Especial San Valentín: Historia del beso en Hollywood (3ª Parte)

Inauguramos década con el beso bajo la lluvia. Un clásico entre los clásicos. Y de todos ellos sin duda el más famoso es aquel que compartieron Audrey Hepburn y George Peppard en 1961 en Desayuno con diamantes. Es el technicolor, la preciosa Hepburn ataviada con esa gabardina empapada, él mirándola desde el otro lado del callejón, y por fin, cuando ella encuentra a su gato sin nombre, y aun con lágrimas en los ojos, le echa los brazos al cuello y le besa boca y mejillas, mientras con sus cuerpos protegen al animal. Un coro cantando el Moon River de Henri Mancini pone banda sonora a la escena según los planos se alejan hasta que se escribe The End en la pantalla. No, no era el final que Truman Capote quería para su relato, pero a quién le importa.

Los sesenta es la década en la que apareció por primera vez en la gran pantalla el personaje de Ian Fleming, James Bond, que se popularizó en la literatura durante la década anterior. Sólo en esa década se estrenaron cinco aventuras del espía al servicio de su majestad, y en las cinco fue Sean Connery el encargado de meterse en la piel del seductor británico. No creo que haga falta recordar que esta saga, desde la primera película hasta las últimas de Daniel Craig, ha dado mil y un ejemplos de cómo besar, aunque sea en gravedad cero.

También tenemos besos inquietantes como aquel que Deborah Kerr le da al niño Martin Stephen en Los inocentes (1961), adaptación de la novela Otra vuelta de tuerca de Henry James, y donde al infanticidio hay que sumarle una extraña atracción entre la institutriz Miss Giddens y el señorito de la casa. La represión sexual, la corrupción de la inocencia y la profundidad psicológica de la historia hacen de esa escena final un beso inolvidable de la década.

En 1968 tendríamos que enfrentar  dos besos legendarios. El romanticismo nos obligaría a decantarnos por la belleza del primer amor en la perfecta adaptación que Zeffirelli hace de Romeo y Julieta. Ya sea en la escena del primer encuentro, o en la del balcón, las interpretaciones de los adolescentes Leonard Whiting y Olivia Hussey se convierten en la imagen perfecta de la esperanza, ilusión y alegría del amor de juventud. Pero por otro lado, en un género completamente distinto, encontramos a Charlton Heston besando a una mona evolucionada en El planeta de los simios. Ese instante de dubitación en el que la doctora Zira dice “de acuerdo, pero eres condenadamente feo” para después sonrojarse y esbozar una media sonrisa, añade comicidad y ternura a una cinta que está coronada como una de las mejores dentro del género de la ciencia ficción.

 
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Charlton Heston y Kim Hunter en El planeta de los simios

La década de los setenta significaría la apertura del cine a temas que llevaban años silenciados. Con Sunday Bloody Sunday (1971), el director John Schlesinger profundiza en las relaciones homosexuales, en este caso en un triángulo amoroso entre un gay, un bisexual y una heterosexual. Fue la primera película dirigida al gran público en la que se presenta un beso entre dos hombres de una manera natural y respetuosa; tras un fuerte abrazo, sus bocas se encuentran en un largo y profundo beso.

Tres años más tarde, un jovencísimo David Cronemberg dirigió Shivers, una película erótica de terror en la que aparecía un beso lésbico entre Barbara Steele y Susan Petrie, en el que la primera pasaba así a la segunda el terrorífico parásito venéreo que provoca un furor sexual que podría convertir el mundo en una orgía. No os extrañéis, eran los setenta.

Cabe hacer mención en este momento al beso de connotaciones negativas. Si bien hemos estado hablando de amor y pasiones, la tradición cristiana nos enseña también que éste puede esconder la traición, como es el caso del beso que Judas da a Cristo antes de entregarle. Por eso, no podemos dejar pasar uno de los títulos más importantes de los setenta, que tiene el más famoso beso de la muerte del cine. Me refiero, por supuesto, a la segunda parte de El padrino, la obra cumbre de Francis Ford Coppola, estrenada en 1974. Esta continuación profundiza en el papel de Michael Corleone como nuevo patriarca de la familia. La famosa escena transcurre en una fiesta de Año Nuevo en Cuba. Michael abraza a su hermano Fredo y le susurra que sabe que ha sido él quien le ha traicionado. A continuación le planta el temido beso de la muerte que indica que ha caído en desgracia con la familia.

Y si hablamos del beso de la mafia o de uno capaz de convertirte en un depredador sexual, ¿por qué no señalar al más terrorífico de todos? Ese que se esconde tras la habitación 237. Jack Torrance lo sabe bien, esa mujer desnuda que se le ofrece con los brazos abiertos, es en realidad el cadáver putrefacto de una vieja salida directamente de la retorcida mente de Stephen King en la adaptación que Kubrick hizo de su novela El resplandor.

Pero por favor, ¡es San Valentín! Regresemos a las historias de amor.

Sin casi darnos cuenta hemos llegado a los ochenta. El beso hace tiempo que dejó de ser un tabú, y por eso empieza a ser difícil seleccionar los mejores. Esta es la década en la que la mujer comienza a verse realmente independiente, y el cine la representa más fuerte y decidida. Sólo una fémina así puede dar réplica a Indiana Jones. Y es que Karen Allen en el papel de Marion Ravenwood protagoniza uno de mis besos preferidos. En El busca del arca perdida (1981), tras encontrarse seguros en el barco de Mr Katanga, Marion cura las heridas de Indi. Molesta por sus continuas quejas le pregunta dónde no le duele. Indiana señala su codo izquierdo, y ella se lo besa, luego continua con su frente, su ojo derecho y finalmente, tras señalarse los labios, sus bocas se encuentran en un beso que termina con él roncando. Podéis decir lo que queráis, pero Marion ha sido, es y será siempre la mejor chica Indi.

