Crítica de ‘Fiebre cerebral’: La paradoja de una epidemia lingüística

Las críticas de Daniel Farriol:
Fiebre cerebral

Fiebre cerebral (Sicak kafa / Hot Skull) es una serie turca que está creada y dirigida por Mert Baykal (Fi, Kardesim Benim), adaptando la novela homónima de ciencia-ficción escrita por Afsin Kum. La historia nos plantea un futuro distópico que ha sido sacudido por una extraña epidemia que se propaga a través del lenguaje y el habla para volver locos a los que se contagian. Solo hay una persona que parece inmune a esta enfermedad y puede tener la clave para salvar a la humanidad, pero una institución gubernamental Anti-Epidemia parece tener otros planes para controlar a la población.

Está protagonizada por Osman Sonant (Leyla and Mecnun, Stiletto Vendetta), Hazal Subasi (Halka, Çukur), Sevket Çoruh (Dance with the Jackals, Borrowed Bride), Sebnem Hassanisoughi (Andropausia, Metot), Hulya Koseoglu, Uzay Gökhan Irmak, Güney Coska, Emre Yildizlar, Arda Aranat y Gonca Vuslateri. La serie se ha estrenado en España en Netflix el día 2 de Diciembre de 2022.

Ciencia-ficción realista con poso de crítica social

La serie Fiebre cerebral plantea un curioso cruce entre drama social y ciencia-ficción que se aleja bastante del estilo telenovelesco que tienen las ficciones turcas que suelen estrenarse en nuestro país. Mert Baykal adapta aquí una novela de Afsin Kum sobre un futuro distópico donde la población vive asolada por una extraña epidemia de locura que se transmite a través del lenguaje verbal. Estambul se convierte, entonces, en una ciudad fantasmagórica que se encuentra dividida por zonas sitiadas mediante fronteras vigiladas militarmente para separar a los contagiados o «desvariados» que es el nombre que se utiliza para denominarlos.

En realidad, se trata de personas zombificadas que mantienen una presencia física normal y no son violentos, pero que han perdido toda conciencia de quiénes son mientras farfullan frases sin sentido. Cualquiera que se exponga a escucharlos durante unos pocos segundos se contagia de inmediato, por eso todos los ciudadanos deben desplazarse por las calles portando auriculares con aislamiento acústico. Al parecer, solo hay una persona inmune, Murat Siyavus (Osman Sonant), un lingüista que vive con su madre y que, tras haberse sometido a un tratamiento experimental, no se contagia, tan solo sufre fiebre alta y dolor de cabeza acompañados de unas perturbadoras alucinaciones.

La serie sigue los parámetros habituales de la ciencia-ficción distópica, pero manteniendo una ambientación escénica que podría situar la acción en el presente para no renunciar así al realismo y a la crítica social que se convertirán en el verdadero eje narrativo de la historia.

Un presente orwelliano

Murat es un hombre sin esperanza ni ilusión que vive el privilegio de no poder contagiarse como una maldición. En realidad, le corroe el sentimiento de culpa por el suicidio de su mujer. Todo cambiará para él cuando conozca de manera fortuita a una misteriosa joven a la que ve sentada en una parada de autobuses esperando un autobús que nunca pasará. Ella es Sule (Hazal Subasi) y no está allí por casualidad, aunque eso él lo descubrirá más tarde, ya que la chica pertenece a un grupo de activistas que se enfrenta a las instituciones gubernamentales que provocaron una masacre de inocentes y que ahora utilizan la epidemia como mera excusa para declarar de facto un estadio de sitio que controla los movimientos de la población.

Fiebre cerebral puede verse como una historia de política-ficción orwelliana que traslada a nuestra memoria aquellos meses de confinamiento por Covid-19 y que, en especial, busca trazar una paralelismo con la opresión que sufren los pueblos por parte de dirigentes extremistas y/o dictatoriales. Hay evidentes referencias a los movimientos populares de la Primavera Árabe o a la respuesta ciudadana que sirvió para repeler el intento de golpe de estado del año 2016 en Turquía (la secuencia del rosal), son situaciones que en la actualidad tienen su propio eco con las protestas y manifestaciones por la muerte de Mahsa Amini que se están llevando a cabo en Irán. Así pues, como decíamos antes, estamos ante una serie de entretenimiento que utiliza la ciencia-ficción distópica para ofrecer un contexto mucho más profundo de crítica social.

La ambigüedad moral de los personajes

Tengo que reconocer que me ha costado entrar en el universo propuesto por Fiebre cerebral, pero al final me ha convencido. Es necesario tener paciencia porque los capítulos son excesivamente largos, algunos duran más de una hora, y el ritmo tampoco es que sea trepidante. Las escenas de suspense o acción se intercalan con otras de diálogo que ralentizan la trama y a menudo pueden parecernos reiterativas. También hay multitud de personajes, lo que complica la narración, por suerte la mayoría tienen rasgos de caracterización que los hacen atractivos. Algunos pueden recordarnos a otras ficciones posapocalípticas o incluso películas de otros géneros, por ejemplo, el hombre que contagió al protagonista, Haluk, posee un aura místico-perversa que casi emparenta su presencia a la de Hannibal Lecter (su celda de cristal, su mirada, su canibalismo verbal…). Otros, en cambio, parecerán extraídos de una novela policíaca o de cine negro.

