Especial San Valentín: Historia del beso en Hollywood (4ª Parte)

¿Quién dice que los buenos chicos no besan bien? Hemos llegado al nuevo milenio y Colin Firth nos demuestra que la primeras impresiones no siempre son fiables. En la adaptación de la novela de Helen Fielding, El diario de Bridget Jones, basada a su vez en la obra de Jane Austen, Orgullo y prejuicio, Renee Zellweger, ataviada solamente por su ropa interior, una chaqueta de punto y unas zapatillas corre bajo la nieve del frío Londres para recuperar al hombre que lleva evitando un año. Si ser una solterona con alcoholismo significa terminar siendo besada por un señor Darcy que te abraza y acoge bajo su abrigo, mientras de fondo suena Van Morrison ¡firmo! 

Sin embargo, sigue sin ser un beso mágico, al menos no uno que pueda transformarte de princesa a monstruo en lo que tarda en ponerse el sol. La vuelta de tuerca que daba Shrek (2001) a los cuentos clásicos, supuso para DreamWorks Animation su primer Oscar a la mejor película de animación. Y es que ver a  una digitalizada Cameron Diaz besando a un ogro es una refrescante versión del “vivieron felices y comieron perdices” que llega a esperanzar hasta a los menos agraciados.

No entiendo cómo alguien puede encontrar atractivo  a Tobey Maguire, pero si la primera década del nuevo siglo necesitase un beso que la representara, este sería sin lugar a dudas el de Kirsten Dunst retirando hasta la mitad la máscara de Spiderman (2002) mientras éste cuelga boca bajo de una escalera de incendios. Homenajeado y parodiado, es posible que en diez años sea de lo poco que recordemos de esa trilogía. 

 
Especial San Valentín: Historia del beso en Hollywood (4ª Parte)
Tobey Maguire y Kirsten Dunst en Spiderman

Si hablamos de besos románticos, debemos hacer un sitio a ese que llevó a Ada Monroe (Nicole Kidman) a esperar durante años a Inman (Jude Law) en Cold Mountain (2003). Tanto en ella, como en Expiación (2007), ese primer beso sirve de promesa para sobrellevar la brutalidad de la guerra. Sin más prueba de amor, el protagonista lucha contra la locura que produce la crueldad humana, con la esperanza de volver a ese momento de felicidad completa.

El dramaturgo francés Paul Géraldy dijo una vez que el beso más difícil no era el primero sino el último. Si pienso en esa cita, no puedo evitar recordar el final de Lost in Translation, la película que encumbró a Sofia Coppola. Los personajes que interpretan Bill Murray y Scarlett Johansson pasan dos días juntos en Tokio donde se sienten perdidos, no sólo por el idioma, sino también por el sinsentido al que han llegado sus vidas. Ese beso esconde más desesperación por agarrarse a esa única persona que parece comprenderte que un verdadero deseo de amor, e inevitablemente les lleva a la despedida. Lágrimas aseguradas.

A lo largo de las décadas anteriores hemos comprobado que la censura sólo trae una cosa buena, y ésta es la rebeldía por vencerla. Si ahora podemos tratar la sexualidad con un mínimo de normalidad, lo cierto es que cuanto más controvertido sea el tema, más se buscará el impacto en el espectador. El  2000 trajo consigo infinidad de besos entre hombres, pero la mayoría de ellos se limitaban a explotar la comicidad de la masculinidad atacada, como es el caso del beso entre Jason Biggs y Seann William Scott en American Pie 2. Sin embargo, en 2005, el director Ang Lee llevó a la gran pantalla Brokeback Mountain, la adaptación de un relato de Annie Proulx que gira en torno a la relación sentimental entre dos vaqueros. Al film no le faltaron críticas que lo acusaban de ser demasiado explícito, y llegó a ser prohibido en China por su temática homosexual, pero nadie puede negar que encierra en sus besos una pasión que no se veía en años en el cine, tan es así que el fallecido Heath Ledger por poco le rompe la nariz a Jake Gyllenhaal en uno de ellos. Aun recuerdo como las señoras sentadas en las butacas vecinas a la mía se llevaban las manos a la cabeza, y no obstante, cuando tres años después se estrenó Mi nombre es Harvey Milk, las sensibilidades se habían suavizado y lo que antes parecía impensable, ahora se veía con total normalidad. El cine es una herramienta tan directa a la hora de remover consciencias, que en este caso incluso ayudó a entender un poco mejor el amor. 

 
Jake Gyllenhaal y Heath Ledger en Brokeback Mountain

Entre sagas de Crepúsculo y demás películas adolescentes cubrimos los últimos premios MTV al mejor beso de cine, y poco a poco la década llega a su fin. Atrás se quedan otros más valiosos como la escena del trigal en Match Point (2005), en la que Jonathan Rhys Meyer y Scarlett Johansson se pegan un repaso de lo más sexy bajo la tormenta, aquel espontáneo entre fotocopia y fotocopia en 500 días juntos (2009).

Si un beso va acompañado de una sensación de peligro, las mariposas en el estómago se multiplican por un millar. Esa es la sensación que se te queda cuando visionas por primera vez la escena del ascensor en Drive (2011). Esa especie de burbuja que se forma alrededor del conductor (Ryan Gosling) e Irene (Carey Mulligan), tan espontánea como inapropiada, rompe de repente con el ritmo vertiginoso del resto de la cinta, haciendo de ese lugar claustrofóbico un espacio alternativo al real donde la delicadeza toma el lugar de la violencia que le precede e, inevitablemente, le continua.

Con otra clase de atmósfera mágica, la que siempre nos regalan las películas de Wes Anderson, y sumándole el encanto de estar presenciando un primer beso real, Moonrise Kingdom (2012) mostraba a sus protagonistas, un niño y una niña de doce años que deciden escaparse juntos, besándose en ropa interior…¡Y con lengua! Aunque Anderson nunca dudó de la inocencia del momento, fue retrasando tanto el rodaje de esa escena que finalmente se grabó el último día sin ensayos previos. Cuando se les preguntó a los actores, Jard Gilman y Kara Hayward, si habían sentido algo especial, se extrañaron y respondieron que no entendían la pregunta. Qué mente tan sucia tenemos los adultos…

Termino este repaso, que no hace justicia a todos los momentos románticos que nos ha regalado Hollywood en más de un siglo, con el beso entre Jennifer Lawrence y Bradley Cooper en El lado bueno de las cosas. Un beso de final feliz de lo más clásico, pero en el que la cámara gira alrededor de la pareja mientras que la ciudad nevada y somnolienta se difumina al fondo. Porque al fin y al cabo eso es lo que esperamos siempre, que un beso sea capaz de marearnos hasta que olvidemos donde estamos. Os deseo uno así cada día, pero si aun están por llegar…bueno, siempre nos quedan las películas. Feliz día de los enamorados a todos.

 
Especial San Valentín: Historia del beso en Hollywood (4ª Parte)
Jennifer Lawrence y Bradley Cooper en El lado bueno de las cosas

(Podéis leer la primera parte de este especial aquí)
(Podéis leer la segunda parte de este especial aquí)
(Podéis leer la tercera parte de este especial aquí)

 

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