Es también Harrison Ford en Blade Runner (1982) quien acorrala a Sean Young, frente a una cortina de estores bajada por la que se cuela una brillante luz blanca, y la besa, primero contra su voluntad, y después consiguiendo que se entregue a sus caprichos entre susurros ahogados por la banda sonora de Vangelis.

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Harrison Ford y Sean Young en Blade Runner

En el mismo año, Steben Spielberg homenajeó el famoso beso de El hombre tranquilo (1952) en su película E.T. Bien es cierto que una jovencita Erika Eleniak no podía superar en belleza a Maureen O’Hara, ni Henry Thomas llegaría a ser nunca tan icónico como John Wayne. Pero ¿a quién no le encanta esa escena en la que Elliot utiliza la espalda de un compañero para poder llegar a los labios de la chica que le gusta?

Aun en el 82, el año que el Sida fue bautizado, una controvertida película escandalizó al pueblo americano. En Su otro amor, una mujer perdía a su marido en brazos de otro hombre. Fue la primera película que mostró un beso con lengua entre dos hombres. Y, a pesar que intentaba derribar los muros que rodeaban el tema del amor entre dos personas del mismo sexo, y de que muchos admiraron su sensibilidad y honestidad, la película no sobrevivió a su segunda semana en taquilla.

Los ochenta dieron a luz a un nuevo género; el de la comedia adolescente, en donde destaca el nombre de John Hugues. Por primera vez los quinceañeros se veían representados y comprendidos, con sus inseguridades, sus miedos y, por supuesto, sus tribulaciones sentimentales. ¿A qué pardilla no le hubiese gustado celebrar su decimosexto cumpleaños a solas con el chico que le gusta, el más popular del instituto, y que resulta que está loco por ella? ¿O haber besado al más malo de clase tras un sábado de castigo? Los besos de las películas de Molly Ringwald eran los primeros besos que deseaba cualquier chica de la década al igual que todo chico fantaseaba con que Phoebe Cates se quitara su bikini rojo delante de él antes de besarle, como lo hacía en Aquel “excitante” curso (1982).

Si saltamos un par de años hasta 1887 llegamos a ese beso que, en palabras de Peter Falk, superaba en pasión y pureza a los cinco mejores de la historia. Buttercup y Westley por fin vencen todo impedimento que les mantiene separados y se marchan cabalgando en un corcel blanco. La princesa prometida es el cuento que demuestra que a todos los niños, sean chico o chica, les gusta un final feliz.

Y cuando esos niños crecen, la princesa se convierte en una prostituta de Hollywood Boulevard con la cara de Julia Roberts, y el caballero en un empresario millonario. Damos la bienvenida a los noventa con Pretty Woman. No hay duda de que, en cuanto la sexualidad se volvió algo natural en las pantallas, lo grandes besos que suplían otras maneras de expresar la pasión, fueron perdiendo fuerza. Así que mientras algunas soñaban con ser meretrices por un día para que un millonario Richard Gere las rescatara de una escalera de incendios, otros imitábamos a Reese Witherspoon en Verano en Louisiana (1991), o a Anna Chlumsky y Macaulay Culkin en Mi chica y aprendíamos a besar con nuestro brazo.

Especial San Valentín: Historia del beso en Hollywood (3ª Parte)
Anna Chlumsky y Macaulay Culkin en Mi chica

He pasado por alto los besos dentro del mundo de la animación– grave por por mi parte-. Sirva como compensación el romántico final de Pesadilla antes de Navidad (1993) en el que Sally muñeca de trapo y Jack Skellington se funden en un beso sobre una colina helada y con una luna enorme como único testigo, y la promesa de un amor eterno. “Porque ya sé que tú eres para mí y yo soy para ti”. Tenemos más besos bajo la lluvia como el del Cuatro bodas y un funeral (1994), otros dolorosos y llenos de culpa como aquellos entre Brad Pitt y Julia Ormond en Leyendas de pasión (1994), y algunos otros tan tiernos como el primer amor -no me poerdonaría no mencionar a Celine (Julie Delpy) y a Jesse (Ethan Hawke) en esa película que se convertiría en trilogía, Antes del amanecer (1995).

Pero los noventa sienten cierta atracción por el beso lésbico. No nos equivoquemos, no nos estamos refiriendo a romper barreras en favor del colectivo homosexual. Los besos entre chicas en esta década, responden a la fantasía sexual de muchos (y muchas ¡ojo!). Estás protagonistas experimentan, pero nada más. Buenos ejemplos de ello son películas como El abrazo del vampiro (1995), el thriller ¿erótico? Juegos salvajes (1998), o el beso de Sarah Michelle Gellar y Selma Blair en Crueles intenciones (1999), una flojísima versión adolescente de Las amistades peligrosas. Olvidemos otros que causan vergüenza ajena; aun no me he recuperado del beso de la película de 1998 ¿Conoces a Joe Black? (ni del resto de la película a decir verdad), y coronemos como beso más caliente de la década el de Tom Cruise y Nicole Kidman frente al espejo en Eyes Wide Shut (1999).

Especial San Valentín: Historia del beso en Hollywood (3ª Parte)
Nicole Kidman y Tom Cruise en Eyes Wide Shut
 

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(Podéis leer la primera parte de este especial aquí)
(Podéis leer la segunda parte de este especial aquí)
 

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