Crítica de ‘El viaje de sus vidas’: Road movie de amor crepuscular

Crítica de ‘El viaje de sus vidas’: Road movie de amor crepuscular
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Las críticas de José F. Pérez Pertejo: El viaje de sus vidas 

Presentada a concurso en la pasada edición del Festival de Venecia (en la que el León de Oro fue para La forma del agua), se estrena por fin en las salas comerciales de nuestro país El viaje de sus vidas, un nuevo caso de película de difícil filiación nacional que, a pesar de estrenarse bajo bandera de Italia y ser (la producción así lo dice) una película italiana a todos los efectos, nada haría sospechar tal origen en los ciento doce minutos de un largometraje filmado en inglés con intérpretes angloparlantes y que se desarrolla completamente en Estados Unidos.

El director italiano Paolo Virzì que en 2013 firmó la estupenda El capital humano gran triunfadora de los premios David de Donatello de la academia italiana con siete galardones y hace un par de años, con Locas de alegría, se alzó con la Espiga de Oro de la Seminci de Valladolid y con otros cinco David de Donatello, realiza su primera película con vocación internacional y para ello se apoya en la novela “The Leisure Seeker” (título original de la película) de Michael Zadoorian y se rodea de una pareja protagonista de campanillas, los veteranos Donald Sutherland (82 años) y Helen Mirren (72) que dan vida al longevo matrimonio formado por John y Ella, una pareja que de la noche a la mañana deciden obsequiarse con unas vacaciones a bordo de su vetusta autocaravana bautizada con el sugerente nombre de “La buscadora de ocio” (The Leisure Seeker).

Él, aquejado de un deterioro cognitivo que ralla con la enfermedad de Alzheimer y ella, locuaz y charlatana pero de frágil salud, emprenden un viaje sin rutas fijas ni horarios prefijados para desesperación de sus hijos interpretados por Christian Mckay y Janel Moloney (la inolvidable Donna Moss de El Ala Oeste de la Casa Blanca) que ni saben dónde van ni por qué se han ido.

Paolo Virzí sitúa temporalmente la acción (y se encarga de subrayarlo varias veces) en el verano de 2016 durante la campaña presidencial de Donald Trump que finalmente le llevaría a finales de ese mismo año a la Casa Blanca. Con todas estas premisas: novela, intérpretes y contexto histórico, Virzì compone una road movie de amor crepuscular en torno a una de esas parejas que a pesar de saberse de memoria el uno al otro, a pesar de la multitud de agravios que echarse en cara y a pesar de la despiadada decrepitud física y mental, siguen amándose incondicionalmente y encontrando refugio únicamente el uno en el otro.

Con la misma eficacia que explota la comicidad de situaciones hilarantes, El viaje de sus vidas aprieta el lagrimal del espectador con algunos momentos (quizá) excesivamente melodramáticos; para ello, guionista y director se sirven de los vaivenes de la memoria que aquejan al protagonista y que le llevan a recordar a una alumna de treinta años atrás con la misma facilidad que a olvidar el nombre de sus hijos.

En conjunto, El viaje de sus vidas es una película complaciente y agradable de ver que encuentra su belleza en su imperfección y explora, además de lo evidente, cuestiones tan interesantes como la diferente actitud ante el hecho mismo de viajar planteado en la contraposición entre el ansia de ampliar horizontes intelectuales de John versus las más sencillas ganas de conocer y charlar con la gente de Ella; o una soterrada crítica a la explotación del turismo cultural (o al turismo de explotación cultural que puede parecer lo mismo sin serlo) a través de esa visita a la casa de Ernest Hemingway (propósito último del viaje) convertida en un auténtico parque temático para catetos.

Donald Sutherland y Hellen Mirren están sencillamente fantásticos en el derroche de humanidad con el que dotan a unos personajes cubiertos de ternura, egoísmo, celos, compasión, admiración, orgullo y, sobre todas las cosas, un amor a prueba del paso del tiempo y de la devastadora enfermedad. La película encuentra su mayor razón de ser en el naturalismo interpretativo de esta soberbia pareja de actores que consigue que las debilidades del guion no parezcan tales y algunos trucos de artificio empleados por su director puedan ser fácilmente perdonados por (la mayoría de) los espectadores que, especialmente a partir de determinada edad, puedan encontrar en esta querible pareja algún nostálgico reflejo de sus propias vidas.

7

Puntuación

7.0/10

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