Crítica de ‘Smile’: Sonrisas que matan

Las críticas de Daniel Farriol:
Smile

Smile es un filme estadounidense de terror que está escrito y dirigido por Parker Finn. La historia sigue a una doctora que tras presenciar un incidente extraño y traumático que involucra al suicidio de una paciente, comienza a experimentar sucesos aterradores similares a los que ella le contó y que no puede explicar de una manera racional o científica. A medida que un terror abrumador comienza a apoderarse de su vida, la mujer debe enfrentar su inquietante pasado para poder sobrevivir y escapar de su nueva y horrible realidad.

Está protagonizada por Sosie Bacon (Wyrm, Las chicas de Manson), Jessie T. Usher (El banquero, Ride), Kyle Gallner (Interrogation, Cena en América), Caitlin Stasey (Class of ’07, Kindred Spirits), Kal Penn, Rob Morgan, Judy Reyes y Gillian Zinser. La película se estrenó en España el día 30 de Septiembre de 2022 de la mano de Paramount Pictures y puede verse en Movistar+ desde el 22 de Diciembre de 2022.

Del corto al largo

Smile, sin duda alguna, ha sido una de las películas-sensación de este año 2022 en cuanto al cine de terror se refiere y que, además, ha contado con una de las campañas publicitarias más inteligentes vistas en los últimos tiempos (me refiero a los teasers, la cartelería, la información en redes sociales o la presencia de una «actriz sonriente» durante un partido de la NFL, por ejemplo). Detrás de todo eso se encuentra el desconocido Parker Finn que debuta satisfactoriamente en el mundo del largometraje con un proyecto donde amplifica la misma idea que proponía en uno de sus cortos Laura Hasn’t Slept (2020), una pequeña historia situada durante una sesión de terapia que acababa de forma espeluznante (es el mismo detonante que se utiliza como punto de partida para la película).

Sin embargo, Smile expande el universo del corto a través del personaje de Rose Cotter (Sosie Bacon), una psicóloga que experimentará en sus propias carnes los hechos inexplicables que le cuenta la paciente enloquecida. De ese modo, el filme nos explica una maldición que se transmite a través del trauma. Rose no podrá evitar que su paciente Laura Weaver (Caitlin Stasey) se suicide delante suyo y eso conectará sus emociones secretas con un pasado propio igualmente traumático que está relacionado con el suicidio de su madre. Al experimentar las mismas sensaciones y alucinaciones que le había contado Laura justo antes de cortarse el cuello, iniciará una investigación junto a su ex novio policía, Joel (Kyle Gallner), que revelará una cadena de sucesos parecidos que relacionan las muertes de muchas otras personas. La particularidad común más inquietante es que en el momento de morir todos los suicidas están sonriendo.

¿Un caramelo envenenado contra el terror elevado?

Smile tiene una premisa tan sencilla como efectiva que hereda del J-horror aquellas maldiciones en cadena al estilo de Ringu (Hideo Nakata, 1998) o Llamada perdida (Takashi Miike, 2003), pero con un tono existencialista de la enfermedad que recuerda más a Cure (Kiyoshi Kurosawa, 1997). En esta ocasión no son los aparatos tecnológicos los que propagan la muerte ni tampoco es a través de los encuentros sexuales de It Follows (David Robert Mitchell, 2014), sino que en la película de Parker Finn se propone una sarcástica vuelta de tuerca a la epidemia de tristeza contemporánea de She Dies Tomorrow (Amy Seimetz, 2020).

No sé si existe una intencionalidad real por parte del director, pero Smile se asemeja al reverso envenenado de aquella propuesta de terror elevado (el llanto se transforma aquí en risa) para regresar al género a la fisicidad terrenal de antaño, tal y como parece indicar la predilección por utilizar efectos visuales artesanales en lugar de imágenes CGI o esa festiva canción de los años 50, «Lollipop» interpretada por The Chordettes, con la que se cierran los créditos finales a modo de ruptura emocional con las imágenes. Se diría que la película propone una especie de regreso a los orígenes de un terror puro sin cabida para ínfulas sociales condicionantes.

Lo que sí ha manifestado Parker Finn en varias entrevistas es que sus mayores influencias para la realización de la película fueron La semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968) y Safe (Todd Haynes, 1995). En ambas se muestra el proceso de descomposición mental de una mujer en un entorno hostil, algo que también retrata Smile a través del personaje de la psicóloga contagiada que acaba aislándose de todos, sintiéndose incomprendida y sin recibir ningún tipo de ayuda por parte del novio, sus familiares, ni las propias instituciones para las que trabaja. La decadencia de la mujer interpretada por Sosie Bacon se subraya a través de una demacración física como reflejo de la luz de gas social que padece y que sirve para elaborar un retrato certero de la soledad a la que se enfrentan los enfermos mentales.

No sonría, por favor

El terror de Smile se basa en un concepto muy simple como es un monstruo que se alimenta de nuestros traumas, una fuerza sobrenatural que se hace fuerte a través de nuestras debilidades. La única manera de acabar con la maldición es coherente y recuerda a algunas de las películas japonesas antes citadas, lo que también sirve para situar al contagiado ante una disyuntiva moral que interpela directamente al espectador sobre qué haría en su lugar. Pero lo verdaderamente perturbador de la película es retratar un momento de presunta felicidad en el momento de la muerte, ver una sonrisa impostada en la persona que se está cortando el cuello o suicidándose de cualquier otra forma es un contraste inquietante. Así que, sin necesidad de grandes alardes visuales, una mera sonrisa puede llegar a helarnos la sangre.

Smile es una película pequeña y de bajo presupuesto que funciona bien en la creación de atmósferas durante esa investigación central aunque es cierto que a menudo abusa de los sustos gratuitos o de diálogos demasiado explicativos que ralentizan la acción principal. La trama no termina por decantarse nunca entre la descripción realista de los síntomas de la depresión o el aspecto sobrenatural que acecha la mente de los enfermos.

La confrontación final en la cabaña también resulta satisfactoria y aterradora, el monstruo es muy creepypasta, si bien me hubiera gustado una mayor dedicación a la construcción de una mitología entorno a su origen y existencia para otorgarle una entidad perdurable dentro del género. Smile es un filme que gustará a los fans del terror clásico y que te proporcionará pesadillas cada vez que te cruces con alguien que te ofrezca una de esas sonrisas forzadas o de compromiso, algo bastante habitual durante nuestra interacción social en un mundo lleno de falsas apariencias y sonrisas que matan.


¿Qué te ha parecido la película?

Smile

7.7

Puntuación

7.7/10

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