viernes, febrero 13, 2026

Crítica de ‘Una ballena’: Alienación, mortalidad y mitología

Las críticas de Daniel Farriol
Una ballena

Una ballena es un thriller español con elementos de ciencia-ficción y neo-noir que está escrito y dirigido por Pablo Hernando (Cabás, Berserker). La historia sigue a Ingrid, una asesina a sueldo que cuando aprieta el gatillo, sus víctimas no saben quién les ha disparado. Su habilidad para infiltrarse y desaparecer sin dejar rastro la convierte en una ejecutora despiadada. Pero ese poder viene de otro mundo, un lugar habitado por criaturas monstruosas, de las que cada vez emerge menos humana.

Está protagonizada por Ingrid García-Jonsson, Ramón Barea, Kepa Errasti, Óscar Pastor, Íñigo de la Iglesia, David Pareja, Iñake Irastorza y Paolo Sassanelli. Tras su presentación en España dentro de la programación del Festival de Sitges 2024, se ha estrenado el 28 de marzo de 2025 de la mano de Elástica Films.

Una ballena

La alienación social en el cine de Pablo Hernando

Estaba claro que viniendo de las manos del vitoriano Pablo Hernando, Una ballena no iba a ser un thriller típico sobre una asesina a sueldo. El autor de Cabás (2012) o Berserker (2015) incide nuevamente en esos universos que combinan lo cotidiano con lo surrealista. El director forma parte de una generación de cineastas independientes, junto a Juan Cavestany, Julián Génisson o el primer Carlos Vermut, entre otros, que experimentaron al margen de la industria en producciones low-cost con obras que tenían su punto de fuga en lo absurdo de la existencia sin perder de vista un apego a lo extraño y a un peculiar sentido del humor.

En Cabàs, Hernando relataba una ruptura sentimental a través de la putrefacción psicológica que sufría alguien que no superaba su soledad sobrevenida; en Berserker nos planteaba una historia detectivesca contada fuera de campo y con espíritu de Serie B sobre el origen de las psicosis; y en su marciano episodio de Esa sensación (2016) arriesgaba contando la historia de una mujer que desarrollaba una extraña parafilia al sentirse atraída sexualmente por objetos y monumentos, algo que imitaría posteriormente la trama de Jumbo (Zoé Wittock, 2020). Todas las películas del director, con mucho humor y devoción por el cine de género, en realidad tratan sobre la alienación y el aislamiento social. Una ballena, también.

En esta ocasión, Hernando se siente fascinado por el aura misteriosa de Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) y transforma su relato de ciencia-ficción en una suerte imposible de polar francés ambientado en una ciudad portuaria. Sin embargo, pese a todas las virtudes que hallaremos en la puesta en escena, su ritmo moroso y una sensación de pretenciosidad constante, impiden que la experiencia del espectador sea plenamente satisfactoria.

Un océano de ambigüedad

Lo mejor de Una ballena es su tratamiento visual y sonoro. La fotografía de tonos azules recreada por Sara Gallego aporta un misticismo entre apesadumbrado y romántico que viene bien para el desarrollo de una atmósfera mortecina que define el periplo psicológico de los personajes. La vida y la muerte confluyen en un mismo océano y se confunden entre sus aguas. Hay secuencias de gran plasticidad visual que otorgan una presencia cinematográfica imponente, aunque muchas veces sea para dotarla de una solemnidad que no siempre se corresponde con la profundidad real de la historia. En el reparto destaca, como siempre, la presencia de un estelar Ramón Barea (premio al Mejor Actor en Isla Calavera) y de una enigmática Ingrid García-Jonsson, a la que, a mi parecer, siempre le sientan mejor los papeles dramáticos que los cómicos.

Una ballena no es una película accesible para cualquier espectador, el director no se lo pone fácil, con pocos diálogos, muchas referencias metafóricas y un desarrollo explicativo insuficiente para explicar todas las cosas sobrenaturales que acontecen. No es algo nuevo, es su forma de narrar y en las películas antes citadas ya jugaba con la ambigüedad de una información sesgada para provocar que sea el espectador quién recorra los senderos más recónditos ocultos en la trama. 

Experiencia inmersiva bajo los códigos del noir y del cine fantástico

Porque sí, además de ser un estilizado neo-noir, Una ballena es también un cuento sobre la soledad, la identidad, la inmortalidad y las tinieblas que todos llevamos dentro, utilizando códigos del fantástico y elementos del folclore marino para darle sentido a su abstracción narrativa. Tampoco quiero desvelar mucho más de la trama para no estropear la experiencia inmersiva que propone la película donde el sonido juega una parte fundamental.

Una ballena es una película tan enigmática que requiere más de un visionado para completarla. Es de las que crece en el recuerdo y probablemente resulte más fascinante durante un segundo visionado, entendiendo de antemano los códigos que nos propone y superado nuestro desconcierto ante su (consciente) hermetismo. Una rara avis de nuestro cine deudora del fatalismo de Jean-Pierre Melville en El silencio de un hombre (1967) que también abraza el oscurantismo de Carlos Vermut en Magical Girl (2014), pero sobre todo es un remake apócrifo de Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013) servido a modo de fantasía mitológica bañada en grasa y sangre para reflexionar sobre el proceso de deshumanización en nuestra sociedad.


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Una ballena

6.9

Puntuación

6.9/10

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