Crítica de ‘El Capital Humano’: Atinado puzzle de personajes

Las críticas de José F. Pérez Pertejo: 
El Capital Humano

 

 

Con notable retraso llega a las carteleras españolas el gran éxito del cine italiano durante el año 2014, no en vano ganó 7 premios David de Donatello incluyendo el de mejor película y mejor actriz, y fue la película seleccionada por la academia de cine italiana para competir por el Óscar a la mejor película extranjera.

Paolo Virzì adapta la novela homónima del escritor estadounidense Stephen Amidon y fragmenta la película en cuatro capítulos, los tres primeros llevan por título el nombre de uno de los personajes de la película y el cuarto, titulado como la película: El Capital Humano, actúa como colofón resolviendo la trama y apostillando ciertas ideas nuevas que trascienden lo contado anteriormente.

De esta estructura podríamos deducir que estamos ante una nueva película del estilo Vidas Cruzadas o Magnolia, en las que las vidas de diferentes personajes se van entrecruzando para componer un relato cinematográfico complejo que deja cabos abiertos que se cierran a medida que avanza el metraje, y esto es verdad sólo a medias.

Las vidas de los personajes se cruzan, sí, las de los tres que dan título a los capítulos: Dino (Fabrizio Bentivoglio), Carla (Valeria Bruni Tedeschi) y Serena (Matilde Gioli) y las de otros muchos que componen una amplia galería de caracteres; pero cada uno de los capítulos tiene un discurso propio al margen del acontecimiento (el accidental atropello de un ciclista con el que comienza la película) que se supone da  ligazón a las vidas de los protagonistas.

El primero de los capítulos, Dino, sirve a Paolo Virzì para elaborar un ácido relato del origen de la crisis económica y cómo la desmedida avaricia de unos y la estúpida codicia de otros hicieron lo que hicieron con las vidas de muchas personas. En realidad este primer capítulo es el perfecto retrato de un imbécil, Dino, un ser repelente adornado de la banalidad de los nuevos ricos, zafio en las formas, baboso en el trato, egoísta y cínicamente adulador al que Fabrizio Benvoglio da vida con una interpretación hiperbólica muy del gusto del cine italiano. A mí, personalmente me resulta estomagante  y me provoca ganas de abofetearle, lo cual probablemente fuera lo pretendido.

Durante el segundo capítulo, Carla, la película cobra impulso apoyada fundamentalmente en esa gran actriz llamada Valeria Bruni Tedeschi, que a pesar de tener también algún momento de exceso interpretativo, rebaja bastante el nivel de gestos y aspavientos. Este capítulo da vida a otra de las facetas de la crisis que durante los últimos años ha puesto en entredicho el “modus vivendi” de la sociedad occidental, y no es otro que la crisis cultural encarnada en un teatro que se cierra (otro más) ante la indiferencia de políticos y banqueros. “¿Realmente es tan importante, cariño?” pregunta a Carla su marido Giovanni Bernaschi (un perfecto Fabrizio Gifuni), un tiburón de las finanzas, de esos que al más puro estilo Lehman Brothers no tuvieron escrúpulos para crear productos financieros de riesgo infinito con la promesas de ganancias escandalosas. Pero ya saben, “los mercados han demostrado ser un poco más volátiles de lo que esperábamos”. Y se quedan tan anchos.

Serena es el título del tercer capítulo y tal vez sea el personaje más humano de todos. Se trata de la hija de Dino, una joven cuya personalidad e implicación en la historia queda apenas esbozada y deliberadamente ambigua durante los dos primeros capítulos para apuntalarse con firmeza en este tercero y sobre todo en el cuarto, que como se ha dicho da resolución al film.

Paolo Virzì filma con una cámara nerviosa que se impregna de sus actores y les lleva al límite (o en algunos casos a sobrepasar ciertos límites). Este ritmo nervioso se ve acentuado por la banda sonora de Carlo Virzì (hermano del director) con ecos de Thomas Newman y por una cuidada dirección artística que contrapone perfectamente los amplios y lujosos espacios de la familia adinerada con espacios más cerrados para el resto de personajes. Virzí, conduce la película con firmeza y construye un largometraje sólido que articula con brillantez los cabos sueltos que van quedando a lo largo de la película y ofrece al espectador un film con múltiples lecturas que merece ser visto a pesar de algunas imperfecciones. 

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