un negocio, un cine de reestreno de las grandes películas que merecen ser vistas en pantalla grande. Nosotros tuvimos la suerte del vídeo 2000, BETA, VHS, DVD, BLU RAY, pero esto se ha acabado y cada vez es más difícil ver una película de finales del siglo pasado y ya no te digo de principios del siglo pasado (el abuelo Cebolleta, dixit). Somos unos privilegiados los de nuestra generación, que conocimos el amor de verdad con El hombre tranquilo, Dejad paso al mañana, Ghost, Tierras de penumbra y no con 50 sombras de Grey o Crepúsculo. Mi más sentido pésame a los Mileniales o como se diga.

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