Ciclo ‘El planeta de los simios’: ‘La rebelión de los simios’ (1972)

Las críticas de Óscar M.: La rebelión de los simios (1972)
 
La cuarta entrega de la saga (llamada en el inglés original Conquista del planeta de los simios, y cuya traducción se usó en España para la quinta parte) llegó sólo un año después de Huida del planeta de los simios, continuando la narración anterior, aunque situando la acción en un futuro año 1991.
 
César ha crecido y continúa bajo el cuidado de Armando (el dueño del circo que apareció al final de la tercera parte), una visita a la ciudad provocará que César se compadezca del trato que reciben sus similares e inicie la tan temida revolución simia que los enfrentará a la raza humana.
 
Tras el desastroso final del guión de la segunda parte y la habilidosa precuela (y a la vez continuación) de la tercera (paradojas temporales a parte), La rebelión de los simios muestra en pantalla lo que se contó durante su predecesora (tras la desaparición de las mascotas por un virus, el hombre adiestra a los simios) y el verdadero origen de la rebelión simia contra los humanos, con César como cabecilla de las masas.
 
Gracias a un argumento más elaborado, más continuador con la historia anterior y menos rocambolesco o ridículo (los simios vestidos como humanos de Huida del planeta de los simios eran hilarantes), la película vuelve a recuperar cierto interés del espectador, a pesar de que la historia podría ser un alargado flashback de la primera parte.
 
A nivel narrativo está demasiado anclada en los años setenta, con un extraño prólogo durante los créditos (escenas que vuelven a repetirse hacia la mitad del metraje) y excesivamente reiterativa en las órdenes que se dan por megafonía, aunque la saga da muestras de una mayor cohesión con unos cuerpos de seguridad totalmente deshumanizados y completamente vestidos de negro, y con el cambio de César de chimpancé dócil y afable a semitirano (curiosamente los chimpancés son los simios pacíficos en las anteriores entregas).
 
Interpretativamente es similar a las anteriores: las máscaras de simios no permiten que los actores bajo ellas puedan gesticular mucho (incluso se nota que algunos gorilas tienen máscaras con menos detalles), excepto Roddy McDowall (que ya ha interpretado a dos simios diferentes en tres películas), y de los secundarios humanos quizás el papel de Ricardo Montalbán es el más agradecido del guión.
 
Aunque el argumento (y el escaso presupuesto con el que contó, de ahí la única localización -un centro comercial cercano al estudio- para casi toda la trama) podría acercarlo más a una serie de televisión, La rebelión de los simios funciona como precuela de la saga cinematográfica si no se le exige mucho (es muy incoherente que los simios se estén rebelando y aún los mantengan trabajando engf el centro de control) y es curiosa de ver cuarenta años después, quedando como referente del cine de ciencia ficción de los setenta: donde se usa el género fantástico para adaptar al cine los disturbios raciales que hubo en 1965 en Estados Unidos.
 
Como enlace con la nueva saga iniciada con El origen del planeta de los simios, ésta puede considerarse un remake de La rebelión de los simios, puesto que reincide en muchos puntos similares (como la primera palabra que enseñan a los simios, que es “no”, la misma que dice el nuevo César de la nueva saga), aunque ambas historias tengan el mismo texto original común.
 
Nota: Crítica realizada para el ciclo dedicado a la saga El planeta de los simios, cuyo índice podéis encontrar aquí.

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