Murat es alguien perseguido y requerido por todos, buenos y malos. Ahí entra otro personaje importante como es Anton (Sevket Çoruh), un policía de la IAE que vive obsesionado con atraparlo. Sus motivaciones son personales y van más allá de los designios de la organización para la que trabaja, ya que considera al fugitivo la única opción real de encontrar una cura a la enfermedad y salvar así a su mujer e hijo a los que tiene recluidos en secreto. De ese modo, se plantea una interesante ambigüedad moral en la mayoría de los personajes que tomarán por el camino decisiones particulares que pueden afectar a un colectivo mayor, algo que también vemos en la facción más violenta de los activistas.

Y es que uno de los temas principales de la serie es mantener la esperanza en el ser humano. Durante los primeros capítulos vemos que las personas no contagiadas están, sin embargo, atrapadas entre el horror del pasado reciente y la desesperación por un futuro incierto. La vida que llevan es gris, monótona, triste, sin salida. Murat será el encargado de convertirse, muy a su pesar, en el líder que necesitan para darles esperanza. Además de ser inmune el tratamiento que recibió parece haber potenciado su inteligencia y su memoria eidética, cosas que le serán bastante útiles, aunque también deberá acostumbrarse a padecer algunas terroríficas pesadillas alucinatorias rodadas con un surrealismo visual bastante llamativo.

Paradojas poco silenciosas

Fiebre cerebral es una serie interesante que plantea un futuro reconocible a través de la original idea de una epidemia lingüística. Es una paradoja el plantear esto precisamente en una época en que mucha gente considera necesario expresar opiniones sobre todos los temas, en especial en las redes sociales, con una verborrea insultante o autoritaria que pretende anular cualquier tipo de contraréplica o posible divergencia. Las opiniones se han convertido en verdades absolutas. Por eso me resulta tan gracioso que en la serie se plantee la charlatanería como forma de transmisión de la locura (o estupidez si entendemos a ésta como una total ausencia de raciocinio). Otra paradoja casi metafórica es colocar precisamente como héroe salvador de la humanidad a un lingüista, es decir, alguien que puede protegernos del mal uso del lenguaje.

Utilizar auriculares para que nos aíslen de los demás para protegernos del contagio lo veo como una tercera paradoja, ya que la incomunicación es una constante en nuestras relaciones actuales. Menos acertado me parece el uso del sonido en la serie. En ningún momento se aprovecha para la puesta en escena esa «desconexión» acústica que requieren los personajes y de la que tan buen uso hicieron en Sound of Metal (Darius Marder, 2019), creo que algo así hubiera servido para enriquecer la narrativa o darle un enfoque distintivo respecto a otras ficciones apocalípticas, por contra, aquí no sucede como en Un lugar tranquilo (John Krasinski, 2019), y la música y el sonido permanecen constantes en una serie cuyos personajes deberían estar acostumbrados al silencio.

En definitiva, Fiebre cerebral es una serie turca que sorprende por un planteamiento que se sale de lo habitual, aunque tengo que advertir que esta temporada solo será el principio y que no llega a consumarse ni la esperada batalla final ni tampoco se dan respuesta a los interrogantes acerca del origen de la epidemia ni su posible cura. Además, el cliffhanger final parece querer complicar más las cosas entre la pareja protagonista que sigue albergando secretos imprevistos.

 

Listado de episodios de ‘Fiebre cerebral’

La primera temporada de la serie turca Fiebre cerebral (Sicak kafa / Hot Skull) está compuesta por 8 episodios de entre 59 y 71 minutos de duración cada uno.

Episodio 1 – Galanthus byzantinus

Tras un incidente en un supermercado, Murat llama la atención de Anton y se ve obligado a abandonar su escondite para buscar a un amigo dado por muerto.

Episodio 2 – Gato, caja, embudo

Anton escucha las grabaciones de Murat. Con la IAE pisándole los talones, Murat debe encontrar una manera de entrar en la Zona 6. Anton tiene un secreto.

Episodio 3 – La Zona 6

Murat recuerda su pasado en la Zona 6. Sule, convencida de la inmunidad de Murat, le presenta a los investigadores de Más 1. Las píldoras azules proporcionan una pista.

Episodio 4 – Fiebre alta

Anton busca a Murat y debe enfrentarse a Canan. Surgen conflictos entre los miembros de Más 1. Yasemin juega con Murat. Fazil decide castigar a Canan.

Episodio 5 – Ya ha amanecido, el escorpión ha muerto

Anton intenta ir por libre, pero Fazil le obliga a colaborar con él. Özgür rememora el día del incendio. Murat se enfrenta a un dilema moral y llega el encargo de Viktor.

Episodio 6 – A las 18:47

Fazil arresta a Emel, Anton intenta contactar con Murat, y Sule debe descifrar un mensaje. Murat, afectado por su reencuentro con Haluk, idea un arriesgado plan.

Episodio 7 – Rosal y espina

La IAE refuerza la seguridad. Murat y Sule tratan de impedir el ataque. Murat negocia con Fazil. Llega el día más decisivo para todos, pero Fazil tiene su propio plan.

Episodio 8 – Mi nombre da igual

La explosión provoca la caza de los responsables. Murat cuestiona su conexión con Haluk. Tras una tragedia, Murat toma una valiente decisión, pero no abandona a nadie.


¿Qué te ha parecido la serie?

Fiebre cerebral

6.6

Puntuación

6.6/10

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